Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

19 de agosto · La mujer maltratada y sola a quien Dios ve y nombra

El Dios que me ve: Agar en el desierto

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 19 de agosto.

Versículo del día: Génesis 16:6-13 RV1909

Tienes diecisiete años y estás embarazada de seis meses. Cuando tu mamá supo del embarazo te dijo que te fueras, y te fuiste a vivir con tu pareja y su familia en Puente Alto. Al principio él te cuidaba; ahora te grita, te revisa el celular y su mamá te dice “la recogida” delante de todos. Anoche, en una discusión, te empujó contra el refrigerador. Tomaste la mochila y caminaste hasta la casa de tu tía en La Florida, donde duermes en un sillón. Hoy no fuiste al liceo ni al control en el consultorio. Él te escribe: “perdóname, vuelve, sin ti no soy nada”. Una parte de ti quiere volver, porque piensas que nadie más te va a querer así, con guagua. Esta noche te tocas la panza y te sientes invisible.

Oración de la noche

Señor, gracias por haberme cuidado hoy, por la casa de mi tía, por el pan de esta noche y por la guagua que se mueve dentro de mí. Me quedo en silencio delante de ti… Tú viste lo que me hicieron y oíste mi llanto. Pongo en tus manos mi miedo, mi soledad y el futuro de mi hijo. Ayúdame a creer que valgo a tus ojos, aunque otros me hayan tratado como si no valiera. Dame fuerzas para no volver al lugar donde me lastiman y para dejarme ayudar. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    6Y respondió Abram á Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Y como Sarai la afligiese, huyóse de su presencia. 7Y hallóla el ángel de Jehová junto á una fuente de agua en el desierto, junto á la fuente que está en el camino del Sur. 8Y le dijo: Agar, sierva de Sarai, ¿de dónde vienes tú, y á dónde vas? Y ella respondió: Huyo de delante de Sarai, mi señora. 9Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete á tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano. 10Díjole también el ángel de Jehová: Multiplicaré tanto tu linaje, que no será contado á causa de la muchedumbre. 11Díjole aún el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción. 12Y él será hombre fiero; su mano contra todos, y las manos de todos contra él, y delante de todos sus hermanos habitará. 13Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?

    Génesis 16:6-13 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Agar era una esclava egipcia, extranjera, sin derechos. Sarai, que no podía tener hijos, la entregó a Abram para tener un hijo por medio de ella, como se acostumbraba entonces. Cuando Agar quedó embarazada, la relación entre las dos mujeres se envenenó, y Abram se lavó las manos: «Y respondió Abram á Sarai: He ahí tu sierva en tu mano, haz con ella lo que bien te pareciere. Y como Sarai la afligiese, huyóse de su presencia.» “Afligir” es maltratar, humillar. Embarazada y sola, Agar huyó al desierto. La Biblia no esconde lo que le hicieron, ni lo justifica.

    Y allí, junto a una fuente en el camino del Sur, Dios la encontró. La llamó por su nombre, le preguntó de dónde venía y a dónde iba, y escuchó su respuesta. Es cierto que el ángel le dijo: «Y díjole el ángel de Jehová: Vuélvete á tu señora, y ponte sumisa bajo de su mano.» Este versículo se ha usado mal para pedirles a mujeres maltratadas que vuelvan y aguanten. No es eso lo que enseña. Agar estaba en un desierto, sin agua ni protección, y en su mundo una esclava sola no tenía cómo sobrevivir; la Biblia cuenta lo que Dios hizo con ella en ese momento, no lo pone como regla para quien hoy sufre violencia. Lo que sí se repite es el carácter de Dios: «Díjole aún el ángel de Jehová: He aquí que has concebido, y parirás un hijo, y llamarás su nombre Ismael, porque oído ha Jehová tu aflicción.» Ismael significa “Dios oye”. Y Agar, la que nadie tomaba en cuenta, es la primera persona en la Biblia que le pone un nombre a Dios: «Entonces llamó el nombre de Jehová que con ella hablaba: Tú eres el Dios de la vista; porque dijo: ¿No he visto también aquí al que me ve?» Años después, cuando la echaron de la casa, Dios oyó el clamor del muchacho y la sostuvo afuera (Génesis 21).

    Jesús enseñó que nadie está olvidado delante de Dios: «¿No se venden cinco pajarillos por dos blancas? pues ni uno de ellos está olvidado delante de Dios.» «Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.» (Lucas 12:6-7). Tú no eres “la recogida”. Eres vista, oída y amada por Dios, y también lo es la guagua que esperas.

    Lo que te hicieron no es tu culpa ni define quién eres. Nada en este pasaje te pide que vuelvas a donde te empujan y te humillan; un “perdóname” por mensaje no es un cambio de vida. Tu parte ahora es cuidarte a ti y a tu hijo: contarle a un adulto de confianza lo que pasó, llamar al fono de orientación en violencia contra la mujer (en Chile, el 1455) o a Carabineros si estás en peligro, volver al control prenatal y hablar con la orientadora del liceo para no dejar los estudios. Pedir ayuda no es debilidad: es la fuente de agua que Dios puso en tu camino.

    ¿Qué cambiaría en ti si de verdad creyeras que Dios te ve y te llama por tu nombre?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por la vida que crece dentro de mí, por mi tía que me abrió su casa y por este sillón donde hoy duermo a salvo. Tú sabes cuánto me duele lo que viví y lo sola que me siento. Tú eres el Dios que me ve. Muéstrame cuál es tu voluntad para mí y para mi hijo, dame claridad para no volver a donde me hacen daño y valor para pedir ayuda, volver al liceo y cuidarme. No se haga mi voluntad, sino la tuya. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, en esta casa prestada, mirándote con ternura a ti y a tu hijo. No eres invisible para él. Que el Espíritu de Dios te consuele y te recuerde, en este silencio, que tu vida tiene un valor que nadie te puede quitar.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre la manera en que él te mira?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué culpa, miedo o idea de “no valgo nada” necesitas poner en las manos de Dios esta noche?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana le contaré a mi tía todo lo que pasó, sin esconder nada, y juntas llamaremos al 1455 para pedir orientación. Después iré al consultorio a pedir una nueva hora para el control y le escribiré a la orientadora del liceo para que me ayude a no perder el año”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Génesis 21:14-20. Dios vuelve a encontrar a Agar en el desierto y oye la voz del muchacho.
    «Y oyó Dios la voz del muchacho; y el ángel de Dios llamó á Agar desde el cielo, y le dijo: ¿Qué tienes, Agar? No temas; porque Dios ha oído la voz del muchacho en donde está.» (Génesis 21:17)
  • Lucas 12:4-7. Ni un pajarillo está olvidado delante de Dios; tú vales más.
    «Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.» (Lucas 12:7)
  • Salmo 56:8-11. Dios cuenta mis huidas y guarda mis lágrimas.
    «Mis huídas has tú contado: pon mis lágrimas en tu redoma: ¿no están ellas en tu libro?» (Salmo 56:8)
  • Isaías 43:1-4. Te puse nombre, mío eres tú; fuiste de grande estima a mis ojos.
    «Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma.» (Isaías 43:4)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: El Dios que me ve: Agar en el desierto.

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