Oración de la Noche › Archivo › Salmo 34: gustad y ved que es bueno Jehová
Contar lo que Dios hizo
Salmo 34: gustad y ved que es bueno Jehová
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Salmo 34:1-10 RV1909
Hace un año el río se desbordó una madrugada y se llevó tu casa. Tienes cincuenta y ocho años y saliste con tu nieta en brazos, con el agua a la cintura. Pasaron cuatro meses en un albergue montado en la escuela. Te ayudaron vecinos, un grupo de la iglesia, desconocidos que mandaron colchones y mercados, y tu yerno, que levantó paredes todos los domingos. Hoy vives en una casa pequeña en la parte alta del pueblo. Para el aniversario del barrio te pidieron que cuentes lo que viviste. Pero algo te frena: doña Inés, tu vecina de toda la vida, perdió a su esposo esa noche y sigue en una pieza prestada. Temes que, si dices “Dios me salvó”, ella escuche “a tu esposo no”. Y te da vergüenza recordar que en el albergue le gritaste a Dios que te había abandonado.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por el techo que hoy me cubre, por mi familia y por todos los que nos ayudaron cuando lo perdimos todo. Me quedo en silencio delante de ti… Tú sabes que todavía me pesa haberte gritado y que no entiendo por qué unos perdieron más que otros. Te presento a doña Inés y a su familia; si lo tienes a bien, dales consuelo y un hogar, y si no lo entiendo, dame humildad para aceptar tus caminos. Dame palabras verdaderas para contar lo que hiciste y un corazón dispuesto a llorar con los que lloran. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
-
Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Salmo de David, cuando mudó su semblante delante de Abimelech, y él lo echó, y fuése. BENDECIRÉ á Jehová en todo tiempo; su alabanza será siempre en mi boca. 2En Jehová se gloriará mi alma: oiránlo los mansos, y se alegrarán. 3Engrandeced á Jehová conmigo, y ensalcemos su nombre á una. 4Busqué á Jehová, y él me oyó, y libróme de todos mis temores. 5A él miraron y fueron alumbrados: y sus rostros no se avergonzaron. 6Este pobre clamó, y oyóle Jehová, y librólo de todas sus angustias. 7El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende. 8Gustad, y ved que es bueno Jehová: dichoso el hombre que confiará en él. 9Temed á Jehová, vosotros sus santos; porque no hay falta para los que le temen. 10Los leoncillos necesitaron, y tuvieron hambre; pero los que buscan á Jehová, no tendrán falta de ningún bien.
Salmo 34:1-10 RV1909
-
Meditar Meditatio
Reflexión
El título del Salmo 34 cuenta un episodio poco heroico: «Salmo de David, cuando mudó su semblante delante de Abimelech, y él lo echó, y fuése. BENDECIRÉ á Jehová en todo tiempo; su alabanza será siempre en mi boca.» David huía de Saúl, llegó a tierra de filisteos y, muerto de miedo, se hizo pasar por loco para que lo dejaran ir (1 Samuel 21:10-15; allí el rey se llama Aquis, y Abimelec parece haber sido un título de esos reyes). De ese momento de miedo y vergüenza nació uno de los salmos más agradecidos de la Biblia. David no se presenta como un héroe, sino como un pobre que fue escuchado: «Este pobre clamó, y oyóle Jehová, y librólo de todas sus angustias.»
Y entonces invita: «Gustad, y ved que es bueno Jehová: dichoso el hombre que confiará en él.» “Gustad” es probar, como quien prueba un alimento. La bondad de Dios no se conoce solo de oídas; se conoce viviéndola, muchas veces en medio de la angustia. Esto revela algo de Dios: escucha al pobre, al que no tiene nada de qué presumir. Pero el salmo hay que leerlo con cuidado. Cuando dice «El ángel de Jehová acampa en derredor de los que le temen, y los defiende.» no promete que a quien ama a Dios nunca le pasará nada malo, ni que los que sufren pérdidas lo amaban menos. Tampoco el versículo 10 promete que nunca faltará nada material, sino que a quien busca a Dios no le faltará lo verdaderamente bueno. Un testimonio verdadero no reparte méritos ni explica lo que solo Dios sabe; cuenta con humildad cómo él estuvo presente, también por medio de vecinos, desconocidos y familia.
Jesús enfrentó esa misma pregunta. Cuando le hablaron de una torre que cayó y mató a muchos, respondió: «O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?» (Lucas 13:4). Y él mismo dijo que no. Los que murieron no eran peores, ni los que se salvaron, mejores. Y cuando liberó al hombre de Gadara, le dio esta tarea: «Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.» (Marcos 5:19). No le pidió discursos, sino contar con sencillez la misericordia que había recibido.
Tu parte es contar la verdad completa: el miedo, el grito en el albergue y la mano de Dios que llegó a través de tanta gente. Esa honestidad es la que hace creíble tu testimonio, y la que puede consolar a quien todavía está en la noche. Antes de hablar en público, busca a doña Inés: ella es tu prójimo más cercano en esta historia. Escúchala, pregúntale cómo se siente con ese acto y, si quiere, nombra a su esposo con respeto. Contar lo que Dios hizo contigo no debe hacer más pesado el dolor de nadie. Y quizá el mejor testimonio sea que, además de hablar, la acompañes a buscar la ayuda que todavía necesita.
¿Cómo puedes contar lo que Dios hizo contigo de manera que honre también el dolor de quienes sufrieron más?
-
Orar Oratio
Señor, gracias por la vida de mi nieta y la mía, por la casa pequeña que hoy tengo, por mi yerno, por los vecinos y por cada desconocido que nos tendió la mano. Gracias porque este pobre clamó y tú lo oíste, aun cuando te grité. Tú conoces el dolor de doña Inés. Dame humildad para contar mi historia sin adornos, sensibilidad para no herirla y disposición para servirla. En el nombre de Jesús, amén.
-
Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios estuvo presente aquella madrugada y en cada día del albergue, también en los momentos en que no lo sentiste. Recuerda, sin prisa, los rostros de quienes te ayudaron. Que el Espíritu de Dios te dé palabras sencillas y verdaderas para contar lo que él hizo.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
-
Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre su bondad en tu historia y sobre la manera de contarla?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué vergüenza por tus dudas, miedo a herir o deseo de quedar bien necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana visitaré a doña Inés con un café, la escucharé y le preguntaré si le parece bien que en el aniversario recuerde a su esposo. Y averiguaré con la junta del barrio cómo ayudarla a conseguir una vivienda”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Marcos 5:15-20. Jesús envía al hombre liberado a contar a los suyos la misericordia que recibió.
«Mas Jesús no le permitió, sino le dijo: Vete á tu casa, á los tuyos, y cuéntales cuán grandes cosas el Señor ha hecho contigo, y cómo ha tenido misericordia de ti.» (Marcos 5:19) - Lucas 13:1-5. Jesús enseña que quienes sufren una tragedia no son más culpables que los demás.
«O aquellos dieciocho, sobre los cuales cayó la torre en Siloé, y los mató, ¿pensáis que ellos fueron más deudores que todos los hombres que habitan en Jerusalem?» (Lucas 13:4) - 1 Samuel 21:10-15. El episodio de miedo y vergüenza del que nació el Salmo 34.
«Y David puso en su corazón estas palabras, y tuvo gran temor de Achîs rey de Gath.» (1 Samuel 21:12) - Romanos 12:9-15. Gozarse con los que se gozan y llorar con los que lloran.
«Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.» (Romanos 12:15)
Esta oración se lee los días: 18 de noviembre.