Oración de la Noche › Archivo › 2 Timoteo 1:7: espíritu de fortaleza, de amor y de templanza
Miedo, timidez y dominio propio
2 Timoteo 1:7: espíritu de fortaleza, de amor y de templanza
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: 2 Timoteo 1:3-8 RV1909
Tienes treinta y dos años y trabajas en atención al cliente en un banco de Tegucigalpa. Hace seis meses empezaron las crisis: el corazón desbocado en el bus, las manos heladas, la sensación de que te ibas a morir ahí mismo. Después de dos visitas a urgencias, una psiquiatra te diagnosticó un trastorno de ansiedad y te formuló un medicamento y terapia cada semana. Empezabas a mejorar, hasta que en el grupo de oración de los jueves una hermana, con cariño, te citó 2 Timoteo 1:7 y te dijo que el miedo no viene de Dios y que, si tuvieras fe, no necesitarías pastillas. Desde entonces escondes el frasco en la cartera, faltaste a la última cita y te preguntas si eres mala cristiana. Tu abuela, la que te enseñó a orar, no sabe nada.
Oración de la noche
Padre, gracias por este día que termina, por los momentos en que pude trabajar con calma, por mi familia y por las personas que me cuidan. Me quedo en silencio delante de ti… Tú conoces mis miedos y también mi culpa. No se haga mi voluntad, sino la tuya. Dame tu paz para descansar esta noche, sensatez para seguir el tratamiento y valor para no esconderme más. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
3Doy gracias á Dios, al cual sirvo desde mis mayores con limpia conciencia, de que sin cesar tengo memoria de ti en mis oraciones noche y día; 4Deseando verte, acordándome de tus lágrimas, para ser lleno de gozo; 5Trayendo á la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también. 6Por lo cual te aconsejo que despiertes el don de Dios, que está en ti por la imposición de mis manos. 7Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza. 8Por tanto no te avergüences del testimonio de nuestro Señor, ni de mí, preso suyo; antes sé participante de los trabajos del evangelio según la virtud de Dios,
2 Timoteo 1:3-8 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Pablo escribe desde la cárcel a Timoteo, su hijo en la fe: un pastor joven, de carácter tímido, con razones para estar asustado. Pablo no lo regaña; se acuerda de sus lágrimas y de la fe que heredó: «Trayendo á la memoria la fe no fingida que hay en ti, la cual residió primero en tu abuela Loida, y en tu madre Eunice; y estoy cierto que en ti también.» Y entonces le dice: «Porque no nos ha dado Dios el espíritu de temor, sino el de fortaleza, y de amor, y de templanza.» La “templanza” es una mente sensata, con dominio de sí.
Esto revela algo de Dios: no nos entrega a una timidez que paraliza. Pero este versículo no es un reproche para quien sufre de ansiedad, ni dice que sentir miedo sea falta de fe. Timoteo tenía lágrimas, temores y un estómago delicado, y el mismo Pablo, en su carta anterior, le recomendó un remedio: «No bebas de aquí adelante agua, sino usa de un poco de vino por causa del estómago, y de tus continuas enfermedades.» (1 Timoteo 5:23). No le dijo que orara más para no necesitarlo. La sensatez también se ve en cuidar el cuerpo y la mente con los medios que Dios pone a nuestro alcance.
Jesús no se avergonzó de comparar su obra con la de un médico: «Y respondiendo Jesús, les dijo: Los que están sanos no necesitan médico, sino los que están enfermos.» (Lucas 5:31). Y a sus discípulos, la noche antes de su muerte, les dijo: «La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» Su paz no siempre quita de inmediato los síntomas, pero te acompaña mientras sanas.
Pablo le pide a Timoteo que “despierte el don”, como quien aviva unas brasas, y eso también te toca a ti: seguir el tratamiento, volver a terapia, cuidar tu sueño, orar con la Palabra en la mano. Si dejaste el medicamento, no lo hagas por tu cuenta; habla con tu médica. Y quizá Dios te invita a dejar de esconderte: contarle a tu abuela y, más adelante, ayudar con amor a esa hermana a entender que pedir ayuda no es falta de fe.
¿Estás usando la fe para esconder tu dolor, o para atravesarlo con valor y con la ayuda que Dios te ha puesto cerca?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi vida, por mi abuela que me enseñó a orar, por mi trabajo, y por la médica y el tratamiento que me están ayudando. Tú sabes cuánto me asustan estas crisis y cuánta culpa he sentido. Si lo tienes a bien, dame alivio; y mientras tanto, muéstrame qué esperas de mí y dame valor y disciplina para seguir cuidándome sin vergüenza. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, en tu respiración, en tu cuerpo cansado y en tu mente que se agita. No tienes que demostrarle nada. Respira despacio y deja que el Espíritu de Dios te dé su fortaleza, su amor y su serenidad.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre el miedo, la fe y el cuidado de tu salud?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué culpa, vergüenza o miedo al qué dirán necesitas poner en las manos de Dios esta noche?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana llamaré para reprogramar mi cita de terapia, le contaré a mi abuela lo que me está pasando y le pediré que ore conmigo. Cuando me sienta más fuerte, buscaré a la hermana del grupo para hablar con calma, sin rencor”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- 1 Reyes 19:3-8. Elías, agotado y con miedo: Dios le da comida y descanso antes que palabras.
«Y echándose debajo del enebro, quedóse dormido: y he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come.» (1 Reyes 19:5) - Mateo 14:22-33. Jesús le dice a Pedro “no tengáis miedo” y le extiende la mano.
«Mas luego Jesús les habló, diciendo: Confiad, yo soy; no tengáis miedo.» (Mateo 14:27) - Juan 14:25-27. La paz que Jesús deja a los suyos.
«La paz os dejo, mi paz os doy: no como el mundo la da, yo os la doy. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.» (Juan 14:27) - 2 Timoteo 1:9-14. Pablo, preso, no se avergüenza porque sabe en quién ha creído.
«Por lo cual asimismo padezco esto: mas no me avergüenzo; porque yo sé á quien he creído, y estoy cierto que es poderoso para guardar mi depósito para aquel día.» (2 Timoteo 1:12)
Esta oración se lee los días: 24 de febrero.