23 de marzo ·
Cuando el jefe llega de mal genio
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 23 de marzo.
Versículo del día: 1 Corintios 4:1-5 RV1909
Tienes veintinueve años y eres cocinera de línea en un restaurante de Miraflores, en Lima. El chef es muy bueno, pero cuando llega de mal genio grita, golpea las ollas y te dice delante de todos que eres lenta. Basta oír su voz en la puerta para que te suden las manos. El viernes, después de un regaño porque los ceviches de una mesa salieron tarde, no pudiste probar la comida del personal y lloraste en el baño. En la noche no duermes repasando sus palabras, y ya has pensado en renunciar a un trabajo que te gusta. Al mismo tiempo sabes que en algo tiene razón: llegas justa de hora y a veces no dejas lista tu estación antes del servicio. Te preguntas cómo hacer para que sus gritos no manden en tu día ni en tu estómago.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día de trabajo, por la comida que preparé con mis manos, por mis compañeros y por el descanso que me das ahora. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos las palabras duras que escuché hoy y el miedo que siento por mañana. Tú eres el que me juzga, y tu juicio es justo; hágase tu voluntad. Dame humildad para aprender, firmeza para poner límites si hace falta y paz para dormir sin repasar cada grito. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Téngannos los hombres por ministros de Cristo, y dispensadores de los misterios de Dios. 2Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel. 3Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros, ó de juicio humano; y ni aun yo me juzgo. 4Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; mas el que me juzga, el Señor es. 5Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual también aclarará lo oculto de las tinieblas, y manifestará los intentos de los corazones: y entonces cada uno tendrá de Dios la alabanza.
1 Corintios 4:1-5 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
En Corinto la iglesia se había dividido en grupos: unos decían ser de Pablo, otros de Apolos, otros de Pedro, y todos opinaban sobre quién predicaba mejor. Pablo era criticado, comparado y juzgado. Él responde poniendo las cosas en su lugar: es un “dispensador”, es decir, un administrador al que su señor le confió algo, y lo que se le pide es fidelidad: «Mas ahora se requiere en los dispensadores, que cada uno sea hallado fiel.» Y luego dice algo sorprendente: «Yo en muy poco tengo el ser juzgado de vosotros, ó de juicio humano; y ni aun yo me juzgo.»
Pablo no dice que nada le importe, ni que nunca se equivoque. Dice que el veredicto final sobre su vida no lo dan ellos, y ni siquiera su propia conciencia: «Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; mas el que me juzga, el Señor es.» Esto revela algo de Dios: él es el único juez que conoce “los intentos de los corazones”, y su juicio no es un grito en la cocina, sino una mirada justa y completa. Por eso Pablo podía recibir críticas sin hundirse y sin ensoberbecerse. La madurez no es volverse sordo: es escuchar lo que haya de verdad en un regaño, corregirlo con humildad, y dejar que el tono, el mal genio o la exageración se queden con quien los trae. Como dice un proverbio: «El que ama la corrección ama la sabiduría: mas el que aborrece la reprensión, es ignorante.» (Proverbios 12:1).
Jesús vivió en medio de críticas constantes, y su paz venía de otro lugar: «Porque el que me envió, conmigo está; no me ha dejado solo el Padre; porque yo, lo que á él agrada, hago siempre.» (Juan 8:29). Su norte no era agradar a la multitud ni calmar a sus críticos, sino agradar al Padre. Esa es la raíz de una paz que no depende del humor de nadie.
Tu parte tiene dos caras. La primera es hacer bien lo que te toca: llegar con tiempo, dejar lista tu estación, trabajar como para el Señor. No para comprar la aprobación del chef, sino porque es tu responsabilidad. La segunda es dejar de entregarle tu apetito y tu sueño: respirar antes de reaccionar, separar la corrección del grito, recordar quién te juzga de verdad. Y si los gritos se vuelven humillación constante, insultos o amenazas, eso ya no es un regaño sino maltrato: hablar con él en privado, con respeto, sobre la manera en que te trata, o acudir a recursos humanos, es poner un límite sano. Si la ansiedad no te deja comer ni dormir, busca también ayuda profesional. Y mira a tu lado: quizá el ayudante nuevo tiembla igual que tú.
¿Qué parte del regaño necesitas corregir con humildad, y qué parte necesitas dejar de cargar?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi trabajo, por lo que he aprendido en esta cocina, por la salud de mis manos y por el talento que me diste. Tú sabes cómo me afectan los gritos del chef y cuánto me cuesta comer y dormir después. Pongo este trabajo en tus manos y me someto a tu voluntad. Ayúdame a ver con humildad lo que debo corregir, dame disciplina para llegar a tiempo y preparar bien mi estación, y paz para no vivir pendiente del humor de nadie. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y que estará también mañana en la cocina, entre el ruido de las ollas. Su mirada sobre ti es justa y llena de amor. Que el Espíritu de Dios aquiete tu corazón en este silencio y te recuerde quién te juzga de verdad.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre el juicio de los demás y sobre el suyo?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué miedo al regaño, o qué necesidad de que tu jefe te apruebe, necesitas poner en las manos de Dios?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana llegaré más temprano para dejar lista mi estación antes del servicio. Cuando el chef levante la voz, respiraré, escucharé lo que tenga de razón y no me llevaré el resto a la casa. Esta semana le preguntaré al ayudante nuevo cómo se siente y le enseñaré lo que he aprendido”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Juan 16:31-33. Jesús deja a los suyos una paz que no depende de las circunstancias.
«Estas cosas os he hablado, para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción: mas confiad, yo he vencido al mundo.» (Juan 16:33) - Gálatas 1:10-12. Pablo no vive para agradar a los hombres, sino para servir a Cristo.
«Porque, ¿persuado yo ahora á hombres ó á Dios? ¿ó busco de agradar á hombres? Cierto, que si todavía agradara á los hombres, no sería siervo de Cristo.» (Gálatas 1:10) - Proverbios 29:23-26. El temor del hombre pone lazo; el que confía en Dios será levantado.
«El temor del hombre pondrá lazo: mas el que confía en Jehová será levantado.» (Proverbios 29:25) - Proverbios 15:31-33. El que escucha la corrección tiene entendimiento.
«El que tiene en poco la disciplina, menosprecia su alma: mas el que escucha la corrección, tiene entendimiento.» (Proverbios 15:32)
Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.
Esta oración también está en el archivo: Cuando el jefe llega de mal genio.