Oración de la Noche › Archivo › Jonás: ¿haces tú bien en enojarte tanto?
El enojo cuando Dios tiene misericordia de quien yo no quiero
Jonás: ¿haces tú bien en enojarte tanto?
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Jonás 4:1-11 RV1909
Tienes cincuenta y dos años y fuiste lanchador durante ocho temporadas, en las Grandes Ligas y en la liga dominicana. Hoy vives en San Pedro de Macorís y los sábados entrenas gratis a muchachos del barrio en un play de tierra junto a la iglesia. A los dieciséis firmaste tu primer contrato, y el buscón que te entrenaba se quedó con casi la mitad del bono; se lo hizo también a otros muchachos. Nunca lo denunciaste. Hace un mes ese hombre empezó a venir a tu congregación: dice que Dios le cambió la vida, llora en el altar, y el domingo el pastor lo presentó y todos aplaudieron. Ahora quiere ayudarte con los muchachos del play. Tú no aplaudiste. Te salió una rabia que no conocías, y desde entonces llegas tarde al culto para no tener que saludarlo.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por mi familia, por el play de tierra y los muchachos que me confías, y por la paciencia que has tenido conmigo. Me quedo en silencio delante de ti… Me cuesta aceptar que tu misericordia sea también para él. Pongo en tus manos lo que me quitó y lo que siento. Si lo tienes a bien, ayúdame a sanar esta herida con el tiempo; y mientras tanto, dame disciplina para no alimentar el rencor, prudencia para cuidar a los muchachos y un corazón que se parezca más al tuyo. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Pero Jonás se apesadumbró en extremo, y enojóse. 2Y oró á Jehová, y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me precaví huyendo á Tarsis: porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo á enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal. 3Ahora pues, oh Jehová, ruégote que me mates; porque mejor me es la muerte que la vida. 4Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto? 5Y salióse Jonás de la ciudad, y asentó hacia el oriente de la ciudad, é hízose allí una choza, y se sentó debajo de ella á la sombra, hasta ver qué sería de la ciudad. 6Y preparó Jehová Dios una calabacera, la cual creció sobre Jonás para que hiciese sombra sobre su cabeza, y le defendiese de su mal: y Jonás se alegró grandemente por la calabacera. 7Mas Dios preparó un gusano al venir la mañana del día siguiente, el cual hirió á la calabacera, y secóse. 8Y acaeció que al salir el sol, preparó Dios un recio viento solano; y el sol hirió á Jonás en la cabeza, y desmayábase, y se deseaba la muerte, diciendo: Mejor sería para mí la muerte que mi vida. 9Entonces dijo Dios á Jonás: ¿Tanto te enojas por la calabacera? Y él respondió: Mucho me enojo, hasta la muerte. 10Y dijo Jehová: Tuviste tú lástima de la calabacera, en la cual no trabajaste, ni tú la hiciste crecer; que en espacio de una noche nació, y en espacio de otra noche pereció: 11¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento y veinte mil personas que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?
Jonás 4:1-11 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Dios envió a Jonás a Nínive, la capital de Asiria, el imperio más cruel de su tiempo y enemigo de Israel. Jonás huyó en dirección contraria: «Y Jonás se levantó para huir de la presencia de Jehová á Tarsis, y descendió á Joppe; y halló un navío que partía para Tarsis; y pagando su pasaje entró en él, para irse con ellos á Tarsis de delante de Jehová.» Después de la tormenta y del gran pez, fue y predicó, y la ciudad se arrepintió: «Y vió Dios lo que hicieron, que se convirtieron de su mal camino: y arrepintióse del mal que había dicho les había de hacer, y no lo hizo.» Y en el capítulo 4 aparece por fin la razón de su huida: «Y oró á Jehová, y dijo: Ahora, oh Jehová, ¿no es esto lo que yo decía estando aún en mi tierra? Por eso me precaví huyendo á Tarsis: porque sabía yo que tú eres Dios clemente y piadoso, tardo á enojarte, y de grande misericordia, y que te arrepientes del mal.» Jonás no temía que Dios fallara; temía que Dios perdonara.
Dios no le responde con un regaño, sino con una pregunta: «Y Jehová le dijo: ¿Haces tú bien en enojarte tanto?» Luego le enseña con una planta: Jonás se alegra por la calabacera que le da sombra y se enoja hasta desear la muerte cuando se seca. Dios le muestra la desproporción: «¿y no tendré yo piedad de Nínive, aquella grande ciudad donde hay más de ciento y veinte mil personas que no conocen su mano derecha ni su mano izquierda, y muchos animales?» El libro termina ahí, con la pregunta abierta; no sabemos qué contestó Jonás. La pregunta queda para nosotros. Esto revela a un Dios cuya misericordia no decidimos nosotros. Pero su misericordia no borra la verdad: Nínive se convirtió “de su mal camino”, con hechos. El arrepentimiento verdadero busca reparar, como Zaqueo: «Entonces Zaqueo, puesto en pie, dijo al Señor: He aquí, Señor, la mitad de mis bienes doy á los pobres; y si en algo he defraudado á alguno, lo vuelvo con el cuatro tanto.» (Lucas 19:8).
Jesús contó la historia de un padre con dos hijos. Cuando el menor volvió después de malgastarlo todo, el padre hizo fiesta, y el mayor reaccionó como Jonás: «Entonces se enojó, y no quería entrar. Salió por tanto su padre, y le rogaba que entrase.» (Lucas 15:28). El padre no echa a ninguno de los dos: la puerta queda abierta también para el que se quedó afuera, enojado; entrar es decisión suya.
Tu dolor es legítimo: lo que ese hombre te hizo fue injusto y dañó a otros muchachos. No tienes que fingir que no pasó. Pero vale la pena preguntarte con honestidad: ¿me enoja lo que hizo, o que Dios lo reciba? Lo que te quitó no define tu vida; tu valor viene de Dios, no de aquel bono. Perdonar no es lo mismo que ser imprudente: los muchachos del play son tu responsabilidad, y es sensato que, antes de darle un lugar con menores, haya tiempo, conversación con el pastor y señales de que quiere reparar. Eso es cuidado, no venganza. Quizá el primer paso sea una conversación sincera con él, con el pastor presente, y pedirle a Dios que te deje verlo como él lo ve.
¿Te molesta más lo que ese hombre hizo, o que Dios le tenga misericordia?
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Orar Oratio
Señor, gracias por los años de béisbol que me diste, por mi salud, por los muchachos del play y por tu misericordia, que también me alcanzó a mí cuando no la merecía. Tú sabes cuánto me dolió lo que ese hombre me quitó, y que hoy me enoja verlo recibido como si nada. Muéstrame qué hay en mi corazón. No se haga mi voluntad, sino la tuya: si su cambio es verdadero, ayúdame a alegrarme; y si no lo es, dame sabiduría para proteger a los muchachos sin vengarme. Dame valor para hablarle con la verdad y humildad para soltar el rencor. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, el mismo que esperó a Jonás junto a su choza y que te ha esperado a ti tantas veces. No tienes que esconderle tu enojo. Que el Espíritu de Dios te muestre en este silencio cómo mira él a ese hombre, y cómo te mira a ti.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu enojo frente a su misericordia?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué deseo de que el otro pague, de justicia a tu manera o de tener la última palabra necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Este domingo llegaré temprano al culto y lo saludaré. Le pediré al pastor una conversación entre los tres, para contar con calma lo que pasó cuando yo tenía dieciséis años y escuchar lo que él tenga que decir. Mientras tanto seguiré a cargo de los muchachos del play, y llamaré a Wilkin, que también firmó con él y nunca se recuperó, para preguntarle cómo está”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 9:51-56. Jacobo y Juan quieren fuego del cielo sobre un pueblo que los rechazó, y Jesús los reprende.
«Entonces volviéndose él, los reprendió, diciendo: Vosotros no sabéis de qué espíritu sois;» (Lucas 9:55) - Hechos 9:10-17. Ananías teme recibir a Saulo, el perseguidor, y termina llamándolo hermano.
«Ananías entonces fué, y entró en la casa, y poniéndole las manos encima, dijo: Saulo hermano, el Señor Jesús, que te apareció en el camino por donde venías, me ha enviado para que recibas la vista y seas lleno de Espíritu Santo.» (Hechos 9:17) - Lucas 6:27-31. Bendecir a los que nos maldicen y orar por quienes nos hacen daño.
«Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.» (Lucas 6:28)
Esta oración se lee los días: 17 de septiembre.