16 de septiembre · Cuando no siento a Dios por ningún lado
Job 23:10: me probará, y saldré como oro
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 16 de septiembre.
Versículo del día: Job 23:8-10 RV1909
Tienes cuarenta y seis años y eres enfermera de un hospicio en Mayagüez, Puerto Rico. Visitas en sus casas a pacientes que ya no tienen cura: les ajustas el medicamento para el dolor y escuchas a las familias en la cocina. Durante años sentiste a Dios muy cerca en ese trabajo; orabas en el carro entre una casa y otra y salías de cada visita con paz. Desde hace ocho meses no sientes nada. Oras y es como hablarle al techo. Abres la Biblia y las palabras no te dicen nada. El domingo cantas con los demás, pero por dentro estás seca. Anoche, después de acompañar la muerte de don Efraín, te quedaste en el carro frente a tu casa sin fuerzas para entrar, y pensaste: “Si Dios está, ¿dónde se metió?”. No se lo has contado a nadie.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por los pacientes que cuidé, por las familias que me abrieron su casa y por el techo que me espera, aunque hoy me cueste entrar. Tú sabes que no te siento. Me quedo en silencio delante de ti… aunque solo escuche silencio, aquí estoy de todos modos. Tú conoces mi camino aunque yo no vea el tuyo. No se haga mi voluntad, sino la tuya: si lo tienes a bien, devuélveme el gozo de tu presencia, y si no, dame fuerzas para seguir fiel en lo oscuro y humildad para pedir ayuda. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
8He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré: 9Si al norte él obrare, yo no lo veré; al mediodía se esconderá, y no lo veré. 10Mas él conoció mi camino: probaráme, y saldré como oro.
Job 23:8-10 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Job era un hombre íntegro que lo perdió todo: sus hijos, sus bienes y su salud. Sus amigos le insisten en que algo malo habrá hecho; Job sabe que no es así. Y en el capítulo 23 lo que más le duele ya no son las pérdidas, sino el silencio de Dios: «¡Quién me diera el saber dónde hallar á Dios! yo iría hasta su silla.» Lo busca por los cuatro puntos cardinales: «He aquí yo iré al oriente, y no lo hallaré; y al occidente, y no lo percibiré:» «Si al norte él obrare, yo no lo veré; al mediodía se esconderá, y no lo veré.» (El “mediodía” es el sur.) Job no finge una paz que no tiene. Y la Biblia guarda sus palabras: sentir que Dios se ha escondido no es algo ajeno a la fe; es parte del camino de muchos creyentes.
Entonces viene el giro: «Mas él conoció mi camino: probaráme, y saldré como oro.» Job no ve a Dios, pero confía en que Dios sí lo ve a él. Que yo no sienta a Dios no significa que Dios no esté. El oro se pone al fuego no para destruirlo, sino para que se separe la escoria. Pero ojo: Job nunca supo por qué sufría, y este versículo no es una explicación de su dolor ni una promesa de que todo sufrimiento es una prueba enviada a propósito. Es una confianza dicha en plena oscuridad. Al final del libro, después de mucho batallar, Job dirá: «De oídas te había oído; mas ahora mis ojos te ven.» La fe que atraviesa la noche no siempre se siente más, pero suele salir más honda y menos dependiente de lo que siento.
Jesús también conoció esa noche. En la cruz oró con las palabras del Salmo 22: «Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46). No escondió el sentimiento de abandono; lo llevó a Dios en oración, y aun así lo llamó “Dios mío”.
Tu parte no es fabricar sentimientos, sino seguir caminando, como Job: «Mis pies tomaron su rastro; guardé su camino, y no me aparté.» Sigue orando aunque no sientas nada, y ora con honestidad: dile a Dios lo que pensaste en el carro. Cuéntaselo a alguien de confianza; la vergüenza crece en lo escondido. Y cuida tu alma y tu cuerpo: tu trabajo te pone frente a la muerte cada semana, y el desgaste de quienes cuidan es real. Si a la sequedad se suman tristeza constante, insomnio o falta de ganas de vivir, busca a un profesional de salud mental o el programa de apoyo de tu hospicio; eso es parte del cuidado de Dios, no falta de fe. Mientras tanto, las familias que acompañas siguen recibiendo consuelo a través de tus manos, aunque tú no lo sientas.
¿Qué cambiaría en ti si creyeras que Dios conoce tu camino aunque tú no lo sientas a él?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi vida, por mi familia, por las manos que me diste para cuidar a otros y por cada paciente que me has dejado acompañar, como don Efraín. Tú sabes que hace meses no te siento, que oro y me parece que nadie escucha, y que me da vergüenza decirlo. Si lo tienes a bien, déjame volver a sentir tu cercanía; y si no, dame fe para seguir tu rastro aunque no te sienta. Dame humildad para contárselo a alguien, sabiduría para cuidar mi cuerpo y mi alma, y constancia para no apartarme de tu camino. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí aunque no lo sientas, como estaba en la habitación de don Efraín y en el carro frente a tu casa. Él conoce tu camino. Que el Espíritu de Dios te sostenga en este silencio, aunque solo escuches silencio.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre su presencia cuando no la sientes?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué necesidad de sentir, de entender o de tener pruebas necesitas poner en las manos de Dios? Entrégala de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta semana le contaré a una compañera del hospicio cómo me siento y preguntaré por el programa de apoyo para el personal. Cada noche, aunque no sienta nada, leeré un salmo en voz alta antes de entrar a la casa. Y llamaré a la hija de don Efraín para preguntarle cómo está, sin discursos, solo para acompañarla”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Salmo 22:1-11. Un salmista clama de día y de noche sin sentir respuesta, y aun así recuerda la fidelidad de Dios.
«Dios mío, clamo de día, y no oyes; y de noche, y no hay para mí silencio.» (Salmo 22:2) - Mateo 27:45-50. Jesús ora en la cruz con las palabras del Salmo 22.
«Y cerca de la hora de nona, Jesús exclamó con grande voz, diciendo: Eli, Eli, ¿lama sabachtani? Esto es: Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?» (Mateo 27:46) - Isaías 50:10. Al que anda en tinieblas y no tiene luz: que confíe en el nombre de Jehová.
«¿Quién hay entre vosotros que teme á Jehová, y oye la voz de su siervo? el que anda en tinieblas y carece de luz, confíe en el nombre de Jehová, y apóyese en su Dios.» (Isaías 50:10) - 1 Pedro 1:3-9. La fe probada, más preciosa que el oro probado con fuego.
«Para que la prueba de vuestra fe, mucho más preciosa que el oro, el cual perece, bien que sea probado con fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra, cuando Jesucristo fuere manifestado:» (1 Pedro 1:7)
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Esta oración también está en el archivo: Job 23:10: me probará, y saldré como oro.