Oración de la Noche

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El miedo es normal

Salmo 56:3: en el día que temo, yo en ti confío

Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.

Versículo del día: Salmo 56:3-11 RV1909

Tienes cincuenta y un años y trabajas como cuidadora de ancianos en Mar del Plata. De lunes a viernes duermes en la casa de doña Amelia, de noventa y dos años: la bañas, le das sus remedios y le lees el diario aunque ya no lo entienda del todo. Hace diez días, en un control, te encontraron un nódulo en el pecho, y el jueves te hacen la biopsia. No les contaste a tus hijos para no preocuparlos. De día sonríes y cuidas; de noche, cuando doña Amelia se duerme, lloras en la cocina con la luz apagada para que no te escuche. Te avergüenza tener tanto miedo, porque siempre fuiste la fuerte, la que consuela a los demás. Y te preguntas si a Dios le importan tus lágrimas.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por la vida, por mis hijos, por doña Amelia y por el techo que hoy me cobija. Me quedo en silencio delante de ti… Tú cuentas mis lágrimas y las guardas; sabes cuánto miedo tengo del jueves. Pongo en tus manos mi cuerpo, el resultado y mi futuro. Si es tu voluntad, dame salud; y si no, dame tu paz y la compañía de los míos. En el día que temo, quiero confiar en ti. Dame descanso esta noche y valor para hablar mañana con mis hijos. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    3En el día que temo, yo en ti confío. 4En Dios alabaré su palabra: en Dios he confiado, no temeré lo que la carne me hiciere. 5Todos los días me contristan mis negocios; contra mí son todos sus pensamientos para mal. 6Reúnense, escóndense, miran ellos atentamente mis pasos, esperando mi vida. 7¿Escaparán ellos por la iniquidad? Oh Dios, derriba en tu furor los pueblos. 8Mis huídas has tú contado: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro? 9Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día que yo clamare: en esto conozco que Dios es por mí. 10En Dios alabaré su palabra; en Jehová alabaré su palabra. 11En Dios he confiado: no temeré lo que me hará el hombre.

    Salmo 56:3-11 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Según su título, David escribió este salmo cuando los filisteos lo capturaron en Gat. Huía del rey Saúl, se había refugiado en tierra enemiga y allí también corría peligro (1 Samuel 21). Estaba solo, lejos de casa y con miedo. Y lo dice sin vergüenza: «En el día que temo, yo en ti confío.» Fíjate que no dice “nunca tengo miedo”, sino “en el día que temo”. El miedo es parte de la vida humana; la fe no lo borra, le da un lugar donde apoyarse.

    En medio del salmo aparece una imagen hermosa: «Mis huídas has tú contado: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro?» La “redoma” era una vasija, un odre de cuero donde se guardaba algo valioso. David le pide a Dios que guarde sus lágrimas, porque sabe que a Dios le importan. Esto revela algo de Dios: no se aburre de nuestro llanto ni lo desprecia; lo cuenta, lo guarda, lo tiene escrito. Y por eso David puede decir: «Serán luego vueltos atrás mis enemigos el día que yo clamare: en esto conozco que Dios es por mí.» El salmo no garantiza cuál será el resultado de tu biopsia, y nadie debería prometértelo en nombre de Dios. Lo que sí afirma es que, pase lo que pase, Dios está de tu lado y no te deja sola.

    Jesús también tuvo miedo y tristeza la noche antes de la cruz, y no lo escondió de sus amigos: «Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.» (Mateo 26:38). Él, que había consolado a tantos, pidió compañía.

    Tu parte empieza por dejar de llorar a escondidas. Tus hijos tienen derecho a acompañarte; dejar que te cuiden también es una forma de amor, para ellos y para ti. Avisa a la familia de doña Amelia que necesitas el día libre, y sigue con disciplina las indicaciones de tus médicos. Tu valor no está en ser siempre la fuerte; viene de Dios. Y si el resultado te pone frente a un tratamiento, pedir también apoyo psicológico es parte del cuidado de Dios. Lo que hoy vives puede convertirte, más adelante, en alguien que consuela a otros desde un lugar más hondo.

    ¿A quién no le has permitido acompañarte en tu miedo?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi trabajo, por doña Amelia, por mis hijos, por los médicos que me atienden y por haber encontrado esto a tiempo para estudiarlo. Tú sabes el miedo que siento y las lágrimas que lloro a escondidas. Si lo tienes a bien, que el resultado sea bueno; y si no, dame fuerza y paz para enfrentar lo que venga. Ayúdame a confiar en ti en el día que temo, y dame humildad para dejarme acompañar y disciplina para cuidarme. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, en la cocina a oscuras, junto a ti. Ninguna de tus lágrimas se le ha perdido. Que el Espíritu de Dios, que consuela, te sostenga en este silencio y te recuerde que Dios es por ti.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu miedo y tus lágrimas?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué miedo al resultado, qué carga de tener que ser siempre fuerte necesitas poner en las manos de Dios esta noche? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana llamaré a mi hija mayor para contarle lo de la biopsia y pedirle que me acompañe el jueves. También le avisaré a la familia de doña Amelia para que organicen ese día, y le diré a mi vecina Norma, que pasó por algo parecido, que me gustaría conversar con ella”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Mateo 10:29-31. Ni un pajarillo cae sin el Padre; aun los cabellos están contados.
    «Así que, no temáis: más valéis vosotros que muchos pajarillos.» (Mateo 10:31)
  • Hebreos 5:7-8. Jesús oró con gran clamor y lágrimas, y fue oído.
    «El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo.» (Hebreos 5:7)
  • 2 Corintios 1:3-5. Dios nos consuela para que podamos consolar a otros.
    «El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.» (2 Corintios 1:4)

Esta oración se lee los días: 13 de mayo.

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