Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

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Clamar aunque me manden callar

Bartimeo: ¿qué quieres que te haga?

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Marcos 10:46-52 RV1909

Tienes dieciséis años y estás en quinto año de bachillerato en un instituto de Masaya, Nicaragua. Desde hace meses te dan unos ataques extraños: el corazón se acelera, te falta el aire y sientes que te vas a morir, a veces en plena clase de matemática. La primera vez que se lo contaste a tu mamá, te dijo: “Dejá de inventar, eso es pura haraganería”. En el grupo de jóvenes de la iglesia el líder te dijo que oraras más, porque “el que tiene fe no tiene miedo”. Tus compañeros se burlan cuando sales corriendo del aula. Así que te callaste. Ahora finges que estás bien, duermes poco y piensas que tal vez estás loco o que Dios está enojado contigo. Hoy viste en el pasillo un afiche de la consejera escolar, pero pasaste de largo.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por haber llegado hasta aquí, por mi familia y por el techo bajo el que duermo. Me quedo en silencio delante de ti… Tú escuchas lo que no me atrevo a decirle a nadie. No quiero seguir escondiéndome. Si es tu voluntad, dame paz esta noche; y si los ataques vuelven, dame valor para buscar a quien me pueda ayudar. Enséñame a confiar en que tú te detienes por mí. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    46Entonces vienen á Jericó: y saliendo él de Jericó y sus discípulos y una gran compañía, Bartimeo el ciego, hijo de Timeo, estaba sentado junto al camino mendigando. 47Y oyendo que era Jesús el Nazareno, comenzó á dar voces y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí. 48Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí. 49Entonces Jesús parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levántate, te llama. 50El entonces, echando su capa, se levantó, y vino á Jesús. 51Y respondiendo Jesús, le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista. 52Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y luego cobró la vista, y seguía á Jesús en el camino.

    Marcos 10:46-52 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Jericó era el último pueblo antes de subir a Jerusalén, y Jesús iba rodeado de una multitud. Junto al camino estaba un ciego que pedía limosna; Marcos lo llama por su nombre, Bartimeo, como alguien a quien se recordaba bien. Al saber que pasaba Jesús, gritó: «Y oyendo que era Jesús el Nazareno, comenzó á dar voces y decir: Jesús, Hijo de David, ten misericordia de mí.» La gente no lo soportó: «Y muchos le reñían, que callase: mas él daba mayores voces: Hijo de David, ten misericordia de mí.» Para muchos, un mendigo ciego era un estorbo en la procesión.

    Pero Jesús no pensó lo mismo: «Entonces Jesús parándose, mandó llamarle: y llaman al ciego, diciéndole: Ten confianza: levántate, te llama.» Esto revela algo de Dios: se detiene por el que otros quieren callar. Y luego le hace una pregunta que parece obvia: «Y respondiendo Jesús, le dice: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dice: Maestro, que cobre la vista.» Jesús no le impone nada; lo invita a ponerle nombre a su necesidad. Bartimeo arroja su capa, quizá lo único que tenía, y va. «Y Jesús le dijo: Ve, tu fe te ha salvado. Y luego cobró la vista, y seguía á Jesús en el camino.» Su fe no fue una fórmula que obligó a Dios; fue no rendirse, levantarse e ir hacia Jesús. No todos reciben lo que piden de inmediato, pero ningún clamor sincero pasa inadvertido para él.

    Jesús sigue diciendo: «Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.» (Mateo 11:28). Nadie, ni siquiera alguien de la iglesia, tiene autoridad para callar tu clamor.

    Lo que vives tiene nombre: pueden ser crisis de pánico o de ansiedad, y se tratan. Sentir miedo no es falta de fe, y pedir ayuda no es estar loco. Tu parte es ser como Bartimeo: no callarte. Clama a Dios con honestidad, y clama también a las personas: toca la puerta de la consejera, cuéntaselo a otro adulto de confianza, pide que te lleven al centro de salud. Intenta hablar otra vez con tu mamá; quizá la primera vez no entendió. Si en algún momento piensas en hacerte daño, díselo hoy mismo a un adulto. Y cuando estés mejor, tal vez seas tú quien se detenga ante el compañero al que todos mandan a callar.

    Si Jesús se detuviera hoy frente a ti y te preguntara “¿qué quieres que te haga?”, ¿qué le responderías?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi vida, por mi mamá aunque no me haya entendido, por el instituto y por las personas que pusiste cerca de mí para ayudarme. Tú sabes cuánto miedo siento cuando me faltan el aire y las fuerzas, y la vergüenza que me da contarlo. Muéstrame tu voluntad; si lo tienes a bien, devuélveme la calma, y mientras tanto dame valor para pedir ayuda y no callarme. Ayúdame a cuidar mi cuerpo y mi mente como un regalo tuyo. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí y que se detiene a escucharte, aunque otros te hayan mandado a callar. Respira despacio; no tienes que fingir que estás bien delante de él. Que el Espíritu de Dios te dé confianza para levantarte e ir hacia Jesús.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu clamor y sobre la ayuda que necesitas?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué miedo, qué vergüenza o qué silencio necesitas poner en las manos de Dios esta noche? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana, en el recreo, iré a la oficina de la consejera y le contaré lo que me pasa, aunque me dé vergüenza. Después buscaré a Kevin, el compañero del que también se burlan, y me sentaré con él a la hora del almuerzo”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Lucas 18:35-43. Lucas cuenta el mismo encuentro; Jesús pregunta otra vez qué quiere el ciego.
    «Diciendo: ¿Qué quieres que te haga? Y él dijo: Señor, que vea.» (Lucas 18:41)
  • Mateo 15:21-28. Una mujer extranjera insiste aunque los discípulos quieren despedirla.
    «Entonces respondiendo Jesús, dijo: Oh mujer, grande es tu fe; sea hecho contigo como quieres. Y fué sana su hija desde aquella hora.» (Mateo 15:28)
  • Salmo 34:4-10. El pobre que clamó fue oído por Dios.
    «Este pobre clamó, y oyóle Jehová, y librólo de todas sus angustias.» (Salmo 34:6)
  • Salmo 40:1-3. Esperar en Dios y seguir clamando hasta ser oído.
    «Al Músico principal: Salmo de David. RESIGNADAMENTE esperé á Jehová, é inclinóse á mí, y oyó mi clamor.» (Salmo 40:1)

Esta oración se lee los días: 4 de julio.

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