23 de febrero · Hablarle a mi alma con verdad
Salmo 42:11: ¿por qué te abates, oh alma mía?
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 23 de febrero.
Versículo del día: Salmo 42:6-11 RV1909
Tienes veintitrés años, estudias ingeniería de sistemas en las noches y de día trabajas en una tienda de celulares en Managua. Desde hace unos cinco meses todo te cuesta. Te despiertas cansado aunque duermas diez horas, dejaste de ir al fútbol de los sábados y contestas los mensajes de tus amigos con un “todo bien”. Por dentro una voz te repite: “No sirves para nada”, “vas a perder el semestre”, “Dios se olvidó de ti”. Ya reprobaste dos materias. Le contaste algo a tu papá y te dijo que los hombres no andan llorando, que te pongas las pilas. En el grupo de jóvenes alguien te dijo que la tristeza es falta de fe. Así que oras más, pero la tristeza sigue, y ahora además te sientes culpable.
Oración de la noche
Padre, gracias por este día, aunque fue pesado; gracias por la cama, por el techo, por mi familia y por las personas que se preocupan por mí. Me quedo en silencio delante de ti… Tú conoces las olas que me pasan por encima. Esta noche le digo a mi alma: espera a Dios. Si lo tienes a bien, alivia esta tristeza; y mientras tanto, dame valor para buscar ayuda mañana y paciencia en el camino. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
6Dios mío, mi alma está en mí abatida: acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar. 7Un abismo llama á otro á la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí. 8De día mandará Jehová su misericordia, y de noche su canción será conmigo, y oración al Dios de mi vida. 9Diré á Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo? 10Mientras se están quebrantando mis huesos, mis enemigos me afrentan, diciéndome cada día: ¿Dónde está tu Dios? 11¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.
Salmo 42:6-11 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
En la segunda parte del salmo, el salmista no esconde lo que siente: «Dios mío, mi alma está en mí abatida: acordaréme por tanto de ti desde tierra del Jordán, y de los Hermonitas, desde el monte de Mizhar.» Allí, al norte, donde nace el Jordán, el agua baja con estruendo, y él siente que todas esas aguas le pasan por encima: «Un abismo llama á otro á la voz de tus canales: todas tus ondas y tus olas han pasado sobre mí.»
Esto revela algo de Dios: le podemos decir la verdad, aun las preguntas duras. «Diré á Dios: Roca mía, ¿por qué te has olvidado de mí? ¿Por qué andaré yo enlutado por la opresión del enemigo?» Y en medio de ese dolor, el salmista hace algo valiente: le habla a su propia alma. «¿Por qué te abates, oh alma mía, y por qué te conturbas en mí? Espera á Dios; porque aun le tengo de alabar; es él salvamento delante de mí, y el Dios mío.» No se dice “prohibido estar triste”; se pregunta por qué, y se recuerda lo que es verdad: Dios sigue siendo su Dios. Ese estribillo se repite tres veces entre los Salmos 42 y 43, porque la esperanza no llega de un día para otro: se vuelve a decir una y otra vez. La Biblia no llama falta de fe a la tristeza; la pone en la boca de un creyente que ora.
La noche antes de morir, Jesús dijo a sus amigos: «Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.» (Mateo 26:38). No se escondió para parecer fuerte: nombró su tristeza y pidió compañía. Pedir ayuda no es debilidad.
Hablarle a tu alma con verdad es responder a esa voz que dice “no sirves” con lo que Dios dice de ti, y también reconocer lo que te está pasando. Meses de cansancio, pérdida de interés, sueño alterado y pensamientos de que no vales pueden ser señales de depresión, una condición de salud y no un fracaso espiritual. Buscar a un psicólogo o a un médico es parte del cuidado de Dios, como ir al médico por una fractura; muchas universidades ofrecen ese servicio sin costo. Cuéntale a alguien de confianza lo que de verdad sientes. Y si en algún momento aparece el deseo de no vivir o de hacerte daño, busca ayuda de inmediato: una línea de emergencia, un hospital o una persona cercana.
¿Qué te dice tu alma en estos días, y qué verdad de Dios necesitas decirle tú a ella?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi vida, por mi trabajo, por la posibilidad de estudiar y por los amigos que todavía me escriben. Tú sabes que llevo meses triste y cansado, y que me siento culpable por no poder salir solo de esto. No sé cuál es tu voluntad en este tiempo, pero quiero esperar en ti. Dame valor para pedir ayuda y humildad para dejarme acompañar. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente, aun cuando las olas te pasan por encima y no lo sientes. Él no se ha olvidado de ti. Respira despacio y quédate con él. Que el Espíritu de Dios te consuele y te ayude a decirle a tu alma: “Espera a Dios”.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu tristeza y sobre la ayuda que necesitas?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué culpa, vergüenza de pedir ayuda o pensamiento de que no sirves necesitas poner en las manos de Dios?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana pediré una cita con el servicio de psicología de la universidad o en el centro de salud. Esta semana le contaré a un amigo de confianza cómo me siento de verdad, y le preguntaré a un compañero del grupo de jóvenes cómo está él, porque quizá también lo necesita”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Mateo 26:36-39. Jesús comparte su tristeza y pide a sus amigos que lo acompañen.
«Entonces Jesús les dice: Mi alma está muy triste hasta la muerte; quedaos aquí, y velad conmigo.» (Mateo 26:38) - Salmo 43:1-5. El mismo estribillo, y la petición: envía tu luz y tu verdad.
«Envía tu luz y tu verdad: éstas me guiarán, me conducirán al monte de tu santidad, y á tus tabernáculos.» (Salmo 43:3) - 1 Reyes 19:3-8. Elías, agotado y sin ganas de vivir, recibe descanso y alimento antes de seguir.
«Y echándose debajo del enebro, quedóse dormido: y he aquí luego un ángel que le tocó, y le dijo: Levántate, come.» (1 Reyes 19:5) - Mateo 11:28-30. Jesús llama a los trabajados y cargados.
«Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.» (Mateo 11:28)
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Esta oración también está en el archivo: Salmo 42:11: ¿por qué te abates, oh alma mía?.