Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

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Cuando no sé qué hacer

2 Crónicas 20:12: no sabemos lo que hemos de hacer, mas á ti volvemos nuestros ojos

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: 2 Crónicas 20:5-12 RV1909

Tienes cuarenta y siete años y vives en San Miguel, El Salvador, con tu hijo Josué, que tiene diecinueve años, autismo y una discapacidad intelectual. Durante doce años fue a una escuela de educación especial donde lo conocían y lo querían; este año terminó, y ya no hay a dónde llevarlo. Pasa el día en la casa, se desespera, golpea la puerta, y tú dejaste de vender ropa en el mercado para cuidarlo. Su papá se fue hace años y tu mamá ya no tiene fuerzas para ayudarte. Has llamado a varias instituciones y nadie te da una respuesta. Anoche, cuando por fin se durmió, te sentaste en la cocina y pensaste: “¿qué va a ser de él cuando yo me muera?”. No sabes qué hacer, y ya te cansaste de que te digan “Dios proveerá” sin quedarse a ayudar.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día que terminó, por Josué que ya duerme, por el techo que nos cubre, por mi mamá y por cada persona que nos ha tendido la mano. Me quedo en silencio delante de ti… No sé lo que he de hacer, pero a ti vuelvo mis ojos. Te entrego el futuro de mi hijo y mi miedo a no estar algún día. Muéstrame tu voluntad. Dame fuerzas para mañana, humildad para pedir ayuda y disciplina para cuidar también de mí. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    5Púsose entonces Josaphat en pie en la reunión de Judá y de Jerusalem, en la casa de Jehová, delante del atrio nuevo; 6Y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y te enseñoreas en todos los reinos de las Gentes? ¿no está en tu mano tal fuerza y potencia, que no hay quien te resista? 7Dios nuestro, ¿no echaste tú los moradores de aquesta tierra delante de tu pueblo Israel, y la diste á la simiente de Abraham tu amigo para siempre? 8Y ellos han habitado en ella, y te han edificado en ella santuario á tu nombre, diciendo: 9Si mal viniere sobre nosotros, ó espada de castigo, ó pestilencia, ó hambre, presentarnos hemos delante de esta casa, y delante de ti, (porque tu nombre está en esta casa,) y de nuestras tribulaciones clamaremos á ti, y tú nos oirás y salvarás. 10Ahora pues, he aquí los hijos de Ammón y de Moab, y los del monte de Seir, á la tierra de los cuales no quisiste que pasase Israel cuando venían de la tierra de Egipto, sino que se apartasen de ellos, y no los destruyesen; 11He aquí ellos nos dan el pago, viniendo á echarnos de tu heredad, que tú nos diste á poseer. 12¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas á ti volvemos nuestros ojos.

    2 Crónicas 20:5-12 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Josafat era rey de Judá cuando le llegó la noticia de que tres pueblos venían juntos contra él con un ejército enorme. Tuvo miedo, y no lo escondió. Reunió al pueblo en el templo, se puso de pie delante de todos y oró en voz alta. Empezó recordando quién es Dios: «Y dijo: Jehová Dios de nuestros padres, ¿no eres tú Dios en los cielos, y te enseñoreas en todos los reinos de las Gentes? ¿no está en tu mano tal fuerza y potencia, que no hay quien te resista?» Recordó también lo que Dios había hecho antes y lo que su pueblo había prometido: que en la angustia clamarían a él. Y terminó con una confesión muy honesta: «¡Oh Dios nuestro! ¿no los juzgarás tú? porque en nosotros no hay fuerza contra tan grande multitud que viene contra nosotros: no sabemos lo que hemos de hacer, mas á ti volvemos nuestros ojos.»

    Es la oración de un rey que admite públicamente que no sabe qué hacer. Esto revela algo de Dios: no le molesta nuestra confusión ni espera que llevemos un plan resuelto para acercarnos. Le basta que volvamos los ojos hacia él. Y fíjate en que Josafat no oró solo: oró con todo el pueblo reunido, hombres, mujeres y niños (2 Crónicas 20:13). Volver los ojos a Dios no significa quedarse de brazos cruzados; en el resto del relato, Josafat escucha, organiza al pueblo y sale. Pero primero reconoce que no tiene la respuesta.

    Jesús, frente a cinco mil personas con hambre, le preguntó a Felipe de dónde comprarían pan, y el texto dice: «Mas esto decía para probarle; porque él sabía lo que había de hacer.» (Juan 6:6). Los discípulos no sabían qué hacer; un muchacho puso cinco panes y dos peces, y Jesús los tomó, dio gracias y los repartió.

    Tu parte esta noche es decirle a Dios con sinceridad: “no sé qué hacer”. Eso ya es fe. Y luego, dejar de cargarlo todo sola. Busca a otras madres de jóvenes con discapacidad en San Miguel: muchas veces son ellas quienes conocen los programas, los talleres y los derechos de tus hijos; pide orientación a la escuela donde estudió Josué y a una trabajadora social. Habla con tu congregación de manera concreta: no “oren por mí”, sino “necesito que alguien acompañe a Josué una tarde por semana”. Y cuida tu salud: si la angustia no te deja dormir ni comer, un médico o un psicólogo también es parte del cuidado de Dios para ti.

    ¿Qué cambiaría si esta noche le dijeras a Dios, sin adornos, “no sé lo que he de hacer”?

  3. Orar Oratio

    Señor, te doy gracias por la vida de Josué, por su risa y su manera de abrazarme, por los años en su escuela, por sus maestras y por las fuerzas que me has dado hasta hoy. Tú sabes que no sé qué hacer y que me da miedo el futuro. No se haga mi voluntad, sino la tuya. Si lo tienes a bien, abre un lugar donde Josué pueda aprender y estar acompañado; y si tarda, dame paciencia. Dame valor para pedir ayuda concreta, humildad para recibirla y sabiduría para dar cada paso. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    No necesitas tener todas las respuestas para estar delante de Dios. Solo vuelve tus ojos hacia él. Que el Espíritu de Dios te sostenga en este silencio y te muestre el próximo paso.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu confusión y sobre las personas que puedes buscar?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué miedo por el futuro de tu hijo, o qué orgullo de querer cargarlo todo sola, necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana llamaré a la directora de la escuela donde estudió Josué para pedirle los contactos de otras madres y de los programas para jóvenes adultos. El domingo le pediré a mi congregación que alguien acompañe a Josué una tarde por semana, y yo ofreceré a otra madre cuidar a su hijo cuando ella lo necesite”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Juan 6:5-13. Los discípulos no saben qué hacer frente a la multitud; Jesús toma lo poco que hay.
    «Un muchacho está aquí que tiene cinco panes de cebada y dos pececillos; ¿mas qué es esto entre tantos?» (Juan 6:9)
  • Salmo 142:1-5. La oración de David en la cueva: cuando mi espíritu se angustiaba, tú conociste mi senda.
    «Cuando mi espíritu se angustiaba dentro de mí, tú conociste mi senda. En el camino en que andaba, me escondieron lazo.» (Salmo 142:3)
  • 2 Corintios 1:8-11. Pablo, cargado sobre sus fuerzas, pide que otros lo ayuden con oración.
    «Ayudándonos también vosotros con oración por nosotros, para que por la merced hecha á nos por respeto de muchos, por muchos sean hechas gracias por nosotros.» (2 Corintios 1:11)

Esta oración se lee los días: 12 de septiembre.

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