11 de septiembre · Orar por mi país empezando por humillarme yo
2 Crónicas 7:14: si se humillare mi pueblo
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 11 de septiembre.
Versículo del día: 2 Crónicas 7:12-16 RV1909
Tienes cincuenta y dos años y eres presidente de la asociación de desarrollo de tu barrio en Desamparados, San José. Te sabes de memoria los problemas: la calle llena de huecos, los asaltos en la parada, la basura en el lote baldío, los muchachos sin nada que hacer. En los grupos de WhatsApp del barrio eres el primero en reenviar mensajes contra los diputados, contra el gobierno de turno y contra “la gente de ahora que ya no tiene valores”. Pero esta semana, en la asamblea, una vecina preguntó por qué la asociación lleva dos años sin presentar las cuentas del bingo de diciembre, y te pusiste furioso. También sabes que la basura del lote empezó con los escombros de la remodelación de tu casa. Esta noche ves el noticiero y repites lo de siempre: “este país no tiene arreglo”.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por la tierra donde nací, por el agua, por la comida en mi mesa y por la gente sencilla y trabajadora de mi barrio. Me quedo en silencio delante de ti… Te presento mi país con sus heridas, a quienes lo gobiernan y a quienes sufren sus problemas; si lo tienes a bien, sana nuestra tierra, y que se haga tu voluntad. Antes que nada me humillo yo: reconozco mis malos caminos, mi lengua fácil para criticar y mi desorden. Dame luz para ver lo que me toca y disciplina para cambiarlo con hechos. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
12Y apareció Jehová á Salomón de noche, y díjole: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio. 13Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo; 14Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra. 15Ahora estarán abiertos mis ojos, y atentos mis oídos, á la oración en este lugar: 16Pues que ahora he elegido y santificado esta casa, para que esté en ella mi nombre para siempre; y mis ojos y mi corazón estarán ahí para siempre.
2 Crónicas 7:12-16 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Salomón acababa de dedicar el templo de Jerusalén con una larga oración, pidiendo que Dios escuchara a su pueblo cuando, por su pecado, viniera la sequía, la plaga o la enfermedad. Esa misma noche Dios le responde: «Y apareció Jehová á Salomón de noche, y díjole: Yo he oído tu oración, y he elegido para mí este lugar por casa de sacrificio.» Y describe tiempos difíciles: «Si yo cerrare los cielos, que no haya lluvia, y si mandare á la langosta que consuma la tierra, ó si enviare pestilencia á mi pueblo;» Luego viene el versículo que tantas veces se repite al orar por una nación: «Si se humillare mi pueblo, sobre los cuales ni nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.»
Fíjate a quién habla Dios: no a los paganos, ni a los gobernantes de turno, ni “a los otros”, sino a “mi pueblo”, al que lleva su nombre. Y el orden importa: humillarse, orar, buscar su rostro, convertirse de los malos caminos. Esto revela algo de Dios: escucha y perdona, pero la sanidad de la tierra empieza con un pueblo que deja de señalar y se mira a sí mismo. Este versículo fue dicho a Israel en un momento concreto; no es una fórmula para conseguir que un país cambie de un día para otro, ni una bandera para ningún partido ni para sentirnos mejores que otras naciones. Es una invitación a la humildad que vale para cualquier pueblo que invoca el nombre de Dios.
Jesús contó la parábola de dos hombres que fueron al templo. El fariseo daba gracias por no ser como los demás; el otro solo decía: «Mas el publicano estando lejos no quería ni aun alzar los ojos al cielo, sino que hería su pecho, diciendo: Dios, sé propicio á mí pecador.» (Lucas 18:13). Jesús dijo que este último volvió a su casa justificado.
Orar por tu país es bueno y necesario, y también lo es denunciar con respeto lo que está mal. Pero tu parte empieza más cerca: humillarte tú. Presentar las cuentas del bingo, aunque te dé vergüenza el desorden; recoger los escombros del lote; bajar el tono en los grupos y dejar de reenviar burlas contra personas por las que Dios te pide orar (1 Timoteo 2:1-2). El barrio que sueñas no empieza con el próximo gobierno, sino con un presidente de asociación que reconoce sus propios malos caminos.
¿Qué malos caminos tuyos necesitas reconocer antes de orar por tu país?
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Orar Oratio
Señor, te doy gracias por mi país, por la paz que tenemos, por mi barrio, por mis vecinos y por la oportunidad de servir en la asociación. Tú sabes cuánto me duelen los problemas que vemos, y reconozco que me ha sido más fácil culpar a otros que mirar mi propio desorden. Muéstrame qué esperas de mí. Dame humildad para rendir cuentas, valor para corregir lo que hice mal y disciplina para hablar con respeto de quienes nos gobiernan, orando por ellos en vez de burlarme. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Dios dijo “si se humillare mi pueblo”, y tú eres parte de ese pueblo. Quédate en silencio sin señalar a nadie. Que el Espíritu de Dios te muestre por dónde empieza en ti la sanidad de tu tierra.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu manera de hablar de tu país y sobre tu propia parte?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué orgullo, qué amargura contra los gobernantes o qué desorden que has escondido necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta semana terminaré el informe de las cuentas del bingo, lo presentaré en la próxima asamblea y le daré las gracias a la vecina que preguntó. El fin de semana alquilaré un camión para sacar los escombros del lote e invitaré a los muchachos del barrio a ayudarme a limpiarlo, con un refresco al final”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 18:9-14. El fariseo y el publicano: el que se humilla será ensalzado.
«Os digo que éste descendió á su casa justificado antes que el otro; porque cualquiera que se ensalza, será humillado; y el que se humilla, será ensalzado.» (Lucas 18:14) - 1 Timoteo 2:1-4. Orar por todos los hombres y por los que están en eminencia.
«Amonesto pues, ante todas cosas, que se hagan rogativas, oraciones, peticiones, hacimientos de gracias, por todos los hombres;» (1 Timoteo 2:1) - Daniel 9:3-6. Daniel ora por su pueblo incluyéndose: hemos pecado.
«Hemos pecado, hemos hecho iniquidad, hemos obrado impíamente, y hemos sido rebeldes, y nos hemos apartado de tus mandamientos y de tus juicios.» (Daniel 9:5) - Proverbios 14:32-34. La justicia engrandece la nación.
«La justicia engrandece la nación: mas el pecado es afrenta de las naciones.» (Proverbios 14:34)
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Esta oración también está en el archivo: 2 Crónicas 7:14: si se humillare mi pueblo.