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Hijos que deciden de la mano de Dios
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Proverbios 4:1-9 RV1909
Tienes cuarenta y seis años y repartes huevos y lácteos a las tiendas de Pereira en un camión que te costó años pagar. Sales a las cuatro de la mañana y vuelves de noche. Siempre has decidido por tu hijo Samuel: el colegio, el deporte, los amigos que le convienen. Ya le dijiste que va a estudiar medicina porque “es lo que da prestigio”, y hasta le señalaste a la muchacha de “buena familia” de la iglesia. Samuel tiene diecisiete años y esta semana debe inscribirse en la universidad, pero lleva días con el formulario abierto sin llenarlo. Anoche te dijo, con la voz quebrada: “Pa, usted nunca me ha preguntado qué quiero. Ni siquiera sé cómo se decide algo”. Te quedaste callado. Le enseñaste a obedecer, pero no a decidir, y nunca han orado juntos por una decisión.
Oración de la noche
Padre, gracias por este día, por mi hijo, por la casa y el pan, y por lo que hoy me mostraste de mí. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos el futuro de Samuel; no es mío, es tuyo, y también es de él. No quiero que mi miedo decida por él. Enséñame a acompañarlo con paciencia, a orar con él y a confiar en que, pase lo que pase, decidir de tu mano nos dará paz. Hágase tu voluntad y no la mía. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Oid, hijos, la doctrina de un padre, y estad atentos para que conozcáis cordura. 2Porque os doy buena enseñanza; no desamparéis mi ley. 3Porque yo fuí hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre. 4Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás: 5Adquiere sabiduría, adquiere inteligencia; no te olvides ni te apartes de las razones de mi boca; 6No la dejes, y ella te guardará; ámala, y te conservará. 7Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría: y ante toda tu posesión adquiere inteligencia. 8Engrandécela, y ella te engrandecerá: ella te honrará, cuando tú la hubieres abrazado. 9Adorno de gracia dará á tu cabeza: corona de hermosura te entregará.
Proverbios 4:1-9 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
El libro de Proverbios reúne enseñanzas para vivir con sabiduría, y muchas están escritas como la voz de un padre que habla a sus hijos. En el capítulo 4 ese padre comienza así: «Oid, hijos, la doctrina de un padre, y estad atentos para que conozcáis cordura.» Y enseguida recuerda que él también fue un muchacho al que su padre formó: «Porque yo fuí hijo de mi padre, delicado y único delante de mi madre.» «Y él me enseñaba, y me decía: Mantenga tu corazón mis razones, guarda mis mandamientos, y vivirás:» Son tres generaciones. Y lo que el padre entrega no es una lista de decisiones ya tomadas, sino una manera de decidir: «Sabiduría ante todo: adquiere sabiduría: y ante toda tu posesión adquiere inteligencia.» En Proverbios, la sabiduría es el arte de vivir según Dios, y la inteligencia es la capacidad de discernir. “Ante toda tu posesión” quiere decir: más que cualquier cosa que puedas tener; más que el mejor colegio, el mejor título o el mejor partido.
Esto revela algo de Dios: él es la fuente de esa sabiduría. «Porque Jehová da la sabiduría, y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.» (Proverbios 2:6). Y no la reserva para unos pocos: «Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.» (Santiago 1:5). Los proverbios no son garantías automáticas: hay hijos bien formados que se equivocan y padres que lo hicieron todo con amor y aun así sufren. Lo que la sabiduría sí da es un camino para andar con Dios. Formar a un hijo para que decida desde la paz, la reflexión y la ayuda de Dios no garantiza el éxito, pero sí la tranquilidad de haber decidido de su mano.
De Jesús, cuando era muchacho, dice el evangelio: «Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.» (Lucas 2:52). Ya adulto, antes de escoger a los doce, hizo esto: «Y aconteció en aquellos días, que fué al monte á orar, y pasó la noche orando á Dios.» (Lucas 6:12). Las grandes decisiones de Jesús nacieron en la oración.
Tu parte es más lenta que decidir por Samuel: preguntarle, escucharlo sin interrumpir, contarle cómo has decidido tú (con tus aciertos y tus errores), orar con él y dejarlo escoger, aunque no sea lo que soñaste. Su valor no depende de la carrera que estudie ni de con quién se case, sino de lo que es ante Dios. Y eso pide tiempo: quizá el camión tenga que esperar algunas mañanas. Lo que tu hijo más necesita ahora no es tu respuesta, sino tu compañía.
¿Le estás enseñando a tu hijo a obedecer tus decisiones, o a tomar las suyas de la mano de Dios?
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Orar Oratio
Padre, gracias por la vida de mi hijo, por los diecisiete años que me has dejado verlo crecer, por el trabajo que nos sostiene y por la confianza que tuvo para decirme lo que siente. Reconozco que muchas veces decidí por él, por miedo o por orgullo, y que casi nunca le enseñé a buscarte antes de decidir. Muéstrame qué esperas de mí como padre. Si lo tienes a bien, dale claridad para escoger su camino; y si ese camino no es el que yo soñé, dame humildad para aceptarlo. Dame paciencia para escucharlo, sabiduría para aconsejar sin imponer y disciplina para sacar tiempo para él. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y también en el cuarto de tu hijo, donde quizá él tampoco duerme pensando en su futuro. Dios es Padre de los dos. Que el Espíritu de Dios te enseñe en este silencio a soltar el control y a confiar.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu manera de acompañar las decisiones de tus hijos?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué sueño, miedo o deseo de controlar el futuro de tus hijos necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Este sábado no saldré temprano con el camión: desayunaré con Samuel y le preguntaré qué le gusta, qué le preocupa y qué ha pensado, sin darle mi respuesta. Le contaré cómo tomé yo las decisiones importantes de mi vida, con lo que salió bien y lo que no, y le propondré que oremos juntos cada noche esta semana. También invitaré a su amigo Andrés, que no tiene a su papá cerca, a acompañarnos a almorzar”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 2:41-52. Jesús crece en sabiduría y en gracia junto a unos padres que no siempre lo entienden.
«Y Jesús crecía en sabiduría, y en edad, y en gracia para con Dios y los hombres.» (Lucas 2:52) - Santiago 1:5-8. Pedir sabiduría a Dios, que la da a todos abundantemente.
«Y si alguno de vosotros tiene falta de sabiduría, demándela á Dios, el cual da á todos abundantemente, y no zahiere; y le será dada.» (Santiago 1:5) - Efesios 6:1-4. Criar a los hijos sin provocarlos a ira, en la disciplina y la enseñanza del Señor.
«Y vosotros, padres, no provoquéis á ira á vuestros hijos; sino criadlos en disciplina y amonestación del Señor.» (Efesios 6:4) - Salmo 78:1-7. Contar a la generación que viene las obras de Dios, para que pongan en él su confianza.
«No las encubriremos á sus hijos, contando á la generación venidera las alabanzas de Jehová, y su fortaleza, y sus maravillas que hizo.» (Salmo 78:4)
Esta oración se lee los días: 3 de abril.