2 de julio · Jesús está en la barca aunque la tormenta siga
Jesús calma la tempestad: ¿por qué estáis así amedrentados?
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 2 de julio.
Versículo del día: Marcos 4:35-41 RV1909
Tienes cuarenta y cuatro años y eres lanchero en Bocas del Toro, Panamá. Llevas turistas de isla Colón a cayo Zapatilla y a la bahía de los delfines en una lancha que todavía le estás pagando al banco. Hace dos semanas te agarró un chubasco con seis turistas a bordo: las olas entraban por la proa y tú, con el timón en la mano, gritabas por dentro. Llegaron bien. Pero la otra tormenta no se calma: la temporada fue floja, el motor fuera de borda necesita una reparación que no puedes pagar y la cuota del banco vence el día quince. Tu esposa está embarazada del tercero. Oras cada noche y nada cambia, y esta tarde, amarrando la lancha, le reclamaste a Dios: “¿No te importa que me hunda?”. Desde entonces andas de mal genio con todos.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día en el mar, por haber vuelto a casa, por la cena en la mesa y por mi familia, que duerme cerca de mí. Me quedo en silencio delante de ti… Tú conoces la tormenta que llevo por dentro y las cuentas que no me dejan dormir. No te pido que me quites toda ola, sino que me enseñes a confiar en que vas conmigo. Si es tu voluntad, abre un camino; y si no, dame fuerzas para seguir trabajando con honradez. Ayúdame a no descargar mi miedo en los que amo. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
35Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte. 36Y despachando la multitud, le tomaron como estaba, en el barco; y había también con él otros barquitos. 37Y se levantó una grande tempestad de viento, y echaba las olas en el barco, de tal manera que ya se henchía. 38Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos? 39Y levantándose, increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza. 40Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe? 41Y temieron con gran temor, y decían el uno al otro. ¿Quién es éste, que aun el viento y la mar le obedecen?
Marcos 4:35-41 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Marcos cuenta que era el final de un día largo de enseñanza junto al mar de Galilea, y que fue Jesús mismo quien propuso cruzar: «Y les dijo aquel día cuando fué tarde: Pasemos de la otra parte.» Varios de los discípulos eran pescadores de ese lago, rodeado de montes, donde los vientos bajan de repente y levantan olas peligrosas. Conocían el oficio, y aun así tuvieron miedo. Mientras el barco se llenaba de agua, Jesús dormía, y la pregunta de ellos se parece mucho a la tuya: «Y él estaba en la popa, durmiendo sobre un cabezal, y le despertaron, y le dicen: ¿Maestro, no tienes cuidado que perecemos?» “No tener cuidado” quiere decir “no importarle”.
Fíjate en algo: la tormenta llegó con Jesús en la barca, y en una travesía que él mismo había propuesto. Seguir a Jesús no garantiza aguas tranquilas, y este pasaje no promete que toda tormenta se calmará en cuanto lo pidamos. Promete algo más hondo: él va en la barca, y el mar no tiene la última palabra. «Y levantándose, increpó al viento, y dijo á la mar: Calla, enmudece. Y cesó el viento, y fué hecha grande bonanza.» Después les hizo una pregunta: «Y á ellos dijo: ¿Por qué estáis así amedrentados? ¿Cómo no tenéis fe?» No los regañó por despertarlo ni por clamar; les preguntó por qué el miedo había ocupado el lugar de la confianza. La fe, aquí, no es la seguridad de que no habrá olas, sino la confianza en quién va contigo cuando las hay.
Antes de despedirse de sus discípulos, Jesús les dejó esta promesa: «Enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado: y he aquí, yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo. Amén.» (Mateo 28:20). “Todos los días” incluye los de cuota vencida y motor dañado.
Clamar está bien; los discípulos lo hicieron. Pero el miedo no puede quedarse con el timón: te vuelve gruñón con tu esposa y te encierra en ti mismo. Tu parte es hacer lo que hace un buen lanchero en la tormenta: mantener el rumbo y ordenar la carga. Habla con el banco antes del quince y pide un arreglo de pago, pregunta a otros lancheros por trabajo mientras reparas el motor, siéntate con tu esposa a mirar las cuentas en lugar de cargarlas solo, y pídele perdón por tu mal genio. No sabes cómo terminará esta travesía, pero no vas solo en la barca.
¿Qué te dice el miedo esta noche, y qué cambia saber que Jesús va en tu barca?
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Orar Oratio
Señor, gracias por la lancha que me da el sustento, por haber traído sanos a los turistas aquel día, por mi esposa, por mis hijos y por el bebé que viene. Tú sabes cuánto me pesan las deudas y el miedo que tengo de perder lo que he trabajado. Perdóname por reclamarte como si no te importara. Si lo tienes a bien, ábreme una salida con el banco; y si no es como yo quiero, dame paz para confiar en ti. Dame valor para hablar con claridad, sabiduría para ordenar mis cuentas y paciencia con los míos. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, como estuvo en la barca aquella noche. Las olas de tus preocupaciones pueden seguir, pero no estás solo en medio de ellas. Que el Espíritu de Dios traiga calma a tu interior mientras escuchas.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre su presencia en medio de tu tormenta?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué miedo, qué deuda o qué necesidad de controlarlo todo necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana temprano llamaré al banco para pedir un arreglo de pago antes del quince, y esta noche le pediré perdón a mi esposa por mi mal genio y le contaré cómo están las cuentas. Esta semana buscaré a Joaquín, el lanchero que perdió su motor, le preguntaré cómo está su familia y le ofreceré llevarlo como ayudante en mis viajes”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Mateo 8:23-27. Mateo cuenta la misma tormenta: Jesús pregunta a sus discípulos por qué temen.
«Y él les dice: ¿Por qué teméis, hombres de poca fe? Entonces, levantándose, reprendió á los vientos y á la mar; y fué grande bonanza.» (Mateo 8:26) - Salmo 107:23-31. Los que navegan claman a Dios en su angustia, y él los guía al puerto.
«Hace parar la tempestad en sosiego, y se apaciguan sus ondas.» (Salmo 107:29) - Isaías 43:1-3. Dios promete estar con su pueblo cuando pase por las aguas, no evitarle las aguas.
«Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.» (Isaías 43:2) - Hechos 27:20-25. En medio del naufragio, Pablo anima a todos a confiar en Dios.
«Por tanto, oh varones, tened buen ánimo; porque yo confío en Dios que será así como me ha dicho;» (Hechos 27:25)
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