Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

27 de septiembre · Dejarme formar por Dios después del fracaso

El alfarero: como el barro en la mano del alfarero

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 27 de septiembre.

Versículo del día: Jeremías 18:1-6 RV1909

Tienes cincuenta y dos años y durante dos décadas fuiste “el ingeniero” que todos admiraban en tu iglesia de Barranquilla: tu empresa de construcción levantó casas en Soledad y edificios en el norte de la ciudad. Hace tres años empezaste un conjunto de dos torres en Puerto Colombia. Subieron los precios del hierro y del cemento, las ventas se frenaron, y para terminar la primera torre usaste el dinero que las familias habían pagado por la segunda, convencido de que lo repondrías. No alcanzó. Hoy la segunda torre es un esqueleto de concreto, cuarenta familias reclaman sus cuotas iniciales y la empresa entró en un proceso de reorganización. No contestas el teléfono, casi no sales de la casa y en la noche le dices a tu esposa: “Ya no sirvo para nada. Dios me desechó”.

Oración de la noche

Señor, gracias porque sigo vivo, por el techo que todavía tengo, por mi esposa, por mis hijos y por los amigos que no se han alejado. Gracias también porque esta caída me ha mostrado cosas que no quería ver. Me quedo en silencio delante de ti… Te entrego mi vergüenza, mi miedo a las llamadas y mi orgullo herido. No sé qué vaso quieres hacer de mí; que se haga tu voluntad y no la mía. Dame luz para reconocer mis errores, valor para enfrentar a quienes perjudiqué y paciencia para dejarme formar, aunque el proceso duela. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1La palabra que fué á Jeremías de Jehová, diciendo: 2Levántate, y vete á casa del alfarero, y allí te haré oir mis palabras. 3Y descendí á casa del alfarero, y he aquí que él hacía obra sobre la rueda. 4Y el vaso que él hacía de barro se quebró en la mano del alfarero; y tornó é hízolo otro vaso, según que al alfarero pareció mejor hacerlo. 5Entonces fué á mí palabra de Jehová, diciendo: 6¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.

    Jeremías 18:1-6 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Jeremías vivió en Jerusalén en tiempos en que el pueblo se había alejado de Dios y se acercaba la ruina. Un día Dios lo mandó a un lugar común y corriente: «Levántate, y vete á casa del alfarero, y allí te haré oir mis palabras.» El alfarero trabajaba sobre la rueda, dos discos de piedra o de madera que giraba con el pie mientras daba forma al barro húmedo con las manos. Y Jeremías vio algo que pasaba a menudo en ese oficio: «Y el vaso que él hacía de barro se quebró en la mano del alfarero; y tornó é hízolo otro vaso, según que al alfarero pareció mejor hacerlo.» Fíjate: el vaso se dañó en la mano del alfarero. Nunca salió de ella. Y el alfarero no tiró el barro: lo volvió a amasar y empezó otra vez.

    Entonces vino la palabra de Dios: «¿No podré yo hacer de vosotros como este alfarero, oh casa de Israel, dice Jehová? He aquí que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, oh casa de Israel.» Esto revela a un Dios soberano y paciente a la vez: el barro no se forma a sí mismo, pero tampoco queda abandonado cuando se quiebra. Los versículos que siguen explican que el mensaje era un llamado a volverse del mal: el alfarero rehace el vaso cuando el barro se deja trabajar. Por eso este pasaje no promete que Dios te devolverá la empresa y la fama de antes; dice que hará “otro vaso”, quizá distinto del que tú habías planeado. Y tampoco borra tu responsabilidad: hubo decisiones tuyas detrás de este fracaso, y la primera de ellas fue usar dinero que no era tuyo. La imagen del alfarero no tapa esa verdad; abre la puerta para repararla.

    Jesús conoció de cerca a un hombre que se quebró justo donde se sentía más fuerte. Antes de que Pedro lo negara, le dijo: «Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.» (Lucas 22:32). Jesús miró más allá de la caída, y después de la resurrección lo esperó a la orilla del lago y le preguntó tres veces si lo amaba (Juan 21). Pedro no volvió a ser el mismo: quedó menos jactancioso y más útil para los demás.

    Dejarte formar no es encerrarte en la casa a esperar un milagro. Es dar pasos difíciles: contestar el teléfono, reunirte con las familias y decirles la verdad sin excusas, reconocer con claridad el dinero que usaste, colaborar con el proceso de reorganización y pagar lo que puedas, poco a poco. Reparar el daño es parte de ser formado de nuevo. Tu valor ante Dios no depende del título de “ingeniero exitoso”: nada ni nadie puede quitarte que eres obra de sus manos. Pero eso no te hace menos responsable, sino más libre para enfrentar lo que hiciste. Y si llevas semanas sin dormir, sin salir y pensando que no sirves para nada, busca a un psicólogo o a un médico: es una forma concreta de dejarte cuidar por Dios. Deja que tu esposa y un hermano de la iglesia te acompañen en este camino.

    ¿Qué parte de tu fracaso te toca reconocer, y qué forma nueva podría estar queriendo darte Dios?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por los años de trabajo que me diste, por las casas que pudimos construir, por mi esposa, que no me ha soltado la mano, y por las familias que todavía me hablan, aunque estén dolidas. Reconozco que usé dinero que no era mío y que mi orgullo no me dejó parar a tiempo. Si lo tienes a bien, abre un camino para que estas familias recuperen lo suyo; y si el camino es largo y humilde, dame fuerza para recorrerlo. Muéstrame qué esperas de mí, dame valor para dar la cara y disciplina para reparar lo que pueda, paso a paso. Estoy en tus manos como el barro. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, y que no te ha soltado de su mano aunque todo se haya quebrado. El barro no tiene que fingir que está entero. Que el Espíritu de Dios te muestre en este silencio por dónde quiere empezar a formarte otra vez.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu fracaso y sobre su paciencia contigo?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué imagen de ti mismo, qué orgullo o qué miedo a la vergüenza necesitas poner en las manos del Alfarero? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Esta semana convocaré a las familias de la segunda torre, les diré la verdad sin excusas y les presentaré, junto con el abogado, un plan de pagos. También pediré una cita con un psicólogo y le pediré a mi esposa que me acompañe”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Isaías 64:6-9. Nosotros somos el lodo y Dios es quien nos forma: todos somos obra de sus manos.
    «Ahora pues, Jehová, tú eres nuestro padre; nosotros lodo, y tú el que nos formaste; así que obra de tus manos, todos nosotros.» (Isaías 64:8)
  • Lucas 22:31-34. Jesús ora por Pedro antes de su caída y le encarga fortalecer a sus hermanos después.
    «Mas yo he rogado por ti que tu fe no falte: y tú, una vez vuelto, confirma á tus hermanos.» (Lucas 22:32)
  • Salmo 51:10-13. Después de su pecado, el salmista pide un corazón limpio y un espíritu recto.
    «Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio; y renueva un espíritu recto dentro de mí.» (Salmo 51:10)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: El alfarero: como el barro en la mano del alfarero.

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