13 de septiembre · El dolor por mi barrio o mi ciudad que se vuelve oración y acción
La oración de Nehemías: lloré y enluté por algunos días
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 13 de septiembre.
Versículo del día: Nehemías 1:3-11 RV1909
Tienes sesenta años y tienes una carpintería en un barrio de Estelí, Nicaragua. Naciste en ese barrio y te duele verlo así: la cancha donde jugabas de niño está llena de monte y botellas, el parquecito no tiene luz y en las tardes ves a muchachos de trece y catorce años sentados en la acera sin nada que hacer, algunos ya oliendo pega. En la noche, con tus amigos de la iglesia, siempre sale el tema y siempre termina igual: “esto se perdió”, “los padres ya no educan”, “la juventud de ahora”. Ayer, al cerrar el taller, uno de esos muchachos se quedó mirando cómo cepillabas una tabla de cedro y te preguntó si era difícil. Le dijiste que sí y cerraste el portón. Esta noche no dejas de pensar en sus ojos.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por mis manos que todavía trabajan, por mi casa, por mi familia y por el barrio donde me has permitido vivir tantos años. Me quedo en silencio delante de ti… Te presento a los muchachos de la acera, a sus familias y al que se asomó ayer a mi portón. Confieso que yo también he sido parte del problema con mi indiferencia. No se haga mi voluntad, sino la tuya. Dame un corazón que llore por lo que tú lloras y valor para poner mis manos al servicio de mi barrio. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
3Y dijéronme: El residuo, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalem derribado, y sus puertas quemadas á fuego. 4Y fué que, como yo oí estas palabras, sentéme y lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos. 5Y dije: Ruégote, oh Jehová, Dios de los cielos, fuerte, grande, y terrible, que guarda el pacto y la misericordia á los que le aman y guardan sus mandamientos; 6Esté ahora atento tu oído, y tus ojos abiertos, para oir la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos contra ti cometido; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado. 7En extremo nos hemos corrompido contra ti, y no hemos guardado los mandamientos, y estatutos y juicios, que mandaste á Moisés tu siervo. 8Acuérdate ahora de la palabra que ordenaste á Moisés tu siervo, diciendo: Vosotros prevaricaréis, y yo os esparciré por los pueblos: 9Mas os volveréis á mí, y guardaréis mis mandamientos, y los pondréis por obra. Si fuere vuestro lanzamiento hasta el cabo de los cielos, de allí os juntaré; y traerlos he al lugar que escogí para hacer habitar allí mi nombre. 10Ellos pues son tus siervos y tu pueblo, los cuales redimiste con tu gran fortaleza, y con tu mano fuerte. 11Ruégote, oh Jehová, esté ahora atento tu oído á la oración de tu siervo, y á la oración de tus siervos, quienes desean temer tu nombre: y ahora concede hoy próspero suceso á tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.
Nehemías 1:3-11 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Nehemías vivía lejos de Jerusalén: era copero del rey de Persia, un cargo de confianza en el palacio. Un día llegaron unos hombres de Judá y le contaron cómo estaba su ciudad: «Y dijéronme: El residuo, los que quedaron de la cautividad allí en la provincia, están en gran mal y afrenta, y el muro de Jerusalem derribado, y sus puertas quemadas á fuego.» Un muro derribado significaba una ciudad indefensa y avergonzada. Nehemías no respondió con un comentario ni con una queja: «Y fué que, como yo oí estas palabras, sentéme y lloré, y enlutéme por algunos días, y ayuné y oré delante del Dios de los cielos.» Dejó que el dolor de su ciudad le llegara al corazón.
Luego oró, y su oración tiene algo que llama la atención: no culpa a otros, se incluye. «Esté ahora atento tu oído, y tus ojos abiertos, para oir la oración de tu siervo, que yo hago ahora delante de ti día y noche, por los hijos de Israel tus siervos; y confieso los pecados de los hijos de Israel que hemos contra ti cometido; sí, yo y la casa de mi padre hemos pecado.» Esto revela algo de Dios: escucha el dolor que se vuelve oración humilde, y muchas veces responde poniendo en movimiento a quien oró. Al final, Nehemías pide algo muy concreto: «Ruégote, oh Jehová, esté ahora atento tu oído á la oración de tu siervo, y á la oración de tus siervos, quienes desean temer tu nombre: y ahora concede hoy próspero suceso á tu siervo, y dale gracia delante de aquel varón. Porque yo servía de copero al rey.» Su oración terminó en un plan: hablar con el rey, viajar y reconstruir el muro junto con su pueblo.
Jesús también lloró por una ciudad: «Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,» (Lucas 19:41). Su llanto no fue lástima de lejos; caminó por esas calles, sanó, enseñó y se acercó a los que todos daban por perdidos.
Tu parte es dejar que el dolor por tu barrio pase de la queja a la oración, y de la oración a la acción. Quizá no puedas arreglar la cancha tú solo ni sacar a todos los muchachos de la pega. Pero tienes un taller, unas manos con cuarenta años de oficio y un muchacho que ya se asomó a tu portón. Nehemías empezó por llorar y orar; después levantó el muro piedra por piedra, con otros. Tu muro quizá empiece con una tabla de cedro.
¿Tu dolor por el barrio se ha quedado en queja, o se está volviendo oración y acción?
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Orar Oratio
Señor, te doy gracias por mi barrio, por la gente que conozco desde niño, por mi taller y por el oficio que me enseñó mi padre. Tú sabes cuánto me duele ver a esos muchachos perdidos, y reconozco que he hablado mucho y hecho poco, y que ayer cerré el portón. Muéstrame qué esperas de mí. Si lo tienes a bien, abre el corazón de ese muchacho; y dame valor para acercarme, paciencia para enseñar y disciplina para no quedarme solo en la queja. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Nehemías se sentó y lloró antes de levantar el muro. Quédate quieto y deja que el dolor por tu barrio llegue a Dios. Que el Espíritu de Dios te muestre qué parte del muro te toca a ti.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu barrio y sobre lo que puedes hacer por él?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué desánimo, qué juicio contra la juventud o qué comodidad necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana, cuando pase el muchacho, le abriré el portón y le enseñaré a cepillar una tabla. Esta semana hablaré con dos hermanos de la iglesia para ofrecer un taller de carpintería los fines de semana a los jóvenes del barrio, con permiso de sus papás”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 19:41-44. Jesús llora al ver la ciudad de Jerusalén.
«Y como llegó cerca, viendo la ciudad, lloró sobre ella,» (Lucas 19:41) - Nehemías 2:17-20. La oración se vuelve acción: levantémonos y edifiquemos.
«Entonces les declaré cómo la mano de mi Dios era buena sobre mí, y asimismo las palabras del rey, que me había dicho. Y dijeron: Levantémonos, y edifiquemos. Así esforzaron sus manos para bien.» (Nehemías 2:18) - Santiago 2:14-17. La fe sin obras es muerta en sí misma.
«Así también la fe, si no tuviere obras, es muerta en sí misma.» (Santiago 2:17) - Proverbios 3:27-28. No detengas el bien cuando tienes poder para hacerlo.
«No detengas el bien de sus dueños, cuando tuvieres poder para hacerlo.» (Proverbios 3:27)
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Esta oración también está en el archivo: La oración de Nehemías: lloré y enluté por algunos días.