Oración de la Noche › Archivo › Marcos 9:24: creo, ayuda mi incredulidad
La fe honesta que también duda
Marcos 9:24: creo, ayuda mi incredulidad
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Marcos 9:20-24 RV1909
Tienes cuarenta y cuatro años y eres pallaquera en La Rinconada, en Puno, a más de cinco mil metros de altura: escoges, entre las piedras que botan las minas, los pedacitos que todavía brillan con oro. El frío te parte las manos y lo que sacas apenas alcanza. Tu hijo Wilber tiene once años y convulsiona desde los tres. Lo llevaste a la posta, a una curandera y a campañas de oración; el neurólogo de Juliaca le dio unas pastillas que ayudan, pero las crisis vuelven y no siempre tienes para comprarlas. El domingo, en el culto, un hermano oró por él y después te dijo: “si crees de verdad, no va a convulsionar más”. Esa misma noche Wilber tuvo dos crisis. Ahora temes que sea culpa de tu poca fe, y ya no sabes si crees.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por el pan que alcanzó, por mi hijo que duerme a mi lado y por las personas que nos ayudan. Me quedo en silencio delante de ti… No tengo una fe grande, pero vengo a ti con la que tengo. Pongo en tus manos a Wilber, su salud y su futuro. Hágase tu voluntad y no la mía. Quita de mí la culpa que no viene de ti, dame descanso esta noche y fuerzas mañana para cuidarlo con amor y con sabiduría. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
20Y se le trajeron: y como le vió, luego el espíritu le desgarraba; y cayendo en tierra, se revolcaba, echando espumarajos. 21Y Jesús preguntó á su padre: ¿Cuánto tiempo há que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño: 22Y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros. 23Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible. 24Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad.
Marcos 9:20-24 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Jesús baja del monte y encuentra una discusión: un padre había traído a su hijo, atormentado desde niño, y los discípulos no habían podido ayudarlo. Marcos describe el sufrimiento del muchacho con crudeza, y el diálogo entre Jesús y el padre es de los más humanos del evangelio: «Y Jesús preguntó á su padre: ¿Cuánto tiempo há que le aconteció esto? Y él dijo: Desde niño:» El padre, agotado después de tantos intentos, ya no se atreve a pedir con seguridad: «Y muchas veces le echa en el fuego y en aguas, para matarle; mas, si puedes algo, ayúdanos, teniendo misericordia de nosotros.» Jesús le devuelve su “si puedes”: «Y Jesús le dijo: Si puedes creer, al que cree todo es posible.» Y el padre responde con la oración más honesta: «Y luego el padre del muchacho dijo clamando: Creo, ayuda mi incredulidad.»
Esto revela algo de Dios: no exige una fe perfecta para escucharnos. El padre trae fe y duda mezcladas, y Jesús no lo rechaza; atiende a su hijo. Hay que leer con cuidado el versículo 23: “al que cree todo es posible” no es una fórmula para obtener lo que queremos, ni significa que, si algo no ocurre, la culpa es de quien no creyó lo bastante. Creer es confiar en Dios, no producir con la mente un resultado. Además, Marcos habla aquí de un espíritu que atormentaba al muchacho; el relato no enseña que toda enfermedad, como la epilepsia, tenga esa causa. Nadie puede decirte que las convulsiones de tu hijo son culpa de tu fe.
Jesús mismo, la noche antes de morir, oró con la verdad de su angustia y se rindió al Padre: «Y yéndose un poco más adelante, se postró sobre su rostro, orando, y diciendo: Padre mío, si es posible, pase de mí este vaso; empero no como yo quiero, sino como tú.» (Mateo 26:39). La fe verdadera pide con todo el corazón y, al mismo tiempo, deja la última palabra en manos de Dios.
Tu parte es seguir llevando a tu hijo a Jesús con tu fe pequeña, y también seguir cuidándolo con los medios que Dios pone a tu alcance. El tratamiento no es falta de fe: puede ser parte de la respuesta de Dios. Vale la pena preguntar en la posta cómo conseguir las pastillas por el seguro de salud, para que Wilber no se quede sin ellas. Y quizá haya otra madre en la mina que también carga sola con un hijo enfermo y necesita alguien que le diga que no es culpa suya.
¿Te atreves a presentarle a Dios tu fe tal como es, con su confianza y con sus dudas?
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Orar Oratio
Señor, gracias por la vida de Wilber, por cada día que lo tengo conmigo, por el médico que lo atiende, por las pastillas que lo ayudan y por las manos que me diste para trabajar. Tú sabes cuánto me duele verlo convulsionar y cuánto me pesaron esas palabras. Creo, ayuda mi incredulidad. Muéstrame tu voluntad; si lo tienes a bien, dale salud a mi hijo, y si no, danos sabiduría para cuidarlo y paz para aceptarlo. Dame valor para no rendirme, constancia con su tratamiento y un corazón que no se llene de culpa. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, en este cuarto frío, junto a la cama de tu hijo. No necesitas una fe enorme para estar delante de él; basta con venir como eres. Que el Espíritu de Dios sostenga tu fe pequeña en este silencio.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la fe que duda y aun así se acerca a él?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué culpa, duda o miedo por la salud de tu hijo necesitas poner en las manos de Dios esta noche? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana iré a la posta a preguntar cómo inscribir a Wilber en el seguro de salud para que le den sus pastillas. Le contaré a la pastora lo que me dijeron para que me acompañe en oración, y buscaré a la señora Justina, cuyo hijo también está enfermo, para decirle que no está sola”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Mateo 14:28-33. Pedro duda y se hunde, y Jesús extiende la mano y lo sostiene.
«Y luego Jesús, extendiendo la mano, trabó de él, y le dice: Oh hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?» (Mateo 14:31) - Salmo 42:1-5. El salmista habla con su alma abatida y decide esperar en Dios.
«¿Por qué te abates, oh alma mía, y te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar por las saludes de su presencia.» (Salmo 42:5) - Juan 9:1-3. Jesús rechaza la idea de que la enfermedad sea culpa del enfermo o de sus padres.
«Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.» (Juan 9:3)
Esta oración se lee los días: 13 de octubre.