Oración de la Noche

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La gratitud después de salir de una enfermedad o de un gran susto

Salmo 116: amo á Jehová, pues ha oído mi voz

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Salmo 116:1-9 RV1909

Tienes cincuenta y dos años y pintas casas y edificios en San Cristóbal desde que eras muchacho. En marzo, pintando la fachada de un edificio en Barrio Obrero, la escalera se resbaló y caíste desde un segundo piso. Te fracturaste la cadera y dos costillas, y el médico de urgencias le dijo a tu esposa que estabas vivo de milagro. Pasaste tres meses en cama: los hermanos de la iglesia llevaban comida, un vecino te prestó la silla de ruedas y tu esposa no se separó de ti. En el hospital le prometiste a Dios que, si te levantabas, ibas a vivir distinto. Ya volviste a trabajar. Pero esta semana te sorprendiste otra vez subido a una escalera sin amarrar, regañando a gritos a tu ayudante y sin haberle dado las gracias a nadie.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por poder caminar, por mi esposa que me cuidó, por el pan y por cada persona que me ayudó cuando no podía levantarme. Me quedo en silencio delante de ti… Tú me oíste cuando estaba postrado, y reconozco que ya empezaba a olvidarlo. No quiero que la gratitud se me quede en el hospital. Hágase tu voluntad con esta vida que me prestas. Dame humildad para agradecer, prudencia para cuidarme y cuidar a mi ayudante, y paciencia para tratar bien a los míos. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Amo á Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas. 2Porque ha inclinado á mí su oído, invocaré le por tanto en todos mis días. 3Rodeáronme los dolores de la muerte, me encontraron las angustias del sepulcro: angustia y dolor había yo hallado. 4Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Libra ahora, oh Jehová, mi alma. 5Clemente es Jehová y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios. 6Jehová guarda á los sinceros: estaba yo postrado, y salvóme. 7Vuelve, oh alma mía, á tu reposo; porque Jehová te ha hecho bien. 8Pues tú has librado mi alma de la muerte, mis ojos de lágrimas, y mis pies de desbarrar. 9Andaré delante de Jehová en la tierra de los vivientes.

    Salmo 116:1-9 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    El Salmo 116 lo canta alguien que estuvo cerca de la muerte; no sabemos su nombre, y quizá por eso cabe en él cualquiera que haya pasado un gran susto. Empieza con una frase sencilla: «Amo á Jehová, pues ha oído mi voz y mis súplicas.» Recuerda cómo estuvo: «Rodeáronme los dolores de la muerte, me encontraron las angustias del sepulcro: angustia y dolor había yo hallado.» Y su oración fue tan corta como la de quien está en una camilla: «Entonces invoqué el nombre de Jehová, diciendo: Libra ahora, oh Jehová, mi alma.» Más adelante dice que cumplirá sus promesas a Dios delante de todo el pueblo: la gratitud se hace pública.

    Lo que revela de Dios es su carácter: «Clemente es Jehová y justo; sí, misericordioso es nuestro Dios.» Seguir vivo no es un premio que nos ganamos; es misericordia. Y hay que decirlo con cuidado: no todos los que oran salen del hospital, y eso no significa que Dios los quisiera menos. Por eso el salmo no presume, agradece: «Vuelve, oh alma mía, á tu reposo; porque Jehová te ha hecho bien.» Y termina con un compromiso: «Andaré delante de Jehová en la tierra de los vivientes.» Andar delante de Dios es vivir cada día consciente de que la vida es un regalo suyo.

    Jesús sanó a un hombre en la región de Gerasa, y cuando este quiso irse con él, le dijo: «Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.» (Marcos 5:19). La gratitud empieza en casa, con los de siempre.

    Tu parte es cumplir lo que prometiste en el hospital, con cosas concretas. Cuidar tu vida es cuidar un regalo: amarrar la escalera, usar arnés, no trabajar con prisa. Cuidar la de tu ayudante también, y tratarlo con respeto. Dar las gracias a tu esposa, a los hermanos y al vecino. Y si todavía te asaltan el miedo o las pesadillas por la caída, habla con un médico o un psicólogo; no hay que cargarlo en silencio.

    ¿Qué cambió en ti después del susto, y qué le prometiste a Dios que todavía no has cumplido?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por la vida, por haberme levantado de esa cama, por los médicos y las enfermeras, por mi esposa, por los hermanos que nos llevaron comida y por el trabajo al que pude volver. Reconozco que en el hospital te prometí vivir distinto y que ya estoy volviendo a lo mismo: al descuido, al mal genio y a la ingratitud. Muéstrame qué esperas de mí con esta vida que me has dado de nuevo. Dame disciplina para cuidarme y cuidar a otros, y un corazón agradecido cada día. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, en tu respiración, en tu cadera que sanó y en cada paso que das. Que el Espíritu de Dios te ayude en este silencio a recordar todo el bien que has recibido.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre la gratitud después de la prueba?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué descuido, prisa o mal genio necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana compraré un arnés para mí y otro para Yorman, mi ayudante, y le pediré perdón por haberle gritado. El domingo daré gracias en la iglesia por los hermanos que nos ayudaron, y le llevaré al vecino un detalle para agradecerle la silla de ruedas”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Marcos 5:18-20. Jesús envía al hombre sanado a contar en su casa lo que Dios hizo con él.
    «Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.» (Marcos 5:19)
  • Isaías 38:16-20. El rey Ezequías alaba a Dios después de su enfermedad.
    «El que vive, el que vive, éste te confesará, como yo hoy: el padre hará notoria tu verdad á los hijos.» (Isaías 38:19)
  • Salmo 116:12-14. ¿Qué pagaré a Jehová? La gratitud que se vuelve compromiso delante de todos.
    «¿Qué pagaré á Jehová por todos sus beneficios para conmigo?» (Salmo 116:12)
  • Hechos 3:6-10. El hombre que no podía caminar entra al templo saltando y alabando a Dios.
    «Y saltando, se puso en pie, y anduvo; y entró con ellos en el templo, andando, y saltando, y alabando á Dios.» (Hechos 3:8)

Esta oración se lee los días: 27 de julio.

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