Oración de la Noche

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Luz en la depresión

Salmo 27:1: Jehová es mi luz, ¿de quién temeré?

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Salmo 27:1-9 RV1909

Tienes cuarenta y cinco años, eres profesor de química en un colegio y desde hace cuatro meses todo se ve gris. Duermes mal y te despiertas a las cuatro de la mañana con un peso en el pecho. Ya no vas al partido de los jueves con tus amigos, nada te da gusto, y al volver del trabajo te quedas un buen rato sentado en el carro, en el parqueadero, antes de entrar a la casa. Tu esposa cree que estás molesto con ella. En la iglesia sonríes y dices “todo bien”. Un hermano te dijo que un hijo de Dios no se deprime, que eso es falta de fe, y desde entonces te sientes culpable además de triste. Algunas noches has llegado a pensar que tu familia estaría mejor sin ti.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, aunque fue pesado; gracias porque llegué hasta aquí, por mi familia y por cada persona que hoy me trató con bondad. Me quedo en silencio delante de ti… No tengo muchas palabras y a veces no te siento, pero tú eres mi luz aunque yo no vea. Muéstrame tu voluntad; si lo tienes a bien, devuélveme la alegría a su tiempo, y si el camino es largo, dame paciencia para recorrerlo de tu mano y humildad para dejarme ayudar. Cuida mi descanso esta noche. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Salmo de David. JEHOVÁ es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme? 2Cuando se allegaron contra mí los malignos, mis angustiadores y mis enemigos, para comer mis carnes, ellos tropezaron y cayeron. 3Aunque se asiente campo contra mí, no temerá mi corazón: aunque contra mí se levante guerra, yo en esto confío. 4Una cosa he demandado á Jehová, ésta buscaré: que esté yo en la casa de Jehová todos los días de mi vida, para contemplar la hermosura de Jehová, y para inquirir en su templo. 5Porque él me esconderá en su tabernáculo en el día del mal; ocultaráme en lo reservado de su pabellón; pondráme en alto sobre una roca. 6Y luego ensalzará mi cabeza sobre mis enemigos en derredor de mí: y yo sacrificaré en su tabernáculo sacrificios de júbilo: cantaré y salmearé á Jehová. 7Oye, oh Jehová, mi voz con que á ti clamo; y ten misericordia de mí, respóndeme. 8Mi corazón ha dicho de ti: Buscad mi rostro. Tu rostro buscaré, oh Jehová. 9No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira á tu siervo: mi ayuda has sido; no me dejes y no me desampares, Dios de mi salud.

    Salmo 27:1-9 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    David escribió: «Salmo de David. JEHOVÁ es mi luz y mi salvación: ¿de quién temeré? Jehová es la fortaleza de mi vida: ¿de quién he de atemorizarme?» En la Biblia, la luz no es un interruptor que apaga de golpe la tristeza. Es la presencia de Dios que acompaña y guía, la verdad que permite ver el siguiente paso aunque alrededor todo siga oscuro. Es como una lámpara en un camino de noche: no ilumina todo el paisaje, pero no deja que te pierdas. Decir “Jehová es mi luz” no es negar la oscuridad; es afirmar que no estás solo dentro de ella.

    El mismo salmo es muy honesto. El que empieza diciendo “mi luz” termina rogando: «No escondas tu rostro de mí, no apartes con ira á tu siervo: mi ayuda has sido; no me dejes y no me desampares, Dios de mi salud.» David conocía la sensación de que Dios está lejos. Esto revela algo de Dios: no se ofende con nuestra oscuridad ni nos pide fingir que estamos bien. La depresión no es falta de fe ni un castigo; es una enfermedad que puede afectar a cualquiera, también a quienes aman profundamente a Dios. En la Biblia, un hombre de Dios como Elías llegó a desear la muerte, y Dios no lo regañó: lo dejó dormir, le dio de comer y lo acompañó en su camino (1 Reyes 19:4-8).

    Jesús dijo: «Y hablóles Jesús otra vez, diciendo: Yo soy la luz del mundo: el que me sigue, no andará en tinieblas, mas tendrá la lumbre de la vida.» (Juan 8:12). No prometió que quienes lo siguen nunca estarán tristes; promete que no andarán perdidos, que tendrán luz para el camino. Él mismo, en Getsemaní, dijo: «Y les dice: Está muy triste mi alma, hasta la muerte: esperad aquí y velad.» (Marcos 14:34). Y fíjate en lo que hizo: no se aisló; pidió a sus amigos que se quedaran con él. Seguirlo en la oscuridad también es dejar que otros te acompañen.

    Tu parte es dar pasos concretos, aunque sean pequeños. Buscar ayuda profesional no es dudar de Dios: un médico, un psicólogo o un psiquiatra pueden ser la lámpara que Dios pone en tu camino, y también lo son los medicamentos cuando hacen falta. Habla con tu esposa: ella es tu prójimo más cercano y merece saber que no estás molesto con ella, sino enfermo y cansado. Y si vuelve el pensamiento de que tu familia estaría mejor sin ti, no es verdad: es la enfermedad la que habla. Busca ayuda ese mismo día: llama a tu médico o a una línea de atención en crisis de tu país, o ve a un servicio de urgencias, y no te quedes solo.

    ¿Qué paso concreto, aunque sea pequeño, puedes dar para dejar que la luz de Dios te llegue por medio de otros?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi vida, aunque hoy me cueste sentirla como un regalo; gracias por mi esposa, por mi familia, por mi trabajo y por los médicos y consejeros que existen para ayudar. Tú conoces esta oscuridad mejor que yo. Muéstrame tu voluntad; si lo tienes a bien, devuélveme la alegría pronto, y si el camino es largo, dame paciencia para recorrerlo de tu mano. Dame humildad para pedir ayuda y valor para hablar con los míos. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, aunque no lo sientas; para él las tinieblas no son oscuras. No tienes que sentir nada especial: basta con quedarte. Que el Espíritu de Dios te consuele en este silencio y te recuerde que no estás solo.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre su presencia en medio de tu oscuridad?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué culpa, vergüenza o miedo a pedir ayuda necesitas poner en las manos de Dios? Es posible que tengas que entregarlo de nuevo mañana; eso también es fe.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana pediré cita con un médico o un psicólogo y le contaré a mi esposa, con sinceridad, lo que me está pasando. También le escribiré a uno de mis amigos del partido para tomarnos un café”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Marcos 14:32-36. Jesús, con el alma muy triste, pide a sus amigos que velen con él.
    «Y les dice: Está muy triste mi alma, hasta la muerte: esperad aquí y velad.» (Marcos 14:34)
  • 1 Reyes 19:3-8. Elías, agotado, desea morir; Dios lo deja dormir, le da de comer y lo acompaña.
    «Y volviendo el ángel de Jehová la segunda vez, tocóle, diciendo: Levántate, come: porque gran camino te resta.» (1 Reyes 19:7)
  • Isaías 42:1-4. El siervo de Dios no quiebra la caña cascada ni apaga el pábilo que humea.
    «No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare: sacará el juicio á verdad.» (Isaías 42:3)
  • Salmo 139:7-12. Ni las tinieblas nos esconden de la presencia de Dios.
    «Aun las tinieblas no encubren de ti, y la noche resplandece como el día: lo mismo te son las tinieblas que la luz.» (Salmo 139:12)

Esta oración se lee los días: 23 de diciembre.

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