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Habitar a la sombra
El que habita al abrigo del Altísimo: Salmo 91:1
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Salmo 91:1-4 RV1909
Tienes sesenta y un años y vendes jugos y fruta picada en un carrito, en una esquina cerca del mercado. A las diez de la mañana el sol ya quema, y cada hora empujas el carrito unos metros para seguir la sombra del almendro: si te descuidas, el hielo se derrite y los clientes pasan de largo. Hoy, mientras lo movías, te acordaste de algo que te dijo tu nieta: “Abuela, usted solo reza cuando está asustada”. Tiene razón. Cuando a ella la operaron oraste todas las noches; cuando salió bien, se te olvidó. Ahora la alcaldía anuncia que va a sacar a los vendedores de la esquina, y otra vez corres a Dios, y te da vergüenza: sientes que solo lo buscas cuando el sol aprieta.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día de trabajo, por lo que vendí y aun por lo que no vendí, por mi nieta y por la sombra que me cubrió bajo ese sol. Me quedo en silencio delante de ti… No quiero buscarte solo cuando tengo miedo; quiero aprender a vivir contigo. Pongo en tus manos lo que decida la alcaldía: si lo tienes a bien, déjame seguir en mi esquina, y si no, dame sabiduría para aceptarlo y buscar otro camino. Mañana quiero empezar el día contigo. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente. 2Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré. 3Y él te librará del lazo del cazador: de la peste destruidora. 4Con sus plumas te cubrirá, y debajo de sus alas estarás seguro: escudo y adarga es su verdad.
Salmo 91:1-4 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
El Salmo 91 abre con una frase que muchos saben de memoria: «El que habita al abrigo del Altísimo, morará bajo la sombra del Omnipotente.» En la tierra de Israel, de sol duro y pocos árboles, la sombra no era un lujo: era la diferencia entre seguir el camino o desfallecer. Isaías habla de un refugio “como sombra de gran peñasco en tierra calurosa” (Isaías 32:2). Pero fíjate en los verbos: “habita” y “morará”. No dice el que visita la sombra cuando el sol aprieta, sino el que vive allí. Y enseguida el salmista lo vuelve personal: «Diré yo á Jehová: Esperanza mía, y castillo mío; mi Dios, en él confiaré.»
Esto revela algo de Dios: no es una sombrilla que se abre en la emergencia y se guarda cuando todo sale bien; es un lugar donde vivir. Y tiene una paciencia enorme: te recibe también hoy, aunque llegues asustada y con vergüenza. Tu carrito te enseña algo más: la sombra se mueve con el sol, y quien quiere quedarse en ella tiene que moverse también, una y otra vez, durante todo el día. Habitar a la sombra de Dios es así: volver a él muchas veces, en lo pequeño, también cuando no hay crisis. Y no es un escudo mágico: estar bajo su sombra no garantiza que la alcaldía no te saque de la esquina, pero sí que no enfrentarás esa decisión sola ni sin rumbo.
Jesús lo enseñó con la imagen de la vid: «Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí.» (Juan 15:4). Permanecer es una relación de todos los días, no una visita de urgencia. Tu parte es empezar con pasos sencillos: un saludo a Dios cuando abres el carrito, una frase del salmo mientras esperas clientes, gracias al final del día aunque hayas vendido poco. Y no estás sola en la esquina: los otros vendedores tienen el mismo miedo. Organizarte con ellos, pedir información en la alcaldía y hablar con respeto también es habitar en Dios con los pies en la tierra.
¿Visitas la sombra de Dios cuando el sol aprieta, o estás aprendiendo a vivir en ella?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi trabajo, por cada cliente, por la salud de mi nieta y por la sombra de cada día, que tantas veces no he agradecido. Reconozco que te busco más cuando tengo miedo que cuando estoy bien. Si lo tienes a bien, déjame seguir trabajando en mi esquina; si no, muéstrame otro camino. Enséñame a habitar en ti todos los días y dame constancia para volver a ti en lo pequeño. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente ahora, como una sombra que no se va, aunque tú te hayas alejado muchas veces. No necesitas una crisis para estar con él. Que el Espíritu de Dios te enseñe a quedarte y a habitar en su presencia.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la diferencia entre visitarlo y habitar en él?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué miedo por tu trabajo, o qué vergüenza por haberte alejado, necesitas poner hoy en las manos de Dios, de corazón?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana, al abrir el carrito, daré gracias a Dios antes de vender, y en la tarde hablaré con los otros vendedores para ir juntos a pedir información a la alcaldía. Esta noche le diré a mi nieta que tenía razón, y le pediré que ore conmigo”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Juan 15:4-10. Permanecer en Jesús, como el pámpano en la vid, cada día.
«Estad en mí, y yo en vosotros. Como el pámpano no puede llevar fruto de sí mismo, si no estuviere en la vid; así ni vosotros, si no estuviereis en mí.» (Juan 15:4) - Salmo 27:4-5. David pide una sola cosa: estar en la casa de Jehová todos los días de su vida.
«Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo.» (Salmo 27:4) - Isaías 32:1-2. Un refugio como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.
«Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como acogida contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa.» (Isaías 32:2) - Salmo 121:5-8. Jehová es tu sombra a tu mano derecha.
«Jehová es tu guardador: Jehová es tu sombra á tu mano derecha.» (Salmo 121:5)
Esta oración se lee los días: 9 de enero.