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La constancia en la oración cuando hay presión
Daniel 6:10: hincábase de rodillas tres veces al día
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Daniel 6:10-16 RV1909
Tienes treinta y nueve años y eres estibador en el puerto de Balboa, en Ciudad de Panamá. Trabajas por turnos rotativos amarrando y soltando contenedores, a veces de noche y a veces bajo el sol del mediodía. Durante años empezaste el día igual: te levantabas antes que todos en tu casa de Arraiján, leías un salmo y orabas en el balcón. En la cuadrilla te dicen “el Pastor” desde que te vieron dar gracias antes de almorzar, y las burlas subieron de tono cuando no quisiste entrar en una apuesta. Para no oír más, empezaste a comer de espaldas, sin orar. Con los turnos nuevos dejaste también lo de la mañana: “cuando tenga tiempo”. Ya van cuatro meses. Andas más irritable, les gritas a los tuyos, y anoche tu hija te preguntó por qué ya no oras con ella.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por volver sano del puerto, por la comida en la mesa y por mi familia. Me quedo en silencio delante de ti… Aquí estoy otra vez, después de meses de ausencia, y tú me recibes. Pongo en tus manos las burlas, el cansancio de los turnos y mi orgullo herido. No te pido que nadie se burle; te pido constancia para buscarte como antes, humildad para empezar de nuevo y mansedumbre con quienes se ríen de mí. Hágase tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
10Y Daniel, cuando supo que la escritura estaba firmada, entróse en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que estaban hacia Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios, como lo solía hacer antes. 11Entonces se juntaron aquellos hombres, y hallaron á Daniel orando y rogando delante de su Dios. 12Llegáronse luego, y hablaron delante del rey acerca del edicto real: ¿No has confirmado edicto que cualquiera que pidiere á cualquier dios ú hombre en el espacio de treinta días, excepto á ti, oh rey, fuese echado en el foso de los leones? Respondió el rey y dijo: Verdad es, conforme á la ley de Media y de Persia, la cual no se abroga. 13Entonces respondieron y dijeron delante del rey: Daniel que es de los hijos de la cautividad de los Judíos, no ha hecho cuenta de ti, oh rey, ni del edicto que confirmaste; antes tres veces al día hace su petición. 14El rey entonces, oyendo el negocio, pesóle en gran manera, y sobre Daniel puso cuidado para librarlo; y hasta puestas del sol trabajó para librarle. 15Empero aquellos hombres se reunieron cerca del rey, y dijeron al rey: Sepas, oh rey, que es ley de Media y de Persia, que ningún decreto ú ordenanza que el rey confirmare pueda mudarse. 16Entonces el rey mandó, y trajeron á Daniel, y echáronle en el foso de los leones. Y hablando el rey dijo á Daniel: El Dios tuyo, á quien tú continuamente sirves, él te libre.
Daniel 6:10-16 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Daniel era ya un anciano y servía en el gobierno del rey Darío, en Persia. Era tan íntegro que los otros funcionarios, llenos de envidia, no le encontraban nada: «Entonces los presidentes y gobernadores buscaban ocasiones contra Daniel por parte del reino; mas no podían hallar alguna ocasión ó falta, porque él era fiel, y ningún vicio ni falta fué en él hallado.» Entonces armaron una trampa: un decreto que durante treinta días prohibía hacer peticiones a cualquier dios u hombre que no fuera el rey. Daniel lo supo, y esto fue lo que hizo: «Y Daniel, cuando supo que la escritura estaba firmada, entróse en su casa, y abiertas las ventanas de su cámara que estaban hacia Jerusalem, hincábase de rodillas tres veces al día, y oraba, y confesaba delante de su Dios, como lo solía hacer antes.» Las ventanas miraban hacia Jerusalén: aunque vivía en el destierro, oraba orientado hacia la ciudad donde había estado el templo.
La clave está al final: “como lo solía hacer antes”. Daniel no inventó una oración heroica el día de la crisis; siguió una costumbre que había construido durante años tranquilos. Tampoco hizo espectáculo, saliendo a orar a la plaza, ni se escondió cerrando las ventanas. Simplemente siguió buscando a Dios. Esto revela algo de Dios: se deja encontrar en la constancia, en lo de todos los días. Dios libró a Daniel de los leones, pero Daniel no oraba para que lo libraran; cuando entró en su cámara no sabía cómo terminaría. La oración no era un amuleto: era la raíz de su vida, y por eso aguantó la presión.
Jesús también tenía su costumbre. En días llenos de gente y de necesidades, el evangelio cuenta: «Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.» (Marcos 1:35). Y enseñó a orar sin buscar ser visto: «Mas tú, cuando oras, éntrate en tu cámara, y cerrada tu puerta, ora á tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en secreto, te recompensará en público.» (Mateo 6:6). Orar en secreto no es esconder la fe por vergüenza; es orar para Dios y no para el público.
Tu parte no es volver a orar para que la cuadrilla te vea, sino no dejar que la burla decida por ti. Rehaz tu costumbre a la medida de tu vida de hoy: un momento fijo antes de cada turno, sea a la hora que sea, en el balcón, en el bus o en el muelle. Tu mal genio de estos meses es una señal de que algo se secó por dentro. Vuelve a orar con tu hija; ella te lo está pidiendo. Y responde a las burlas con mansedumbre: quizá el compañero que más se ríe es el que más necesita que alguien ore por él.
¿Qué costumbre de oración dejaste caer por la presión o el cansancio, y cómo podrías retomarla en tu vida de hoy?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi trabajo en el puerto, por la fuerza de mis brazos, por mi casa, por mi esposa y por mi hija, que me recordó lo que yo había olvidado. Reconozco que dejé de orar por vergüenza y por cansancio, y que eso se nota en mi carácter. Muéstrame qué esperas de mí. Dame disciplina para volver a buscarte cada día, aunque cambien los turnos, y valor para no esconder mi fe ni hacer alarde de ella. Que se haga tu voluntad en mí. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, como en el balcón de tus madrugadas y en el muelle entre las grúas. Él no se fue cuando tú dejaste de orar. Que el Espíritu de Dios te recuerde en este silencio el camino de vuelta.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu constancia en la oración?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué vergüenza, cansancio o excusa necesitas poner en las manos de Dios para volver a orar? Entrégala de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Desde mañana volveré a orar antes de cada turno, a la hora que me toque, y daré gracias antes de almorzar sin esconderme y sin hacer alarde. Esta noche oraré con mi hija antes de dormir y le pediré perdón por haberlo dejado. Y a Rolando, el que más se burla, le preguntaré cómo sigue su mamá, que está enferma”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Marcos 1:32-39. Después de un día lleno de gente, Jesús se levanta de madrugada a orar.
«Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.» (Marcos 1:35) - Colosenses 4:2-6. Perseverar en la oración, velando en ella con acción de gracias.
«Perseverad en oración, velando en ella con hacimiento de gracias:» (Colosenses 4:2) - Hechos 16:22-26. Pablo y Silas oran y cantan a medianoche en la cárcel.
«Mas á media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos á Dios: y los que estaban presos los oían.» (Hechos 16:25)
Esta oración se lee los días: 20 de septiembre.