Oración de la Noche

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Lo que callo me pesa por dentro

Salmo 32: bienaventurado aquel cuyas iniquidades son perdonadas

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Salmo 32:1-7 RV1909

Tienes cuarenta años y eres secretaria en la oficina de planeación de la alcaldía de Pasto. Hace tres semanas se perdió la carpeta de una licencia de construcción que un señor de Catambuco llevaba meses tramitando. Tú sabes lo que pasó: la dejaste un viernes en la tarde sobre tu escritorio, entre los papeles de reciclaje, y el lunes ya no estaba. Cuando el jefe preguntó, te quedaste callada, y la culpa cayó sobre Wilson, el auxiliar de archivo, que recibió un memorando y anda cabizbajo por los pasillos. El señor tuvo que empezar el trámite desde cero. Desde entonces duermes mal, te duele la espalda, les contestas con mal genio a tus hijos y evitas pasar por el archivo. En el culto cantas, pero sientes que algo se te quedó atorado por dentro.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por mi casa, por mis hijos dormidos y por tu paciencia conmigo. Me quedo en silencio delante de ti… Tú conoces el peso que llevo desde hace tres semanas y el nombre de Wilson, que carga con lo que no hizo. No quiero seguir callando. Hágase tu voluntad y no la mía: si lo tienes a bien, dame gracia delante de mi jefe; y si no, dame paz para asumir lo que venga. Dame valor para decir la verdad mañana, humildad para pedir perdón y disciplina para no volver a esconderme. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Salmo de David: Masquil. BIENAVENTURADO aquel cuyas iniquidades son perdonadas, y borrados sus pecados. 2Bienaventurado el hombre á quien no imputa Jehová la iniquidad, y en cuyo espíritu no hay superchería. 3Mientras callé, envejeciéronse mis huesos en mi gemir todo el día. 4Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; volvióse mi verdor en sequedades de estío. (Selah.) 5Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.) 6Por esto orará á ti todo santo en el tiempo de poder hallarte: ciertamente en la inundación de muchas aguas no llegarán éstas á él. 7Tú eres mi refugio; me guardarás de angustia; con cánticos de liberación me rodearás. (Selah.)

    Salmo 32:1-7 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Este salmo de David se llama “Masquil”, que quiere decir canto de enseñanza: David enseña lo que aprendió por experiencia propia. Y lo primero que cuenta es lo que le hizo el silencio: «Mientras callé, envejeciéronse mis huesos en mi gemir todo el día.» «Porque de día y de noche se agravó sobre mí tu mano; volvióse mi verdor en sequedades de estío. (Selah.)» El “verdor” es la savia de una planta, su frescura; las “sequedades de estío” son el verano seco que deja el campo amarillo. El pecado escondido no se queda quieto: seca por dentro, quita el sueño, endurece el trato con los demás. “Selah” es una pausa en el canto, como si David dijera: detente y piensa en esto.

    Lo que revela de Dios es que el perdón está esperando del otro lado de la verdad: «Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)» Entre el “dije” y el “perdonaste” no hay espera. La mano pesada de Dios no era para destruir a David, sino para traerlo de vuelta. Por eso el dichoso del salmo no es el que nunca falla, sino aquel “en cuyo espíritu no hay superchería”, es decir, sin engaño, sin doble cara. Pero confesar no es una fórmula mágica que borra las consecuencias: también hay que apartarse del mal y reparar el daño. «El que encubre sus pecados, no prosperará: mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.» (Proverbios 28:13). Y a veces la verdad también se le debe a una persona: «Confesaos vuestras faltas unos á otros, y rogad los unos por los otros, para que seáis sanos; la oración del justo, obrando eficazmente, puede mucho.» (Santiago 5:16).

    Jesús contó la parábola de dos hombres que subieron al templo a orar. Uno presentó sus méritos; el otro no presentó nada: «Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador.» (Lucas 18:13). Y Jesús dijo que fue este el que volvió a su casa justificado.

    Tu parte empieza esta noche: decirle a Dios toda la verdad, sin suavizarla. Y mañana, dar la cara: hablar con tu jefe, limpiar el nombre de Wilson y ofrecerte a ayudar al señor a rehacer su trámite. Puede que te cueste un llamado de atención, pero tu valor no depende de una hoja de vida sin manchas, sino de lo que eres ante Dios. Si después de confesar la culpa sigue pesándote, busca a alguien de confianza, tu pastora o un consejero, para hablarlo: el perdón también se aprende a recibir.

    ¿Qué estás callando que te pesa por dentro, y a quién le debes la verdad además de a Dios?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi trabajo en la alcaldía, por el sueldo que sostiene a mis hijos y porque no me has dejado tranquila con este silencio. Tú sabes que perdí esa carpeta y que callé mientras culpaban a Wilson. No quiero seguir escondiéndome. Si lo tienes a bien, que el daño se pueda reparar; y si me trae consecuencias, dame humildad para aceptarlas. Dame valor para decir la verdad y disciplina para ser honesta también en lo pequeño. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí y que ya conoce lo que callas; delante de él no tienes que esconderte. Que el Espíritu de Dios te dé, en este silencio, el valor de ponerle nombre a lo que te pesa.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre lo que guardas en silencio?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué miedo a quedar mal, a perder tu buen nombre o a las consecuencias necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana a primera hora hablaré con mi jefe, le diré que la carpeta se perdió por mi descuido y le pediré que retire el memorando de Wilson. Después le pediré perdón a Wilson en persona y me ofreceré a ayudar al señor de Catambuco a reunir de nuevo sus documentos”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Lucas 18:9-14. El publicano no se justifica: pide misericordia, y Jesús dice que volvió a casa justificado.
    «Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador.» (Lucas 18:13)
  • 2 Samuel 12:7-13. El profeta Natán confronta a David, y David deja de esconderse y reconoce su pecado.
    «Entonces dijo David á Nathán: Pequé contra Jehová. Y Nathán dijo á David: También Jehová ha remitido tu pecado: no morirás.» (2 Samuel 12:13)
  • Proverbios 28:13-14. Encubrir enferma; confesar y apartarse abre la puerta a la misericordia.
    «El que encubre sus pecados, no prosperará: mas el que los confiesa y se aparta, alcanzará misericordia.» (Proverbios 28:13)

Esta oración se lee los días: 18 de julio.

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