Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

Oración de la Noche › Archivo › Oseas 11:4: con cuerdas de amor los traje

El amor de Dios como el de un padre que enseña a caminar

Oseas 11:4: con cuerdas de amor los traje

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Oseas 11:1-4 RV1909

Tienes sesenta y un años y desde hace doce eres maestro de la escuela dominical de los niños en una iglesia de Santiago de Cuba. Cada sábado preparas la clase con dibujos y canciones. Desde hace tres meses llega Yandel, de ocho años: corre por el salón, interrumpe, dice malas palabras y rompe los creyones. Su papá está preso y su mamá trabaja todo el día. El domingo pasado perdiste la paciencia, lo agarraste fuerte por el brazo y le gritaste delante de todos. Después le dijiste al pastor: “O se va él o me voy yo”. Esa noche te acordaste de tu papá, que te enseñó todo a gritos y con el cinturón, y caíste en la cuenta de que les hablas a los niños del amor de Dios con la misma dureza con que te enseñaron a ti.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por mi vida, por la iglesia y por los niños que me confías, también por Yandel. Me quedo en silencio delante de ti… Tú me has guiado con cuerdas de amor, aun cuando yo me iba de tu presencia. Pongo en tus manos la dureza que aprendí y la vergüenza de lo que hice el domingo. Ayúdame a entender qué debo cambiar en mí y dame valor para pedir perdón, paciencia para empezar de nuevo y ternura para enseñar como tú enseñas. Hágase tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé á mi hijo. 2Como los llamaban, así ellos se iban de su presencia; á los Baales sacrificaban, y á las esculturas ofrecían sahumerios. 3Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba. 4Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor: y fuí para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida.

    Oseas 11:1-4 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Oseas profetizó en el reino del norte, Israel (al que también llama Efraín), en una época de prosperidad y de infidelidad a Dios. En el capítulo 11, Dios habla como un padre que recuerda la niñez de su hijo: «Cuando Israel era muchacho, yo lo amé, y de Egipto llamé á mi hijo.» Pero el hijo se alejaba: «Como los llamaban, así ellos se iban de su presencia; á los Baales sacrificaban, y á las esculturas ofrecían sahumerios.» Y aun así, Dios recuerda: «Yo con todo eso guiaba en pies al mismo Ephraim, tomándolos de sus brazos; y no conocieron que yo los cuidaba.» Es la imagen de un papá que le enseña a caminar a su niño, sosteniéndolo de los brazos mientras tambalea.

    Y sigue: «Con cuerdas humanas los traje, con cuerdas de amor: y fuí para ellos como los que alzan el yugo de sobre sus mejillas, y llegué hacia él la comida.» Las “cuerdas humanas” no son las sogas con que se arrea al ganado, sino los lazos del trato humano, del cariño. El campesino que levanta el yugo de las mejillas del buey lo hace para que descanse y pueda comer. Así guía Dios: con amor, no con el látigo. Oseas no esconde que la infidelidad del pueblo traería consecuencias, pero unos versículos después Dios dice que su corazón se conmueve dentro de él, y declara: «No ejecutaré el furor de mi ira, no volveré para destruir á Ephraim: porque Dios soy, y no hombre; el Santo en medio de ti: y no entraré en la ciudad.» “Dios soy, y no hombre”: su amor no se parece a nuestra dureza.

    Jesús recibió a los niños cuando sus discípulos querían apartarlos: «Y Jesús dijo: Dejad á los niños, y no les impidáis de venir á mí; porque de los tales es el reino de los cielos.» (Mateo 19:14). Y enseñó: «Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.» (Mateo 18:5). Yandel, con sus malas palabras y sus creyones rotos, es uno de esos niños.

    Lo que recibiste de tu papá te marcó, pero no te define: tu valor viene de Dios, y con su ayuda puedes aprender otra manera de enseñar. Tu parte es reconocer tu falta y pedirle perdón a Yandel. Poner límites es necesario, pero se puede hacer con cuerdas de amor: sentarlo cerca de ti, darle una tarea, conocer a su mamá, preguntar qué está viviendo. Agarrar con fuerza o humillar a un niño nunca es el camino. Si notas que la rabia viene de muy atrás, habla con tu pastor o con un consejero sobre las heridas de tu infancia; buscar ayuda es parte del cuidado de Dios. Quizá ese niño solo conozca el amor de Dios a través de tus manos.

    ¿Con qué cuerdas estás guiando a los que Dios te confió: con las de tu historia o con las de su amor?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por los niños de la escuela dominical, por los años que me has dejado enseñarles tu Palabra, por Yandel y por su mamá, que lucha sola. Reconozco que perdí la paciencia, que lo traté con dureza y que repetí con él lo que me hicieron a mí. Muéstrame qué esperas de mí. Ayúdame a entender qué debo cambiar en mi manera de enseñar, y dame humildad para pedirle perdón, paciencia para guiarlo con amor y sabiduría para poner límites sin herir. Si lo tienes a bien, que ese niño conozca tu amor a través de mí. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, como un padre que se inclina para sostener a su hijo mientras aprende a caminar. Así te ha sostenido a ti, aunque tú no lo supieras. Que el Espíritu de Dios te muestre en este silencio cuánto has sido amado, para que puedas amar así.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre su manera de guiarte y sobre tu manera de guiar a otros?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué dureza aprendida, qué herida de tu infancia o qué deseo de control necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “El domingo llegaré temprano y le pediré perdón a Yandel delante del grupo, como lo regañé delante de todos. Le daré una tarea especial: repartir los creyones y ayudarme con la canción. Esta semana visitaré a su mamá para conocerla y preguntarle cómo puedo apoyarlos, y le diré al pastor que no me voy, y que quiero hablar con él de las heridas que me dejó mi papá”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Deuteronomio 1:29-31. Dios llevó a su pueblo por el desierto como un padre lleva a su hijo.
    «Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre á su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido á este lugar.» (Deuteronomio 1:31)
  • Mateo 18:1-6. Recibir a un niño en el nombre de Jesús es recibirlo a él.
    «Y cualquiera que recibiere á un tal niño en mi nombre, á mí recibe.» (Mateo 18:5)
  • 1 Tesalonicenses 2:7-12. Pablo cuida a la iglesia con ternura y la exhorta como un padre a sus hijos.
    «Así como sabéis de qué modo exhortábamos y consolábamos á cada uno de vosotros, como el padre á sus hijos,» (1 Tesalonicenses 2:11)
  • Mateo 23:37-39. Jesús quiso juntar a los suyos como la gallina junta sus pollos.
    «¡Jerusalem, Jerusalem, que matas á los profetas, y apedreas á los que son enviados á ti! ¡cuántas veces quise juntar tus hijos, como la gallina junta sus pollos debajo de las alas, y no quisiste!» (Mateo 23:37)

Esta oración se lee los días: 21 de septiembre.

Escríbenos

¿Quieres contarnos algo, compartir lo que Dios ha hecho en tu vida o que oremos por ti? Con gusto te leemos.

Tu mensaje llega solo a nuestro equipo de TuBiblia.co por WhatsApp. No se publica ni se guarda en esta página.