Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

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Cuando todos me culpan y lo perdí todo

1 Samuel 30:6: David se esforzó en Jehová su Dios

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: 1 Samuel 30:1-6 RV1909

Tienes cuarenta y cinco años, eres peruana y hace cuatro abriste en Montreal una pequeña empresa de limpieza de oficinas de noche. Convenciste a tu hermano y a dos primos de venirse de Lima con sus familias, y entre todos pusieron sus ahorros en la camioneta y las máquinas. Hace un mes desapareció dinero de una de las oficinas que limpiaban; nunca se probó nada, pero el edificio canceló el contrato, que era casi todo el trabajo. Ahora no alcanza para el alquiler del depósito ni para los sueldos completos. En la última reunión familiar tu primo dijo: “Tú nos trajiste a esto”, y tu cuñada dejó de saludarte. Esta noche limpias sola un consultorio, el único cliente que queda, y lloras apoyada en el trapeador sin saber a quién acudir.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, aunque haya sido tan duro; gracias por el techo, por el trabajo que queda y por los míos, aunque hoy estemos lejos unos de otros. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos la empresa, las deudas, las palabras de mi primo y la culpa que cargo. Que se haga tu voluntad y no la mía. Esta noche me esfuerzo en ti; dame descanso, humildad para reconciliarme con mi familia y valor para levantarme mañana y dar el siguiente paso. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Y CUANDO David y los suyos vinieron á Siclag al tercer día, los de Amalec habían invadido el mediodía y á Siclag, y habían desolado á Siclag, y puéstola á fuego. 2Y habíanse llevado cautivas á las mujeres que estaban en ella, desde el menor hasta el mayor; mas á nadie habían muerto, sino llevado, é ídose su camino. 3Vino pues David con los suyos á la ciudad, y he aquí que estaba quemada á fuego, y sus mujeres y sus hijos é hijas llevadas cautivas. 4Entonces David y la gente que con él estaba, alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar. 5Las dos mujeres de David, Ahinoam Jezreelita y Abigail la que fué mujer de Nabal del Carmelo, también eran cautivas. 6Y David fué muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios.

    1 Samuel 30:1-6 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    David y sus seiscientos hombres vivían en Siclag, una ciudad en tierra de filisteos, con sus familias. Un día volvieron de una campaña y encontraron la ciudad quemada: los amalecitas se habían llevado a las mujeres y a los niños. La Biblia no maquilla el golpe: «Entonces David y la gente que con él estaba, alzaron su voz y lloraron, hasta que les faltaron las fuerzas para llorar.» David también lo había perdido todo; sus dos esposas estaban entre los cautivos. Y en medio de su propio dolor, los hombres que lo habían seguido se volvieron contra él: «Y David fué muy angustiado, porque el pueblo hablaba de apedrearlo; porque todo el pueblo estaba con ánimo amargo, cada uno por sus hijos y por sus hijas: mas David se esforzó en Jehová su Dios.»

    “Esforzarse en Jehová” es buscar la fuerza en Dios cuando ya no queda en uno mismo ni en los demás. David no negó su dolor ni respondió a las acusaciones; primero se volvió a Dios, recordó quién es él y se apoyó en su fidelidad. Después consultó a Dios antes de actuar (1 Samuel 30:7-8), y solo entonces se puso en camino. Esto revela que Dios sigue siendo refugio cuando todo se derrumba y cuando hasta los nuestros nos culpan. Pero el texto no promete que siempre recuperaremos todo, como le pasó a David esa vez; lo que muestra es que la fuerza que viene de Dios llega antes de saber cómo terminará la historia. Y al final David repartió lo recuperado también con los que se habían quedado cansados, porque entendió que todo era regalo de Dios.

    Jesús también fue abandonado por los suyos en la hora más dura, y dijo: «He aquí, la hora viene, y ha venido, que seréis esparcidos cada uno por su parte, y me dejaréis solo: mas no estoy solo, porque el Padre está conmigo.» (Juan 16:32). Aunque todos se vayan, el Padre no se va.

    Tu parte empieza esta noche, como la de David: buscar tu fuerza en Dios antes de defenderte o de hundirte en la culpa. Luego, con calma, separa la responsabilidad de la culpa: no eres culpable de un robo que nadie probó, pero sí puedes escuchar lo que tu familia siente y revisar con ellos, con las cuentas en la mesa, qué decisiones se pueden mejorar. Pide orientación legal sobre la cancelación del contrato y busca nuevos clientes con el apoyo de organizaciones que ayudan a pequeños negocios de inmigrantes. Reparte con justicia lo poco que haya. Y si la angustia no te deja dormir ni comer, hablar con un consejero o un psicólogo también es una forma de esforzarte en Dios.

    ¿Dónde estás buscando fuerza esta noche: en defenderte, en la culpa o en Dios?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi vida, por mi familia aunque hoy esté herida conmigo, por este consultorio que todavía me da trabajo y por las fuerzas que me quedan. Tú sabes que siento que lo perdí todo y que los míos me culpan. Me esfuerzo en ti, porque en mí ya no hay fuerza. Muéstrame tu voluntad: si lo tienes a bien, ábrenos nuevas puertas; y si no, dame sabiduría para aceptar lo que venga. Dame humildad para escuchar a mi familia, valor para dar los próximos pasos y disciplina para no rendirme. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, en esta oficina vacía, en medio de tu cansancio y de tus lágrimas. Aunque todos se alejen, él no se va. Que el Espíritu de Dios te sostenga en este silencio y te dé la fuerza que tú sola no tienes.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre dónde encontrar fuerza cuando todo se derrumba?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué culpa, pérdida o miedo al futuro necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana, antes de llamar a nadie, oraré y leeré el Salmo 23. Esta semana invitaré a mi hermano y a mis primos a revisar juntos las cuentas, escucharé sin defenderme lo que sienten y les pediré perdón por lo que me toque. Luego llamaré a una organización de apoyo a pequeños negocios para buscar orientación legal y nuevos clientes”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • 1 Samuel 30:18-25. David recupera lo perdido y lo reparte también con los que se quedaron cansados.
    «¿y quién os escuchará en este caso? porque igual parte ha de ser la de los que vienen á la batalla, y la de los que quedan con el bagaje: que partan juntamente.» (1 Samuel 30:24)
  • 2 Corintios 1:8-10. Pablo, cargado más allá de sus fuerzas, aprende a confiar en Dios y no en sí mismo.
    «Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos:» (2 Corintios 1:9)
  • Juan 6:66-69. Cuando muchos se van, Pedro responde: ¿a quién iremos?
    «Y respondióle Simón Pedro: Señor, ¿á quién iremos? tú tienes palabras de vida eterna.» (Juan 6:68)

Esta oración se lee los días: 5 de septiembre.

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