Oración de la Noche

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Consuelo para los enlutados y los quebrantados

Isaías 61:3: óleo de gozo en lugar de luto

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Isaías 61:1-3 RV1909

Tienes cuarenta y cuatro años y eres abogado de oficio en Humacao, Puerto Rico: defiendes a quienes no pueden pagar un abogado. Hace ocho meses murió tu esposa, Marisol, de un derrame cerebral, una mañana cualquiera mientras preparaba el desayuno. Te quedaste con dos hijos, de doce y nueve años. Desde el funeral no has parado: tomas más casos que nunca, llegas al tribunal antes que nadie y en la casa resuelves tareas, compras y cuentas. Todos te dicen que eres muy fuerte. Pero no has llorado. Su ropa sigue en el clóset, apagas la radio cuando suenan los coros que ella cantaba en la iglesia, y anoche tu hija menor te preguntó por qué nunca hablas de mami. No supiste qué contestarle, y te encerraste a revisar un expediente.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por mis hijos dormidos en sus cuartos, por los recuerdos de Marisol y por las personas que han estado cerca de nosotros. Me quedo en silencio delante de ti… Aquí no tengo que ser fuerte. Pongo en tus manos mi tristeza, mis preguntas y el miedo de no saber criar solo a mis hijos. Si lo tienes a bien, dale a esta casa óleo de gozo en lugar del luto, a tu tiempo; y mientras tanto, dame valor para llorar, para hablar de ella y para dejarme ayudar. Hágase tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1El espíritu del Señor Jehová es sobre mí, porque me ungió Jehová; hame enviado á predicar buenas nuevas á los abatidos, á vendar á los quebrantados de corazón, á publicar libertad á los cautivos, y á los presos abertura de la cárcel; 2A promulgar año de la buena voluntad de Jehová, y día de venganza del Dios nuestro; á consolar á todos los enlutados; 3A ordenar á Sión á los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.

    Isaías 61:1-3 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    En Isaías 61 habla un siervo ungido por Dios y enviado a un pueblo que había vuelto del destierro a una Jerusalén en ruinas: «El espíritu del Señor Jehová es sobre mí, porque me ungió Jehová; hame enviado á predicar buenas nuevas á los abatidos, á vendar á los quebrantados de corazón, á publicar libertad á los cautivos, y á los presos abertura de la cárcel;» “Vendar” es lo que se hace con una herida: con cuidado, sin apurar, dándole tiempo. Y el anuncio sigue: «A ordenar á Sión á los enlutados, para darles gloria en lugar de ceniza, óleo de gozo en lugar del luto, manto de alegría en lugar del espíritu angustiado; y serán llamados árboles de justicia, plantío de Jehová, para gloria suya.» En Israel, quien estaba de luto se echaba ceniza en la cabeza y dejaba de perfumarse con aceite; el aceite perfumado era señal de fiesta.

    Esto revela algo de Dios: se acerca a los enlutados; no les pide que no lloren ni que se hagan los fuertes. El pasaje empieza con personas de luto, con ceniza en la cabeza; la gloria viene “en lugar de” la ceniza, pero no se salta la ceniza. Tampoco promete que el dolor desaparecerá pronto. Fíjate en la imagen final: “árboles”, “plantío”. Un árbol crece despacio. El consuelo de Dios suele llegar así, poco a poco, en su tiempo.

    Jesús leyó este pasaje en la sinagoga de Nazaret y dijo que se cumplía ese día: «El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para poner en libertad á los quebrantados:» (Lucas 4:18). Y frente a la tumba de su amigo Lázaro, sabiendo lo que iba a hacer, se permitió llorar: «Y lloró Jesús.» (Juan 11:35). Si Jesús lloró, llorar no es falta de fe. Él mismo dijo: «Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.» (Mateo 5:4).

    Tu parte es permitirte el duelo. Ser fuerte no es no llorar; a veces es atreverse a llorar delante de Dios y de tus hijos. Ellos necesitan hablar de su mamá y ver que tú también la extrañas. El trabajo puede volverse un escondite: quizá te toque tomar menos casos por un tiempo. Un duelo guardado puede convertirse en depresión; buscar a un psicólogo o un grupo de apoyo para ti y para tus hijos es parte del cuidado de Dios, no falta de fe. Deja que otros te consuelen. Y algún día, quizá, podrás consolar a otros con el mismo consuelo que hoy recibes.

    ¿Te has permitido llorar delante de Dios y delante de tus hijos?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por los años que me diste con Marisol, por su risa, por sus coros, por mis dos hijos y por el trabajo que nos sostiene. Tú sabes cuánto la extraño, que me he escondido en el trabajo para no sentir y que mis hijos necesitan que les hable de ella. No entiendo por qué se fue tan pronto, y no te pido entenderlo ahora. Si lo tienes a bien, consuela mi casa; dame valor para llorar, humildad para pedir ayuda y sabiduría para acompañar el dolor de mis hijos. Hágase tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, en tu casa, junto al clóset que todavía guarda la ropa de Marisol. No tienes que ser fuerte delante de él. Que el Espíritu de Dios te consuele en este silencio, y que las lágrimas que vengan sean también oración.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu dolor y sobre su consuelo?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué dolor escondido, qué exigencia de ser fuerte o qué pregunta sin respuesta necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana en la cena les diré a mis hijos que yo también extraño a mami, y les pediré que cada uno cuente un recuerdo de ella. Esta semana llamaré a la psicóloga que me recomendó el pastor para empezar a ir con ellos, y le pediré a mi supervisor que no me asigne casos nuevos por un tiempo. El sábado invitaré a almorzar a mi suegra, que también la llora”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Juan 11:17-27. Marta le dice a Jesús su dolor sin esconderlo.
    «Y Marta dijo á Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no fuera muerto;» (Juan 11:21)
  • 2 Corintios 1:3-7. Dios nos consuela para que también podamos consolar a otros.
    «El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.» (2 Corintios 1:4)
  • Lamentaciones 3:31-33. Aun en la aflicción, Dios se compadece según sus muchas misericordias.
    «Antes si afligiere, también se compadecerá según la multitud de sus misericordias.» (Lamentaciones 3:32)
  • Romanos 12:15. Llorar con los que lloran.
    «Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.» (Romanos 12:15)

Esta oración se lee los días: 25 de septiembre.

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