4 de agosto · La noche sin consuelo
Salmo 77: acordaréme de las obras de JAH
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 4 de agosto.
Versículo del día: Salmo 77:1-12 RV1909
Tienes treinta y seis años y eres trabajadora social en la procuraduría de protección de niñas y niños en Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Visitas casas donde hay niños golpeados, abandonados o puestos a trabajar, y redactas informes que a veces terminan con un juez separándolos de su familia. Hace tres semanas un niño de siete años al que le dabas seguimiento terminó en el hospital con fracturas, y no dejas de preguntarte qué se te pasó en la última visita. Desde entonces duermes mal: te despiertas a las tres de la mañana con su cara en la mente y el corazón acelerado. Oras, pero sientes que le hablas a un techo. En la oficina todos están igual de cargados, y en tu casa no cuentas nada para no preocupar a tu mamá, que ya está enferma.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, aunque haya sido pesado; gracias por la cama, por mi mamá, por las compañeras con quienes trabajo y por cada niño que hoy durmió seguro. Me quedo en silencio delante de ti… Tú conoces las imágenes que me despiertan y las preguntas que no me dejan en paz. No te pido entenderlo todo esta noche. Te entrego a los niños que no pude proteger y a los que veré mañana. Hágase tu voluntad. Dame descanso, humildad para dejarme ayudar y la memoria de tus obras cuando vuelva la oscuridad. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Al Músico principal: para Jeduthún: Salmo de Asaph. CON mi voz clamé á Dios, á Dios clamé, y él me escuchará. 2Al Señor busqué en el día de mi angustia: mi mal corría de noche, y no cesaba: mi alma rehusaba consuelo. 3Acordábame de Dios, y gritaba: quejábame, y desmayaba mi espíritu. (Selah.) 4Tenías los párpados de mis ojos: estaba yo quebrantado, y no hablaba. 5Consideraba los días desde el principio, los años de los siglos. 6Acordábame de mis canciones de noche; meditaba con mi corazón, y mi espíritu inquiría. 7¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más á amar? 8¿Hase acabado para siempre su misericordia? ¿hase acabado la palabra suya para generación y generación? 9¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿ha encerrado con ira sus piedades? (Selah.) 10Y dije: Enfermedad mía es esta; traeré pues á la memoria los años de la diestra del Altísimo. 11Acordaréme de las obras de JAH: sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas. 12Y meditaré en todas tus obras, y hablaré de tus hechos.
Salmo 77:1-12 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
El Salmo 77 lo escribió Asaf, el mismo músico del templo que en otro salmo confesó su envidia. Aquí describe una noche de angustia: «Al Señor busqué en el día de mi angustia: mi mal corría de noche, y no cesaba: mi alma rehusaba consuelo.» Y más adelante: «Tenías los párpados de mis ojos: estaba yo quebrantado, y no hablaba.» Es como decir: “Tú me mantenías los ojos abiertos”. Asaf conocía el insomnio del que carga un dolor demasiado grande. Y no esconde sus preguntas: «¿Desechará el Señor para siempre, y no volverá más á amar?» «¿Ha olvidado Dios el tener misericordia? ¿ha encerrado con ira sus piedades? (Selah.)»
Esto revela algo de Dios: estas preguntas están en la Biblia, y por eso sabemos que él no se ofende con nuestro lamento. Pero el salmo da un giro: «Y dije: Enfermedad mía es esta; traeré pues á la memoria los años de la diestra del Altísimo.» «Acordaréme de las obras de JAH: sí, haré yo memoria de tus maravillas antiguas.» “Enfermedad mía es esta” quiere decir: esto es mi dolor, mi debilidad, y no la última palabra sobre Dios. Asaf decide recordar. La memoria no borra la angustia ni niega lo que pasó; es un ancla que impide que la noche se lo lleve. Más adelante en el salmo recuerda cómo Dios abrió camino a su pueblo por en medio del mar.
Jesús, la noche antes de su muerte, no cargó su angustia en secreto. En Getsemaní les dijo a sus amigos: «Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.» (Mateo 26:38). Si él pidió compañía en su noche, tú también puedes hacerlo.
Tu parte empieza por reconocer un límite: no eres responsable de todo el mal que sufren los niños que atiendes. Lo que sientes tiene nombre; es el desgaste de quienes acompañan el sufrimiento ajeno, y necesita atención. Busca ayuda psicológica y, si el insomnio sigue, ve al médico; no es falta de fe, es cuidar el instrumento que Dios usa para proteger a esos niños. Haz memoria también de los niños que hoy están mejor gracias a tu trabajo; escríbelos. Y quizá una compañera de la oficina, igual de cargada, esté esperando que alguien proponga un espacio para hablar y orar.
¿Qué obras de Dios en tu vida y en tu trabajo has dejado de recordar en medio de la noche?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi vocación, por los niños que han encontrado un lugar seguro, por mis compañeras de trabajo y por mi mamá. Tú sabes lo que vi y cómo me pesa ese niño en el hospital. Pongo su vida en tus manos: si lo tienes a bien, que se recupere y esté a salvo. Ayúdame a reconocer mis límites, dame humildad para pedir ayuda y disciplina para descansar y hacer memoria de tu fidelidad. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, en esta noche, aunque tus preguntas no tengan respuesta todavía. No tienes que cargar a todos esos niños en este momento: están en sus manos. Que el Espíritu de Dios te traiga a la memoria, en este silencio, una de sus obras en tu vida.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu dolor y sobre su fidelidad?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué culpa, qué imagen que no te deja dormir o qué carga que no te corresponde necesitas poner en las manos de Dios esta noche?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana pediré una cita con una psicóloga y le contaré a mi supervisora cómo estoy. Esta noche escribiré en una libreta los nombres de tres niños que hoy están mejor. El viernes invitaré a mi compañera Rosa a tomar un café para preguntarle cómo está ella de verdad”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Marcos 1:32-38. Después de atender a muchos enfermos, Jesús se aparta a orar.
«Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.» (Marcos 1:35) - Salmo 119:49-52. Acordarse de los juicios antiguos de Dios trae consuelo.
«Acordéme, oh Jehová, de tus juicios antiguos, y consoléme.» (Salmo 119:52) - 2 Corintios 1:8-10. Pablo, cargado más allá de sus fuerzas, aprende a confiar en Dios.
«Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos:» (2 Corintios 1:9) - Salmo 77:13-20. Asaf recuerda que Dios abrió camino por en medio de las aguas.
«En la mar fué tu camino, y tus sendas en las muchas aguas; y tus pisadas no fueron conocidas.» (Salmo 77:19)
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Esta oración también está en el archivo: Salmo 77: acordaréme de las obras de JAH.