Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

15 de febrero · Arrepentirse de verdad, no solo lamentar las consecuencias

Salmo 51: la oración de David después de su pecado

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 15 de febrero.

Versículo del día: Salmo 51:1-12 RV1909

Tienes treinta y nueve años y eres vendedor de una distribuidora de repuestos en Guayaquil. El viernes saliste de la reunión de fin de mes después de “unas cuantas” cervezas y decidiste manejar. En una esquina no viste a tiempo a un muchacho que iba en moto: tiene diecinueve años, la pierna fracturada en dos partes y no podrá trabajar en meses. Desde entonces no hablas de otra cosa que de la multa, del abogado, del seguro que no quiere pagar y de lo que dirá tu jefe. A todos les repites que el muchacho iba muy rápido y que solo fueron tres cervezas. Anoche tu esposa te dijo, despacio: “En cuatro días no has preguntado ni una vez cómo está él”. Te dolió, porque es verdad.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por la vida del muchacho, por mi familia y por tu paciencia conmigo. Tú sabes que he pasado estos días defendiéndome. Me quedo en silencio delante de ti… Esta noche no quiero excusas: pequé contra ti y contra él. Ten piedad de mí conforme a tu misericordia. Ayúdame a ver mi pecado como tú lo ves, a aceptar lo que venga con humildad y a actuar mañana con responsabilidad. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Al Músico principal: Salmo de David, cuando después que entró á Bathsebah, vino á él Nathán el profeta. TEN piedad de mí, oh Dios, conforme á tu misericordia: conforme á la multitud de tus piedades borra mis rebeliones. 2Lávame más y más de mi maldad, y límpiame de mi pecado. 3Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado está siempre delante de mí. 4A ti, á ti solo he pecado, y he hecho lo malo delante de tus ojos: porque seas reconocido justo en tu palabra, y tenido por puro en tu juicio. 5He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre. 6He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. 7Purifícame con hisopo, y seré limpio: lávame, y seré emblanquecido más que la nieve. 8Hazme oir gozo y alegría; y se recrearán los huesos que has abatido. 9Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. 10Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí. 11No me eches de delante de ti; y no quites de mí tu santo espíritu. 12Vuélveme el gozo de tu salud; y el espíritu libre me sustente.

    Salmo 51:1-12 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    El Salmo 51 nace en uno de los momentos más oscuros de la vida de David. El rey había tomado a Betsabé, la mujer de Urías, y para tapar su pecado dispuso que Urías muriera en la batalla. Pasó un tiempo como si nada, hasta que Dios envió al profeta Natán a confrontarlo (2 Samuel 12). Lo sorprendente es lo que David no dice: no culpa a Betsabé, ni a la soledad del poder, ni a las circunstancias. Dice: «Porque yo reconozco mis rebeliones; y mi pecado está siempre delante de mí.»

    Esto revela algo de Dios: no se conforma con que lamentemos lo que nos cuesta haber pecado; quiere la verdad del corazón. «He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo: y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría.» Hay un dolor que solo mira las consecuencias: la multa, la vergüenza, lo que perdí. Pablo lo distingue de otro dolor: «Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte.» (2 Corintios 7:10). Cuando David dice “a ti, á ti solo he pecado”, no se olvida de Urías: reconoce que todo daño al prójimo es también una ofensa contra Dios, que ama a ese prójimo. Por eso pide lo que solo Dios puede hacer: “lávame”, “crea en mí, oh Dios, un corazón limpio”. Pero no se queda esperando quieto: reconoce su pecado, deja escrita su confesión para que se cantara delante de todos, y se compromete a enseñar a otros el camino de vuelta.

    Jesús contó la historia de un hijo que malgastó la herencia y terminó cuidando cerdos. Empezó por el hambre, pero no se quedó ahí: cuando volvió en sí, no preparó excusas. «Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti;» (Lucas 15:18). Se levantó, fue, y encontró a un padre que corría hacia él.

    Arrepentirse de verdad empieza por dejar de defenderse. Mientras sigas hablando de la velocidad de la moto o de las tres cervezas, el centro sigues siendo tú. El arrepentimiento mira a Dios y mira al herido: pregunta por él, se hace cargo de lo que le corresponde, acepta las consecuencias sin buscar atajos y cambia lo que llevó a la caída. Si el trago se ha vuelto un hábito que no controlas, buscar un grupo de apoyo o un profesional también es parte de volver a Dios.

    ¿Te duele más lo que hiciste o lo que te está costando?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias porque el muchacho está vivo, por los médicos que lo atienden, por mi esposa que me dijo la verdad y porque no me dejas seguir escondido detrás de excusas. Reconozco que manejé tomado y que lo herí; la culpa es mía. No se haga mi voluntad sino la tuya en lo que venga. Muéstrame qué esperas de mí, y dame humildad para aceptar las consecuencias y valor para hacerme cargo del daño. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente y que te mira con verdad y con misericordia a la vez. Delante de él no necesitas defenderte. Que el Espíritu de Dios te muestre, en este silencio, lo que de verdad hay en tu corazón.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre la diferencia entre lamentar las consecuencias y arrepentirte?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué excusa, justificación o miedo a perder tu imagen necesitas poner en las manos de Dios?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana llamaré a la familia del muchacho para preguntar cómo está, pedirle perdón sin excusas y ofrecer lo que me corresponde para su recuperación. Y le diré a mi esposa que no volveré a manejar si he tomado aunque sea una cerveza”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • 2 Corintios 7:8-11. El dolor según Dios lleva al arrepentimiento; el del mundo, a la muerte.
    «Porque el dolor que es según Dios, obra arrepentimiento saludable, de que no hay que arrepentirse; mas el dolor del siglo obra muerte.» (2 Corintios 7:10)
  • Lucas 15:17-21. El hijo que vuelve en sí y nombra su pecado sin excusas.
    «Me levantaré, é iré á mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo, y contra ti;» (Lucas 15:18)
  • 1 Samuel 15:24-30. Saúl dice “he pecado”, pero le preocupa más su honra delante del pueblo.
    «Y él dijo: Yo he pecado: mas ruégote que me honres delante de los ancianos de mi pueblo, y delante de Israel; y vuelve conmigo para que adore á Jehová tu Dios.» (1 Samuel 15:30)
  • Salmo 32:1-5. Mientras David calló, se consumía; cuando confesó, fue perdonado.
    «Mi pecado te declaré, y no encubrí mi iniquidad. Confesaré, dije, contra mí mis rebeliones á Jehová; y tú perdonaste la maldad de mi pecado. (Selah.)» (Salmo 32:5)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Salmo 51: la oración de David después de su pecado.

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