Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

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Dar sin esperar nada a cambio

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Lucas 6:32-38 RV1909

Tienes cuarenta y siete años y eres fontanero en Zaragoza. Durante años has sido el que ayuda a todos en tu bloque: le arreglas gratis las fugas a la señora Pilar, le cambiaste el calentador a un vecino sin cobrarle la mano de obra y a un compañero de la obra le prestaste seiscientos euros que nunca te devolvió. Ahora ese compañero te esquiva, y cuando te operaron de la rodilla en primavera casi nadie del edificio subió a preguntar por ti. Te prometiste: “se acabó, nadie más se aprovecha de mí”. Ayer la vecina nueva del tercero, que vive sola con su hija, te tocó la puerta porque se le inundaba la cocina. Le dijiste que estabas muy liado. La oíste bajar las escaleras con el cubo, y no has dejado de pensar en eso.

Oración de la noche

Padre, gracias por este día, por el trabajo, por el pan y por tantas veces que tú me has dado sin que yo te diera las gracias. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos a los que me fallaron y la cuenta que he llevado en mi corazón. Hágase tu voluntad. Dame un corazón generoso y sabio, que ayude sin esperar nada, y la humildad de recordar que yo también he sido ingrato contigo. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    32Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman. 33Y si hiciereis bien á los que os hacen bien, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores hacen lo mismo. 34Y si prestareis á aquellos de quienes esperáis recibir, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores prestan á los pecadores, para recibir otro tanto. 35Amad, pues, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos. 36Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso. 37No juzguéis, y no seréis juzgados: no condenéis, y no seréis condenados: perdonad, y seréis perdonados. 38Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.

    Lucas 6:32-38 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Estas palabras son parte de una larga enseñanza de Jesús en un llano, ante una multitud de discípulos y de gente que venía a oírlo (Lucas 6:17). Jesús pide algo que va contra la lógica de cualquier época: «Porque si amáis á los que os aman, ¿qué gracias tendréis? porque también los pecadores aman á los que los aman.» Aquí “gracias” quiere decir mérito, algo fuera de lo común. Amar al que nos ama, ayudar al que nos ayuda o prestar al que nos va a devolver es un intercambio justo; cualquiera lo hace. Lo propio de los hijos de Dios es otra cosa: «Amad, pues, á vuestros enemigos, y haced bien, y prestad, no esperando de ello nada; y será vuestro galardón grande, y seréis hijos del Altísimo: porque él es benigno para con los ingratos y malos.»

    Esto revela algo de Dios: es “benigno para con los ingratos”. Hace salir el sol sobre todos, también sobre los que nunca le dan las gracias. Dar sin esperar no es ingenuidad; es parecerse al Padre. Por eso Jesús sigue: «Sed pues misericordiosos, como también vuestro Padre es misericordioso.» El último versículo del pasaje se ha usado muchas veces para prometer dinero a cambio de ofrendas, pero en su contexto Jesús está hablando de misericordia, de no juzgar y de perdonar: «Dad, y se os dará; medida buena, apretada, remecida, y rebosando darán en vuestro seno: porque con la misma medida que midiereis, os será vuelto á medir.» La imagen es la de un costal de grano que se llena hasta rebosar. No es una fórmula para recibir más, sino una advertencia y una esperanza: la medida con que tratamos a los demás, dura o misericordiosa, es la que se usará con nosotros. Y el galardón que Jesús nombra es ser “hijos del Altísimo”.

    Jesús vivió así. Un día sanó a diez leprosos y solo uno volvió a darle las gracias: «Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?» (Lucas 17:17). Le dolió la ingratitud, y lo dijo; pero no les quitó la sanidad a los otros nueve. Su bondad no dependía de la respuesta de ellos.

    Tu parte no es fingir que no te dolió. Es verdad que el compañero te falló y que algunos vecinos fueron desagradecidos. También es sabio poner límites: no tienes que prestar lo que no puedes perder ni dejar que abusen de tu tiempo, y puedes hablar con claridad con quien te debe. Pero no dejes que la ingratitud de unos te cierre el corazón para todos. La pregunta de esta noche no es si los demás lo merecen, sino a quién quieres parecerte. Quizá el primer paso sea bajar al tercero con tu caja de herramientas, sin esperar ni las gracias.

    ¿Estás ayudando como quien hace un intercambio, o como un hijo que se parece a su Padre?

  3. Orar Oratio

    Padre, gracias por mi oficio, por las manos que me diste para arreglar lo que se rompe, por la rodilla que se recuperó y por la casa donde vivo. Tú sabes cuánto me dolió la ingratitud de algunos, y cómo eso me ha ido endureciendo. Me pongo en tus manos y te pido que se haga tu voluntad, no mi resentimiento. Muéstrame qué hay en mi corazón cuando ayudo, dame sabiduría para poner límites sanos y valor para seguir haciendo el bien sin llevar cuentas. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, el mismo que hace salir el sol cada mañana sobre agradecidos e ingratos. Su bondad contigo no depende de tu respuesta. Que el Espíritu de Dios ablande en este silencio lo que la ingratitud endureció.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu manera de dar y de ayudar?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué cuenta pendiente, qué deuda o qué resentimiento por la ingratitud de otros necesitas poner en las manos de Dios?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana temprano bajaré al tercero a revisar la cocina de la vecina, sin cobrarle y sin esperar nada. Esta semana llamaré a mi compañero para hablar con calma de los seiscientos euros, y decidiré delante de Dios si se los perdono”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Lucas 10:30-37. El buen samaritano ayuda sin preguntar si el herido lo merece.
    «Y él dijo: El que usó con él de misericordia. Entonces Jesús le dijo: Ve, y haz tú lo mismo.» (Lucas 10:37)
  • Lucas 17:11-19. Jesús sana a diez leprosos, aunque solo uno vuelve a agradecer.
    «Y respondiendo Jesús, dijo: ¿No son diez los que fueron limpios? ¿Y los nueve dónde están?» (Lucas 17:17)
  • Mateo 5:43-45. El Padre hace salir su sol sobre malos y buenos.
    «Para que seáis hijos de vuestro Padre que está en los cielos: que hace que su sol salga sobre malos y buenos, y llueve sobre justos é injustos.» (Mateo 5:45)
  • Proverbios 3:27-28. No negar el bien cuando está en nuestra mano hacerlo.
    «No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo.» (Proverbios 3:27)

Esta oración se lee los días: 30 de marzo.

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