12 de marzo · Los conflictos nacen de mis propios deseos
Santiago 4:1: ¿de dónde vienen las guerras y los pleitos?
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 12 de marzo.
Versículo del día: Santiago 4:1-10 RV1909
Tienes cincuenta y un años y desde hace quince diriges el coro de tu congregación en Cartago, Costa Rica. Este año llegó un muchacho que estudió música en la universidad, y los líderes de la iglesia le pidieron que dirigiera los ensayos de los jueves “para darte un descanso”. Desde entonces todo te molesta: que cambie los arreglos de siempre, que los jóvenes lo sigan con entusiasmo, que nadie te pregunte tu opinión. En el chat del coro dejaste caer comentarios sobre “los que llegan a cambiarlo todo”, y dos señoras te dieron la razón. Ahora el grupo está dividido, el muchacho casi no habla en los ensayos y el domingo pasado el coro sonó mal. Tú le echas la culpa a él, pero esta noche algo dentro de ti no está tranquilo.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por mi voz, por los hermanos del coro y por la música que me has dejado disfrutar tantos años. Me quedo en silencio delante de ti… Reconozco que he buscado tener la razón más que la paz, y que mis palabras dividieron a otros. Pongo este coro en tus manos; que se haga tu voluntad y no la mía. Dame humildad para reconocerlo delante de ellos, un corazón que no esté dividido y la valentía de dar el primer paso, aunque nadie más lo dé. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1¿de dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros? 2Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís. 3Pedís, y no recibís, porque pedís mal, para gastar en vuestros deleites. 4Adúlteros y adúlteras, ¿no sabéis que la amistad del mundo es enemistad con Dios? Cualquiera pues que quisiere ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios. 5¿Pensáis que la Escritura dice sin causa: El espíritu que mora en nosotros codicia para envidia? 6Mas él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes. 7Someteos pues á Dios; resistid al diablo, y de vosotros huirá. 8Allegaos á Dios, y él se allegará á vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros de doblado ánimo, purificad los corazones. 9Afligíos, y lamentad, y llorad. Vuestra risa se convierta en lloro, y vuestro gozo en tristeza. 10Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará.
Santiago 4:1-10 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Santiago escribe a comunidades de creyentes que se peleaban entre ellos, y no se anda con rodeos: «¿de dónde vienen las guerras y los pleitos entre vosotros? ¿No son de vuestras concupiscencias, las cuales combaten en vuestros miembros?» Las “concupiscencias” son los deseos desordenados: querer reconocimiento, control, tener la razón, ocupar el primer lugar. Santiago dice que la guerra de afuera empieza con una guerra de adentro. Y describe el ciclo: «Codiciáis, y no tenéis; matáis y ardéis de envidia, y no podéis alcanzar; combatís y guerreáis, y no tenéis lo que deseáis, porque no pedís.» Son palabras fuertes, y no por casualidad: la envidia termina matando amistades y comunidades enteras.
Esto revela algo de Dios: no se pone del lado del que tiene la razón, sino del que se humilla. «Mas él da mayor gracia. Por esto dice: Dios resiste á los soberbios, y da gracia á los humildes.» Por eso el camino que propone Santiago no empieza por corregir al otro, sino por acercarse a Dios: «Allegaos á Dios, y él se allegará á vosotros. Pecadores, limpiad las manos; y vosotros de doblado ánimo, purificad los corazones.» El “doblado ánimo” es el corazón dividido: cantarle a Dios el domingo y alimentar el resentimiento en el chat el lunes. Y la promesa final no es que los demás reconocerán tu valor, sino que Dios mismo levanta al que se humilla: «Humillaos delante del Señor, y él os ensalzará.»
Jesús conocía bien esta guerra interior, y enseñó: «Y ¿por qué miras la mota que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu ojo?» (Mateo 7:3). La viga no siempre es un gran pecado; muchas veces es un deseo herido que no queremos reconocer.
Humillarte no es negar lo que sientes ni fingir que no te dolió ser desplazada. Es preguntarte con honestidad qué deseo está peleando dentro de ti: ¿servir a Dios con la música, o ser reconocida? Y luego dar el paso que te toca: dejar de alimentar el bando, pedir perdón por tus comentarios y buscar al muchacho para conversar. Quizá tu experiencia y su preparación, juntas, sean justo lo que el coro necesita. Él puede equivocarse; pero tú solo respondes por tu corazón.
¿Qué deseo tuyo está peleando por dentro detrás de este conflicto?
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Orar Oratio
Señor, gracias por los años que me has permitido servirte con la música, por las voces del coro y por este muchacho que también quiere servirte, aunque me haya costado aceptarlo. Reconozco que me dolió sentirme desplazada y que dejé que la envidia hablara por mí. Muéstrame qué deseo hay detrás de mi enojo, dame humildad para pedir perdón y valor para buscar la paz, aunque el primer paso me toque a mí. Hágase tu voluntad en este coro. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y que también estaba en el ensayo del jueves, mirando el corazón de cada uno. Delante de él no necesitas defenderte. Que el Espíritu de Dios te muestre en este silencio lo que hay detrás de tu enojo.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre el origen de tus conflictos?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué deseo de reconocimiento, de control o de tener la razón necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta semana borraré los comentarios que dejé en el chat y le pediré perdón al grupo. Después invitaré al nuevo director a tomar un café, le preguntaré en qué puedo ayudarle y le ofreceré lo que he aprendido en estos años”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 22:24-27. Los discípulos discuten quién es el mayor, y Jesús les enseña a servir.
«Mas vosotros, no así: antes el que es mayor entre vosotros, sea como el más mozo; y el que es príncipe, como el que sirve.» (Lucas 22:26) - Mateo 5:23-24. Volver primero en amistad con el hermano antes de presentar la ofrenda.
«Deja allí tu presente delante del altar, y vete, vuelve primero en amistad con tu hermano, y entonces ven y ofrece tu presente.» (Mateo 5:24) - Filipenses 2:1-5. Nada por contienda ni por vanagloria; estimar a los demás con humildad.
«Nada hagáis por contienda ó por vanagloria; antes bien en humildad, estimándoos inferiores los unos á los otros:» (Filipenses 2:3) - Santiago 3:13-18. Donde hay envidia y contención hay perturbación; la sabiduría de lo alto es pacífica.
«Porque donde hay envidia y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.» (Santiago 3:16)
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