27 de agosto · Bendecir a otros con palabras y con hechos
Números 6:24-26: Jehová te bendiga, y te guarde
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 27 de agosto.
Versículo del día: Números 6:22-27 RV1909
Tienes cuarenta y cuatro años y eres maestra de tercero de primaria en un colegio público de Usera, en Madrid. En tu clase hay veintiséis niños de once nacionalidades y uno que te saca de quicio: Brayan, de ocho años, que no para quieto, contesta mal y rompe los trabajos de los demás. En la sala de profesores dijiste delante de todos que “ese niño no tiene arreglo”, y en clase se te escapó: “Contigo ya no sé qué hacer, vas a acabar mal”. Ayer, en el patio, lo oíste decirle a otro niño: “Yo soy el malo de la clase, lo dijo la profe”. Los domingos, en tu iglesia, cantas que Dios te bendice; pero esta noche te das cuenta de que hace meses que no le dices a ese niño una sola palabra buena.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por mis alumnos, por mi trabajo y por tu rostro que no se aparta de mí. Me quedo en silencio delante de ti… Tú me bendices sin que yo lo gane, y yo le he negado una palabra buena a un niño que la necesita. Pongo a Brayan en tus manos, con su casa y con todo lo que yo no sé de él. Hágase tu voluntad en su vida y en la mía. Dame humildad para reconocer mi error, ojos para ver lo bueno en él y disciplina para que mañana mis palabras bendigan. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
22Y Jehová habló á Moisés, diciendo: 23Habla á Aarón y á sus hijos, y diles: Así bendeciréis á los hijos de Israel, diciéndoles: 24Jehová te bendiga, y te guarde: 25Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia: 26Jehová alce á ti su rostro, y ponga en ti paz. 27Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.
Números 6:22-27 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
El pueblo de Israel acababa de recibir la ley en el monte Sinaí y estaba a punto de ponerse en camino por el desierto. Antes de la marcha, Dios le dio a Moisés unas palabras exactas para que los sacerdotes las pronunciaran sobre el pueblo: «Habla á Aarón y á sus hijos, y diles: Así bendeciréis á los hijos de Israel, diciéndoles:» Y siguen tres frases que todavía hoy se repiten en muchas iglesias: «Jehová te bendiga, y te guarde:» «Haga resplandecer Jehová su rostro sobre ti, y haya de ti misericordia:» «Jehová alce á ti su rostro, y ponga en ti paz.» Bendecir es, literalmente, “decir bien”: desear el bien de alguien y ponerlo delante de Dios. Que Dios “haga resplandecer su rostro” significa que te mire con agrado, como un padre al que se le ilumina la cara cuando ve llegar a su hijo; que “alce su rostro” hacia ti quiere decir que te presta atención, que no te da la espalda. Y la paz de la que habla no es solo tranquilidad: es el bienestar completo de la persona.
Esto revela algo hermoso de Dios: su deseo hacia su pueblo es el bien, y él mismo es la fuente de la bendición. Por eso termina diciendo: «Y pondrán mi nombre sobre los hijos de Israel, y yo los bendeciré.» Los sacerdotes no tenían un poder propio en la boca; prestaban su voz para que el pueblo recordara cómo lo mira Dios. Bendecir, entonces, no es una fórmula mágica ni un amuleto que se “decreta” sobre alguien para que le vaya bien. Es mirar al otro como Dios lo mira, pedir para él lo que Dios quiere darle y comprometerse con su bien.
Jesús vivió así hasta su último gesto con los discípulos, los mismos que lo habían abandonado la noche en que lo prendieron: «Y sacólos fuera hasta Bethania, y alzando sus manos, los bendijo.» (Lucas 24:50). Y nos pidió algo que va más lejos todavía: «Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.» (Lucas 6:28). Si debemos bendecir incluso al que nos hace daño, cuánto más a un niño de ocho años que todavía no sabe manejar lo que siente.
Las palabras de una maestra pesan mucho en un niño; Brayan ya se está creyendo lo que oyó de ti. Tu parte no es fingir que su conducta está bien: bendecir no quita los límites ni la disciplina. Es dejar de nombrarlo por lo peor y empezar a ver lo que Dios ve en él. Bendice con palabras, diciéndole algo bueno y verdadero, y con hechos: averiguando qué pasa en su casa, pidiendo ayuda al equipo de orientación, hablando con su familia sin acusar. Y quizá lo más difícil sea reconocer delante de tus compañeros que hablaste mal de él. Su insolencia no define tu valor como maestra; tampoco tu cansancio define el suyo.
¿A quién has dejado de bendecir con tus palabras, y qué palabra buena y verdadera le debes?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi vocación, por estos veintiséis niños, por el colegio y por la manera en que tú me miras cada día, con agrado y misericordia, aunque no siempre lo merezca. Reconozco que mis palabras han herido a Brayan y que hablé mal de él delante de otros. Muéstrame qué hay detrás de su conducta y qué debo cambiar en mí. Si lo tienes a bien, que este niño vuelva a creer que puede ser bueno; y si el camino es largo, dame paciencia, valor para pedir perdón y disciplina para cuidar mi boca. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y que su rostro está vuelto hacia ti con agrado, no con reproche. Recibe su bendición antes de querer darla. Que el Espíritu de Dios ponga en tu boca palabras que levanten en lugar de hundir.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre el poder de tus palabras para bendecir o para herir?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué cansancio, juicio o etiqueta sobre otra persona necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana, en la sala de profesores, diré que me equivoqué al hablar así de Brayan. En clase le encargaré algo en lo que pueda lucirse y le diré, mirándolo a los ojos, una cosa buena que he visto en él. Esta semana pediré una cita con su madre y con la orientadora para entender qué le está pasando”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 6:27-28. Jesús enseña a bendecir incluso a quien nos maldice.
«Bendecid á los que os maldicen, y orad por los que os calumnian.» (Lucas 6:28) - Romanos 12:14-16. Bendecir y no maldecir; acomodarse a los humildes.
«Bendecid á los que os persiguen: bendecid, y no maldigáis.» (Romanos 12:14) - Colosenses 4:5-6. Una palabra siempre con gracia, que sabe cómo responder a cada uno.
«Sea vuestra palabra siempre con gracia, sazonada con sal; para que sepáis cómo os conviene responder á cada uno.» (Colosenses 4:6)
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Esta oración también está en el archivo: Números 6:24-26: Jehová te bendiga, y te guarde.