Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

11 de febrero · Que no se ponga el sol sobre el enojo

Oración para quitar el enojo: no se ponga el sol sobre vuestro enojo

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 11 de febrero.

Versículo del día: Efesios 4:25-32 RV1909

Tienes treinta y nueve años y atiendes con tu esposo una papelería en Barranquilla. Esta tarde él volvió a dejar la caja sin cuadrar y le fió otra vez a un cliente que ya les debía. Le dijiste de todo delante de los clientes y de tu hija de catorce años, que hacía tareas en el mostrador. En la casa siguió la pelea, tiraste la puerta del cuarto y ahora él duerme en el sofá. Tú estás acostada, todavía hirviendo por dentro, repasando las frases que debiste decir. No es la primera vez: te enojas rápido, gritas y después pasan días sin que se hablen. Siempre dices: “Yo soy así, de sangre caliente, igual que mi papá”. Pero hoy viste la cara de tu hija mientras gritabas, y eso te dolió más que la plata.

Oración de la noche

Padre, gracias por este día, aun con lo que dolió; gracias por mi esposo, por mi hija y por el pan que hoy tuvimos en la mesa. Me quedo en silencio delante de ti… Reconozco que dejé que el enojo hablara por mí y herí a quienes más quiero. No quiero que este enojo amanezca conmigo. Dame humildad para dar el primer paso hacia la reconciliación y sabiduría para hablar mañana de lo que nos afecta sin herir. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    25Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros. 26Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo; 27Ni deis lugar al diablo. 28El que hurtaba, no hurte más; antes trabaje, obrando con sus manos lo que es bueno, para que tenga de qué dar al que padeciere necesidad. 29Ninguna palabra torpe salga de vuestra boca, sino la que sea buena para edificación, para que dé gracia á los oyentes. 30Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual estáis sellados para el día de la redención. 31Toda amargura, y enojo, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia: 32Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.

    Efesios 4:25-32 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Pablo escribe a los creyentes de Éfeso sobre cómo se vive la vida nueva en lo cotidiano, y empieza por las relaciones: «Por lo cual, dejada la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros.» Enseguida dice: «Airaos, y no pequéis; no se ponga el sol sobre vuestro enojo;» Pablo está citando el Salmo 4:4, que en la traducción griega que él usaba decía “airaos” donde nosotros leemos “temblad”. No dice que todo enojo sea pecado: hay enojos que nacen de un problema real, y aquí lo hay, porque el dinero del negocio importa. El asunto es qué hacemos con el enojo. En la Biblia el día terminaba al ponerse el sol: no llevar el enojo al día siguiente significa atenderlo pronto, antes de que se asiente y se vuelva rencor. A veces hace falta calmarse primero, pero no dejar que el enojo se quede a vivir en la casa.

    Luego añade: «Ni deis lugar al diablo.» La palabra “lugar” significa espacio, terreno, oportunidad. Pablo no busca asustarnos ni que culpemos a fuerzas de afuera por lo que nosotros hacemos. Nos advierte que el enojo alimentado le abre espacio al mal en nuestro corazón y en nuestras relaciones: amargura, desprecio, palabras que hieren. Y cerrar ese espacio es responsabilidad nuestra. Dios se lo dijo así a Caín cuando estaba furioso con su hermano: «Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.» (Génesis 4:7). Esto revela algo de Dios: toma en serio nuestras relaciones y confía en que podemos aprender a dominar el enojo. Pablo termina: «Toda amargura, y enojo, é ira, y voces, y maledicencia sea quitada de vosotros, y toda malicia:» «Antes sed los unos con los otros benignos, misericordiosos, perdonándoos los unos á los otros, como también Dios os perdonó en Cristo.» Las “voces” son los gritos.

    Jesús puso la reconciliación por encima de los actos religiosos: «Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.» (Mateo 5:24). Para él, arreglar una relación rota no podía esperar.

    “Yo soy así” no es un destino. Lo que aprendimos en casa se puede desaprender, con la ayuda de Dios y con trabajo de nuestra parte: reconocer qué te dispara, hacer una pausa antes de hablar, retomar la conversación cuando estés en calma. Pedir perdón por los gritos no significa darle la razón a tu esposo en lo de la plata; ese tema hay que hablarlo, pero sin herir. Tu hija también merece una disculpa: está aprendiendo de ti cómo se maneja el enojo. Y si los gritos, los insultos o los portazos se repiten aunque lo intentes, busca ayuda profesional, para ti o para los dos como pareja. Eso no es debilidad; es hacerte cargo de lo que te toca.

    ¿Qué estás haciendo con tu enojo esta noche: lo estás entregando, o lo estás alimentando?

  3. Orar Oratio

    Padre, gracias por mi esposo, por mi hija, por el negocio que nos da el sustento y por el techo que compartimos. Tú viste cómo grité hoy y conoces la rabia que todavía siento. Ayúdame a entender qué hay detrás de mi enojo y qué debo cambiar en mí. Dame humildad para pedir perdón, dominio propio para hablar con calma y valor para buscar ayuda si sola no puedo. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, junto a tu rabia, sin rechazarte. Respira despacio y deja que el enojo baje de tono en su presencia. Que el Espíritu de Dios te dé dominio propio y un corazón dispuesto a reconciliarse.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu enojo y sobre la manera en que lo expresas?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué rabia, orgullo o necesidad de tener la razón necesitas poner en las manos de Dios antes de dormir?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Esta noche, antes de dormir, iré a la sala a pedirle perdón a mi esposo por los gritos, sin volver a abrir la discusión. Mañana le pediré perdón a mi hija, y el domingo nos sentaremos con calma a acordar reglas claras para el fiado y la caja”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Mateo 5:21-24. Jesús pone la reconciliación antes que la ofrenda.
    «Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.» (Mateo 5:24)
  • Santiago 1:19-21. Pronto para oír, tardío para hablar, tardío para airarse.
    «Por esto, mis amados hermanos, todo hombre sea pronto para oir, tardío para hablar, tardío para airarse:» (Santiago 1:19)
  • Génesis 4:3-8. Dios advierte a Caín: el enojo no atendido está a la puerta, y a él le toca dominarlo.
    «Si bien hicieres, ¿no serás ensalzado? y si no hicieres bien, el pecado está á la puerta: con todo esto, á ti será su deseo, y tú te enseñorearás de él.» (Génesis 4:7)
  • Proverbios 15:1-4. La respuesta suave calma la ira; la palabra áspera la enciende.
    «La blanda respuesta quita la ira: mas la palabra áspera hace subir el furor.» (Proverbios 15:1)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Oración para quitar el enojo: no se ponga el sol sobre vuestro enojo.

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