15 de septiembre · Acompañar el dolor sin discursos
Los amigos de Job: siete días en silencio
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 15 de septiembre.
Versículo del día: Job 2:11-13 RV1909
Tienes sesenta y tres años y vendes lotería en una esquina del mercado Roberto Huembes, en Managua. Desde hace quince años compartes la acera con don Fermín, que vende periódicos y confites; se cuidan el puesto, se prestan cambio y se cuentan la vida. Hace diez días a don Fermín se le murió su nieto de nueve años, de dengue. Cuando regresó a la esquina, enseguida le hablaste: que Dios sabe por qué hace las cosas, que el niño ya está mejor, que hay que ser fuerte, que a ti también se te murió tu papá y saliste adelante. Él no dijo nada, recogió su caja antes de tiempo y hoy se puso al otro lado de la calle. Te sentiste ofendido, pero esta noche, contando los billetes que no vendiste, te preguntas qué hiciste mal.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por la venta que hubo y por la que no hubo, por mi salud, por mi casa y por los amigos que me has dado en el camino. Me quedo en silencio delante de ti… sin explicaciones, sin respuestas, solo contigo. Te presento a don Fermín, a su familia y el dolor tan grande que tienen. Si lo tienes a bien, dale consuelo y fuerzas; y a mí dame un corazón humilde para acercarme de nuevo, la sabiduría de callar cuando hace falta y el valor de quedarme cuando el dolor del otro me incomoda. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
11Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle. 12Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo. 13Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.
Job 2:11-13 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Job había perdido en pocos días sus bienes, sus hijos y su salud. Estaba sentado entre la ceniza, cubierto de llagas. Entonces llegaron sus amigos: «Y tres amigos de Job, Eliphaz Temanita, y Bildad Suhita, y Sophar Naamathita, luego que oyeron todo este mal que le había sobrevenido, vinieron cada uno de su lugar; porque habían concertado de venir juntos á condolecerse de él, y á consolarle.» Se pusieron de acuerdo y viajaron desde lejos; eso ya era amor. Al verlo, ni lo reconocieron: «Los cuales alzando los ojos desde lejos, no lo conocieron, y lloraron á voz en grito; y cada uno de ellos rasgó su manto, y esparcieron polvo sobre sus cabezas hacia el cielo.» En aquella cultura, rasgar el manto y echarse polvo eran señales de duelo: se hicieron uno con su dolor.
Y luego viene lo más hermoso que hicieron: «Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.» Sentarse en tierra era bajar al lugar del que sufre. Siete días era el tiempo del duelo completo. Lo triste es que, después, empezaron a hablar, y durante muchos capítulos le explicaron a Job por qué le pasaba eso, hasta que él les dijo: «Muchas veces he oído cosas como estas: consoladores molestos sois todos vosotros.» (Job 16:2). Al final del libro, Dios mismo les dice que no hablaron bien de él (Job 42:7). Esto revela algo de Dios: no necesita que lo defendamos con explicaciones ante el que sufre. Hay misterios que él no nos pide resolver, sino acompañar.
Jesús, la noche antes de morir, no pidió a sus amigos discursos sino compañía: «Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.» (Mateo 26:38). Quedarse y velar: eso es acompañar.
Tu parte no es sentirte culpable, sino aprender. Tus palabras salieron de buen corazón, pero llenaron un silencio que don Fermín necesitaba. Frases como “Dios sabe por qué” o “ya está mejor” pueden sonar a que su dolor sobra. Lo que más ayuda casi siempre es estar: un “lo siento mucho”, un abrazo, un café, cuidarle el puesto para que pueda ir al cementerio, escuchar si quiere hablar del niño. Y si con el tiempo ves que su tristeza lo hunde, podrás acompañarlo a buscar ayuda en su iglesia o con un profesional.
¿Qué necesita de ti alguien que sufre: tus explicaciones o tu presencia?
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Orar Oratio
Señor, te doy gracias por don Fermín y por los años de amistad en esta esquina, por el trabajo de cada día y por las personas que me acompañaron cuando murió mi papá. Tú sabes cuánto le duele la muerte de su nieto, y reconozco que hablé demasiado y escuché poco. No se haga mi voluntad, sino la tuya. Ayúdame a entender qué debo cambiar en mí, dame humildad para pedirle perdón y disciplina para aprender a acompañar en silencio. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Los amigos de Job se sentaron en tierra y callaron, porque el dolor era muy grande. Quédate tú también en silencio delante de Dios. Que el Espíritu de Dios te enseñe a consolar con tu presencia más que con tus palabras.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu manera de acompañar a los que sufren?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué necesidad de tener siempre una respuesta, o qué orgullo herido porque tu amigo se alejó, necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana cruzaré la calle, le llevaré un café a don Fermín y le diré solo: ‘Perdóname por hablar tanto; lo siento mucho por tu nieto’. Me quedaré a su lado sin dar consejos, y le ofreceré cuidarle el puesto el día que quiera ir al cementerio”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Romanos 12:12-15. Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.
«Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.» (Romanos 12:15) - Lucas 24:13-17. Jesús camina con dos discípulos tristes y empieza por preguntar.
«Y díjoles: ¿Qué pláticas son estas que tratáis entre vosotros andando, y estáis tristes?» (Lucas 24:17) - Job 16:1-5. Job llama a sus amigos consoladores molestos.
«Muchas veces he oído cosas como estas: consoladores molestos sois todos vosotros.» (Job 16:2) - Proverbios 25:19-20. Cantar canciones al corazón afligido es como quitar la ropa en tiempo de frío.
«El que canta canciones al corazón afligido, es como el que quita la ropa en tiempo de frío, ó el que sobre el jabón echa vinagre.» (Proverbios 25:20)
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Esta oración también está en el archivo: Los amigos de Job: siete días en silencio.