Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

25 de marzo ·

Mi valor ante los ojos de Dios

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 25 de marzo.

Versículo del día: Isaías 43:1-7 RV1909

Tienes cuarenta y dos años, naciste en Honduras y desde hace doce vives en Houston, donde limpias casas. En varias de ellas nadie sabe tu nombre: te dicen “la muchacha”, te dejan la lista sobre la mesa y no te miran a los ojos. El año pasado dejaste las clases de inglés porque la maestra te corrigió delante de todos y te sentiste tonta. En la iglesia, la líder de damas te pidió que dieras tu testimonio un domingo, y le dijiste que no, que tú “no sabes hablar”. Te has acostumbrado a decir “yo no sé”, “yo no sirvo para eso”, “yo solo limpio”. Esta noche, doblando ropa ajena en una lavandería, te diste cuenta de que hace años no piensas que vales algo.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por las fuerzas para trabajar, por el techo y el alimento, y porque tú sabes mi nombre aunque otros no lo sepan. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos las palabras que me han hecho sentir poca cosa y las que yo misma me he dicho. Hágase tu voluntad en mi vida. Enséñame a mirarme como tú me miras, y a mirar así también a los que tengo cerca. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Y AHORA, así dice Jehová Criador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú. 2Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti. 3Porque yo Jehová Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador: á Egipto he dado por tu rescate, á Etiopía y á Seba por ti. 4Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma. 5No temas, porque yo soy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré. 6Diré al aquilón: Da acá; y al mediodía: No detengas: trae de lejos mis hijos, y mis hijas de los términos de la tierra, 7Todos los llamados de mi nombre; para gloria mía los críe, los formé y los hice.

    Isaías 43:1-7 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Isaías habla a un pueblo derrotado. Israel iba a ser llevado al exilio en Babilonia: perdería su tierra, su templo y su nombre entre las naciones. Los vencedores lo veían como un pueblo de segunda, y ellos mismos terminarían creyéndolo. A ese pueblo Dios le habla así: «Y AHORA, así dice Jehová Criador tuyo, oh Jacob, y Formador tuyo, oh Israel: No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú.» “Redimir” era pagar el precio para liberar a alguien; “poner nombre” era decir: te conozco y me perteneces. A un pueblo que nadie nombraba con respeto, Dios lo llama por su nombre.

    Y luego viene la frase central: «Porque en mis ojos fuiste de grande estima, fuiste honorable, y yo te amé: daré pues hombres por ti, y naciones por tu alma.» Dios no dice que su pueblo lo mereciera por ser fuerte o importante. Su valor nace de la mirada de Dios y de su amor. Las menciones de Egipto y de otras naciones son una manera de hablar, propia de aquella época, de todo lo que Dios estaba dispuesto a hacer para rescatar a los suyos. Esto revela algo de Dios: no mide a las personas como las mide el mundo. Y no promete una vida sin aguas ni fuego, sino su compañía en medio de ellos: «Cuando pasares por las aguas, yo seré contigo; y por los ríos, no te anegarán. Cuando pasares por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.» Lo que la gente piensa de ti cambia según tu trabajo, tu acento o tus papeles. Lo que Dios piensa de ti no cambia.

    Jesús hablaba a gente sencilla, campesinos, pescadores, mujeres a las que nadie escuchaba, y les decía: «Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.» (Lucas 12:7). Y él mismo se detenía con los que otros ignoraban: llamó por su nombre a Zaqueo, se dejó tocar por los despreciados y comió en casa de los que todos señalaban.

    Tu parte es empezar a creerle a Dios más que a las voces que te han dicho quién eres, incluida la tuya. No se trata de repetirte frases bonitas, sino de cambiar hábitos concretos: dejar de presentarte con un “yo solo limpio”, reconocer los dones que Dios te dio y usarlos. Tu trabajo es honrado y digno; quien no sabe tu nombre se pierde algo, pero no te quita nada, y puedes decirle con amabilidad cómo te llamas. Quizá puedas aceptar ese testimonio: no necesitas hablar bonito, solo contar con verdad lo que Dios ha hecho contigo. Si la sensación de no valer nada te acompaña desde hace mucho o te quita las ganas de vivir, busca también la ayuda de un consejero o de un profesional; eso es parte del cuidado de Dios. Y mira a las otras mujeres que limpian cerca de ti: quizá alguna necesita que alguien la llame por su nombre.

    ¿A qué voz le estás creyendo cuando piensas en lo que vales?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi vida, por el trabajo que me permite sostenerme, por mis manos, por mi familia y por la iglesia que me recibió en este país. Tú sabes que me he acostumbrado a sentirme poca cosa y a pensar que no sirvo para nada. Me pongo en tus manos; que se haga tu voluntad en mí. Ayúdame a creer lo que tú dices de mí, dame valor para usar los dones que me diste y disciplina para dejar de hablar mal de mí misma. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí y que te llama por tu nombre. No eres una sombra en las casas que limpias: eres conocida y amada. Que el Espíritu de Dios te recuerde en este silencio lo que vales ante los ojos de Dios.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre la manera en que él te mira?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué etiqueta, burla o frase que te repites necesitas poner en las manos de Dios?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Esta semana, cuando alguien me diga ‘la muchacha’, le diré con amabilidad cómo me llamo. Le diré a la líder de damas que sí daré mi testimonio, y le preguntaré su nombre y su historia a la señora nueva que limpia en el mismo edificio”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Lucas 12:4-7. Jesús enseña que cada persona es de gran estima delante de Dios.
    «Y aun los cabellos de vuestra cabeza están todos contados. No temáis pues: de más estima sois que muchos pajarillos.» (Lucas 12:7)
  • 1 Juan 3:1-3. El amor del Padre nos llama hijos de Dios.
    «Mirad cuál amor nos ha dado el Padre, que seamos llamados hijos de Dios: por esto el mundo no nos conoce, porque no le conoce á él.» (1 Juan 3:1)
  • 1 Samuel 16:6-7. Dios no mira la apariencia, sino el corazón.
    «Y Jehová respondió á Samuel: No mires á su parecer, ni á lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová mira no lo que el hombre mira; pues que el hombre mira lo que está delante de sus ojos, mas Jehová mira el corazón.» (1 Samuel 16:7)
  • Isaías 49:15-16. Aunque otros olviden, Dios no se olvida de los suyos.
    «¿Olvidaráse la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti.» (Isaías 49:15)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Mi valor ante los ojos de Dios.

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