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Aprender a escuchar a Dios
Habla, que tu siervo oye
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: 1 Samuel 3:1-10 RV1909
Tienes veintiún años, eres de Puebla y estás haciendo un semestre de intercambio en la Universidad de Salamanca. Vives en un piso compartido con tres chicas que salen casi todas las noches. Tú te quedas en tu cuarto con los auriculares puestos: pódcasts cristianos, música de alabanza, videos de predicadores, llamadas a tu mamá. No soportas el silencio, porque en el silencio aparecen la nostalgia y una pregunta que te asusta: tu beca te permite alargar el intercambio otro semestre, y no sabes si quedarte o volver. Oras mucho, pero siempre hablas tú: listas, argumentos, “dime que sí o dime que no”. El domingo, una señora mayor de la iglesia donde te congregas te dijo con cariño: “Hija, le hablas tanto a Dios que no le dejas meter baza”. Te reíste, pero no se te ha olvidado.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por esta ciudad, por las personas que me has puesto cerca y por llamarme por mi nombre aunque yo casi nunca me detengo a oírte. Habla, que tu sierva oye. Me quedo en silencio delante de ti… No quiero llenar este momento con mis listas; quiero escucharte. Pongo en tus manos mi decisión; que se haga tu voluntad y no la mía. Dame un corazón quieto, paciencia para esperar tu luz y disciplina para buscarte en el silencio cada día. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Y EL joven Samuel ministraba á Jehová delante de Eli: y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días; no había visión manifiesta. 2Y aconteció un día, que estando Eli acostado en su aposento, cuando sus ojos comenzaban á oscurecerse, que no podía ver, 3Samuel estaba durmiendo en el templo de Jehová, donde el arca de Dios estaba: y antes que la lámpara de Dios fuese apagada, 4Jehová llamó á Samuel; y él respondió: Heme aquí. 5Y corriendo luego á Eli, dijo: Heme aquí; ¿para qué me llamaste? Y Eli le dijo: Yo no he llamado; vuélvete á acostar. Y él se volvió, y acostóse. 6Y Jehová volvió á llamar otra vez á Samuel. Y levantándose Samuel vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Y él dijo: Hijo mío, yo no he llamado; vuelve, y acuéstate. 7Y Samuel no había conocido aún á Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada. 8Jehová pues llamó la tercera vez á Samuel. Y él levantándose vino á Eli, y dijo: Heme aquí; ¿para qué me has llamado? Entonces entendió Eli que Jehová llamaba al joven. 9Y dijo Eli á Samuel: Ve, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, que tu siervo oye. Así se fué Samuel, y acostóse en su lugar. 10Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye.
1 Samuel 3:1-10 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
La historia ocurre en tiempos difíciles para Israel: «Y EL joven Samuel ministraba á Jehová delante de Eli: y la palabra de Jehová era de estima en aquellos días; no había visión manifiesta.» “De estima” quiere decir escasa, rara. Samuel era aquel niño por el que Ana había orado, y ahora servía en el templo junto al anciano sacerdote Elí. Una noche, antes de que se apagara la lámpara del santuario, es decir, en la madrugada, Dios lo llamó por su nombre. Samuel corrió tres veces adonde Elí, creyendo que era él. El texto explica por qué: «Y Samuel no había conocido aún á Jehová, ni la palabra de Jehová le había sido revelada.» Fue Elí, un hombre con muchas fallas, quien entendió lo que pasaba y le enseñó a responder: «Y dijo Eli á Samuel: Ve, y acuéstate: y si te llamare, dirás: Habla, Jehová, que tu siervo oye. Así se fué Samuel, y acostóse en su lugar.» Y entonces: «Y vino Jehová, y paróse, y llamó como las otras veces: ¡Samuel, Samuel! Entonces Samuel dijo: Habla, que tu siervo oye.»
Esto revela que es Dios quien toma la iniciativa: llama por el nombre, insiste con paciencia, se acerca. También muestra que escuchar a Dios se aprende, y que a veces necesitamos a alguien con más camino que nos ayude a reconocer su voz. Fíjate en la oración de Samuel: no dijo “oye, que tu siervo habla”, sino “habla, que tu siervo oye”. Ahora bien, escuchar a Dios no es esperar una voz audible ni una señal extraordinaria para cada decisión. Lo normal es que Dios hable por su Palabra leída con calma, por la conciencia, por el consejo de personas sabias, por las circunstancias y por la paz que da su Espíritu; y lo que él diga nunca contradice la Escritura. Escuchar también implica estar dispuesto a obedecer: lo que Samuel oyó esa noche fue un mensaje difícil, no lo que él habría querido.
Jesús, aun en los días de más trabajo, buscaba el silencio para estar con el Padre: «Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.» (Marcos 1:35). Y prometió que los suyos aprenderían a reconocer su voz: «Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen;» (Juan 10:27). Una oveja conoce la voz de su pastor porque pasa tiempo con él.
Tu parte es hacerle espacio al silencio, aunque al principio incomode. Quítate los auriculares, lee despacio un pasaje, pregúntale a Dios “¿qué esperas de mí?” y quédate callada. Vendrán la nostalgia, los pendientes y mil pensamientos; es normal: vuelve con suavidad. Escribe lo que vayas entendiendo, conversa la decisión con esa señora de la iglesia y con tus padres, y ponte delante de Dios dispuesta a cualquiera de las dos respuestas. Escuchar a Dios también te enseñará a escuchar a las personas: tus compañeras de piso, por ejemplo, a las que casi no conoces.
¿Cuánto espacio le dejas a Dios para hablar cuando oras, y qué ruido usas para no escuchar?
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Orar Oratio
Señor, gracias por esta oportunidad de estudiar lejos de casa, por mi beca, por mi familia que me espera y por la señora que me dijo la verdad con cariño. Reconozco que te hablo mucho y te escucho poco, y que a veces lleno el silencio para no sentir la nostalgia ni enfrentar la decisión. Habla, que tu sierva oye. Si lo tienes a bien, muéstrame si debo quedarme o volver; y dame disciplina para hacer silencio y valor para obedecer lo que me muestres, aunque no sea lo que yo quería. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, en tu cuarto lejos de casa, y que te llama por tu nombre. No tienes que llenar este silencio con palabras. Que el Espíritu de Dios te enseñe a escuchar, sin prisa, lo que él quiere decirte.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy cuando te quedaste en silencio para escucharlo?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué decisión, qué miedo o qué deseo de controlar la respuesta necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Cada noche de esta semana me quitaré los auriculares, leeré despacio un pasaje y me quedaré en silencio antes de pedir nada. Anotaré lo que vaya entendiendo y el domingo invitaré a un café a la señora de la iglesia para contarle mi decisión y escuchar su consejo. Y una noche me quedaré en la cocina para preguntarle a una de mis compañeras de piso cómo está, de verdad”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 9:28-36. En el monte, la voz de Dios pide una sola cosa: a él oíd.
«Y vino una voz de la nube, que decía: Este es mi Hijo amado; á él oid.» (Lucas 9:35) - Salmo 85:8-13. Escucharé lo que hablará el Dios Jehová, porque hablará paz.
«Escucharé lo que hablará el Dios Jehová: porque hablará paz á su pueblo y á sus santos, para que no se conviertan á la locura.» (Salmo 85:8) - Juan 10:1-5. Las ovejas siguen al pastor porque conocen su voz.
«Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.» (Juan 10:4)
Esta oración se lee los días: 31 de agosto.