Oración de la Noche › Archivo › Jeremías 17:7: bendito el varón que se fía en Jehová
Árbol junto a las aguas: dónde pongo mi confianza
Jeremías 17:7: bendito el varón que se fía en Jehová
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Jeremías 17:5-8 RV1909
Tienes cincuenta y ocho años y una estancia de ganado en el Chaco paraguayo, a dos horas de Pozo Colorado por camino de tierra. Siempre has dicho con orgullo que te hiciste solo: empezaste con doce vacas y hoy tienes cuatrocientas cabezas. El año pasado sacaste un préstamo grande en el banco para comprar más novillos, seguro de que el precio iba a subir. Pero este año no llovió. El tajamar está casi seco, el pasto se quemó, los animales están flacos y el frigorífico paga cada vez menos. Te despiertas a las tres de la mañana a revisar el pronóstico en el celular. A los peones les gritas por cualquier cosa, y a tu esposa no le has contado cuánto debes. Solo oras cuando miras el cielo sin nubes, y aun así sientes que hablas solo.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, aunque haya sido de calor y de preocupación; gracias por la vida, por mi casa, por mi familia y por cada animal que todavía está en pie. Me quedo en silencio delante de ti… Reconozco que por años me apoyé en mi brazo y que hoy siento que no alcanza. Pongo en tus manos la estancia, la deuda y el cielo sin nubes; que se haga tu voluntad y no la mía. Enséñame a echar raíces junto a tus aguas, a dormir confiando en ti y a hacer mañana lo que me toca con serenidad. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
5Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová. 6Pues será como la retama en el desierto, y no verá cuando viniere el bien; sino que morará en las securas en el desierto, en tierra despoblada y deshabitada. 7Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová. 8Porque él será como el árbol plantado junto á las aguas, que junto á la corriente echará sus raices, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto.
Jeremías 17:5-8 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Jeremías habló en Judá en años de crisis, cuando los reyes buscaban salvarse con alianzas políticas y confiaban en sus propios cálculos. En este pasaje pone lado a lado dos plantas. La primera: «Así ha dicho Jehová: Maldito el varón que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Jehová.» En la Biblia el brazo es la imagen de la fuerza; “poner carne por su brazo” es apoyarse solo en la fuerza humana, la propia o la de otros. Esa vida, dice el profeta, es como la retama del desierto, un arbusto que se queda seco en tierra salada y despoblada. La segunda planta es distinta: «Bendito el varón que se fía en Jehová, y cuya confianza es Jehová.»
Fíjate bien en lo que dice el versículo siguiente: «Porque él será como el árbol plantado junto á las aguas, que junto á la corriente echará sus raices, y no verá cuando viniere el calor, sino que su hoja estará verde; y en el año de sequía no se fatigará, ni dejará de hacer fruto.» El texto no promete que al árbol bendito no le llegue el calor ni la sequía: el calor llega, y el año seco también. La diferencia está en las raíces. Confiar en Dios no hace que llueva sobre tu estancia ni garantiza que el préstamo se pague solo; el mismo Jeremías pasó hambre y cárcel. Lo que Dios ofrece es otra cosa: ser tu fuente cuando todo se seca, para que el calor no te paralice y sigas dando fruto. Esto revela algo de Dios: no quiere ser tu último recurso cuando el cielo está sin nubes, sino el agua de la que bebes cada día.
Jesús enseñó lo mismo con la imagen de una planta: «Yo soy la vid, vosotros los pámpanos: el que está en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque sin mí nada podéis hacer.» (Juan 15:5). Él no despreció el trabajo; trabajó con sus manos. Pero nos advierte del engaño de creer que la vida depende solo de nuestro brazo.
Confiar en Dios no es cruzarse de brazos: el ganadero que confía sigue cuidando el agua, vende a tiempo una parte del ganado y va al banco a buscar salidas. Lo que cambia es el corazón: dejas de cargar todo solo. Tu esposa es tu compañera, no alguien a quien hay que proteger de la verdad; cuéntale lo que debes y decidan juntos. Pide consejo en la cooperativa o a otros productores. Trata con respeto a los peones, que también sufren la sequía. Y mira a tu alrededor: quizá hay un vecino más pequeño que ya se quedó sin agua. Si la angustia no te deja dormir durante semanas, buscar a un médico también es parte del cuidado de Dios.
¿En qué has puesto tus raíces: en tu brazo, en tu ganado, en el banco o en Dios?
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Orar Oratio
Señor, gracias por esta tierra que me has dejado trabajar tantos años, por los animales que todavía tengo, por mi esposa, por los peones que siguen a mi lado y por el agua que aún queda en el tajamar. Tú sabes cuánto me pesan esta sequía y esta deuda, y que he confiado más en mi brazo que en ti. Si lo tienes a bien, manda la lluvia; y si no, enséñame a echar raíces en ti en medio del calor. Dame humildad para contarle la verdad a mi esposa, sabiduría para tomar decisiones a tiempo y paciencia con los que trabajan conmigo. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y también en el campo seco, junto al tajamar y entre los animales que duermen afuera. Él conoce tu deuda y tu cansancio. Que el Espíritu de Dios te muestre en este silencio dónde están tus raíces.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre el lugar donde pones tu confianza?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué seguridad (tu experiencia, tu ganado, tu cuenta en el banco, tu fama de hombre que se hizo solo) necesitas poner en las manos de Dios? Entrégala de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana me sentaré con mi esposa a contarle toda la verdad sobre la deuda y oraremos juntos. El lunes iré al banco a pedir una refinanciación, y le ofreceré a don Ramón, mi vecino, que lleve agua de mi pozo para sus animales, porque él ya se quedó sin tajamar”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 8:22-25. Aun con Jesús en la barca llegó la tormenta; él pregunta a sus discípulos dónde está su fe.
«Y les dijo: ¿Qué es de vuestra fe? Y atemorizados, se maravillaban, diciendo los unos á los otros: ¿Quién es éste, que aun á los vientos y al agua manda, y le obedecen?» (Lucas 8:25) - Salmo 20:6-8. Unos confían en carros y otros en caballos; el salmista pone su memoria en el nombre de Jehová.
«Estos confían en carros, y aquéllos en caballos: mas nosotros del nombre de Jehová nuestro Dios tendremos memoria.» (Salmo 20:7) - 2 Corintios 1:8-10. Pablo, cargado más allá de sus fuerzas, aprende a no confiar en sí mismo sino en Dios.
«Mas nosotros tuvimos en nosotros mismos respuesta de muerte, para que no confiemos en nosotros mismos, sino en Dios que levanta los muertos:» (2 Corintios 1:9)
Esta oración se lee los días: 26 de septiembre.