11 de octubre · La enfermedad larga, la exclusión y el encuentro con Jesús
La mujer que tocó el manto: hija, tu fe te ha hecho salva
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 11 de octubre.
Versículo del día: Marcos 5:25-34 RV1909
Tienes treinta y nueve años y eres enfermera de urgencias en un hospital del Callao. Desde los veintisiete vives con endometriosis: dolores que te doblan, sangrados que no se detienen, dos operaciones y tratamientos que pagaste con préstamos y que solo te aliviaron por un tiempo. En el servicio corres entre camillas como todas, pero cuando pides cambiar un turno por una crisis, la jefa suspira y una colega murmura: “otra vez la enferma”. Dejaste de ir a la reunión de mujeres de tu iglesia porque una hermana te dijo que oraría “para que se rompa esa maldición”. Tu enamorado se alejó cuando supo que quizá no podrías tener hijos. Cada noche atiendes el dolor de otros, pero el tuyo lo escondes. Y esta madrugada, sola, te preguntas si a Dios también le cansa tu enfermedad.
Oración de la noche
Señor, gracias por este turno que termina, por los pacientes que pude ayudar, por mi familia y por cada hora en que el dolor me dio tregua. Me quedo en silencio delante de ti… Como aquella mujer, me acerco a ti con toda la verdad: estoy cansada, me duele el cuerpo y me duele sentirme sola. Pongo en tus manos mi salud y mi futuro. Hágase tu voluntad y no la mía. Dame un descanso reparador, valor para pedir ayuda y la paz de saber que para ti no soy “la enferma”, sino tu hija. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
25Y una mujer que estaba con flujo de sangre doce años hacía, 26Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor, 27Como oyó hablar de Jesús, llegó por detrás entre la compañía, y tocó su vestido. 28Porque decía: Si tocare tan solamente su vestido, seré salva. 29Y luego la fuente de su sangre se secó; y sintió en el cuerpo que estaba sana de aquel azote. 30Y luego Jesús, conociendo en sí mismo la virtud que había salido de él, volviéndose á la compañía, dijo: ¿Quién ha tocado mis vestidos? 31Y le dijeron sus discípulos: Ves que la multitud te aprieta, y dices: ¿Quién me ha tocado? 32Y él miraba alrededor para ver á la que había hecho esto. 33Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad. 34Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.
Marcos 5:25-34 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Marcos cuenta la historia de una mujer que llevaba doce años enferma, con un sangrado que no se detenía. Su sufrimiento no era solo físico: «Y había sufrido mucho de muchos médicos, y había gastado todo lo que tenía, y nada había aprovechado, antes le iba peor,» Además, según la ley de entonces, esa enfermedad la dejaba ritualmente impura: no podía participar en el culto, y todo lo que tocaba quedaba impuro también. Doce años de dolor, de pobreza y de aislamiento. Por eso se acerca a escondidas, por detrás, entre la multitud, y toca el manto de Jesús. Ella quería sanar sin ser vista.
Pero Jesús se detiene. Pregunta quién lo tocó y mira alrededor hasta encontrarla. Ella llega temblando: «Entonces la mujer, temiendo y temblando, sabiendo lo que en sí había sido hecho, vino y se postró delante de él, y le dijo toda la verdad.» Y Jesús, en vez de reprenderla, le dice: «Y él le dijo: Hija, tu fe te ha hecho salva: ve en paz, y queda sana de tu azote.» Esto revela algo de Dios: no quiere que vivamos escondidos con nuestro dolor. Jesús no solo atendió su cuerpo; le devolvió su lugar delante de todos y la llamó “hija”. Hay que decirlo con cuidado: el pasaje narra una sanidad, pero no es una promesa de que toda enfermedad se curará si uno cree lo suficiente. La fe que Jesús elogió fue la de acercarse a él; no es una medida que, si falta, explica la enfermedad.
Cuando sus discípulos buscaron un culpable para el sufrimiento de un ciego, Jesús les respondió: «Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.» (Juan 9:3). Tu enfermedad no es una maldición ni un castigo, y nadie tiene derecho a decirte que lo es.
Tu parte es dejar de esconderte, empezando por Dios: decirle “toda la verdad”, como aquella mujer. Luego, cuidar de ti como cuidas de tus pacientes: seguir con un especialista en endometriosis o en dolor, pedir por escrito los ajustes de turno que tu salud necesita y buscar apoyo psicológico, porque el dolor crónico también cansa el alma. Quizá haya un grupo de mujeres con tu misma enfermedad. Y en el hospital hay pacientes con males largos que necesitan, como tú, una mirada que no los reduzca a su diagnóstico.
¿Qué parte de tu dolor has estado escondiendo, incluso delante de Dios?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi vida, por mi vocación de enfermera, por los médicos que me han atendido, por los días de alivio y por las manos que me diste para cuidar a otros. Tú sabes cuánto me duele el cuerpo y cuánto me duelen las palabras de los demás. Muéstrame tu voluntad; si lo tienes a bien, devuélveme la salud, y si no, dame sabiduría para vivir con esta enfermedad y paz para aceptarla. Dame valor para dejar de esconderme, disciplina para cuidarme y un corazón que no se llene de amargura. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, en esta sala de descanso, y que conoce tu cuerpo y tu cansancio sin que tengas que explicarlo. Él no se cansa de ti. Que el Espíritu de Dios te consuele en este silencio y te recuerde que eres su hija.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la manera en que te mira en tu enfermedad?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué vergüenza, culpa o miedo sobre tu enfermedad necesitas poner en las manos de Dios esta noche? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta semana pediré una cita con mi ginecóloga y hablaré con salud ocupacional para que mi jefa reciba un informe sobre los turnos que necesito. Buscaré un grupo de apoyo de mujeres con endometriosis, y al señor de la cama cuatro, que lleva años en diálisis, le preguntaré cómo está él, no solo cómo están sus análisis”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 8:43-48. Lucas, que era médico, cuenta la misma historia: “Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz”.
«Y él le dijo: Hija, tu fe te ha salvado: ve en paz.» (Lucas 8:48) - Mateo 8:1-4. Jesús toca a un leproso, al que nadie se atrevía a tocar.
«Y extendiendo Jesús su mano, le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y luego su lepra fué limpiada.» (Mateo 8:3) - 2 Corintios 12:7-10. Pablo ruega tres veces por su aguijón y escucha: bástate mi gracia.
«Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi potencia en la flaqueza se perfecciona. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis flaquezas, porque habite en mí la potencia de Cristo.» (2 Corintios 12:9)
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