28 de marzo · Jesús llama por su nombre a María
Domingo de Resurrección: ¿por qué lloras?
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 28 de marzo.
Versículo del día: Juan 20:11-18 RV1909
Hoy es Domingo de Resurrección. Tienes cincuenta y ocho años y eres pescador en el río Uruguay, en Salto. Siempre saliste en la canoa con tu hermano Walter a buscar bogas y dorados. El invierno pasado, en una crecida, Walter salió solo una madrugada y no volvió; encontraron la canoa varada en la costa. Desde entonces pescas solo, hablas poco y no has vuelto a la iglesia. Te pesa no haberlo acompañado ese día. Tu esposa y tu nieta te invitaron al culto de esta mañana, y tú les dijiste que no. Antes de que aclarara bajaste al río, hasta el lugar donde apareció la canoa, y lloraste como no habías llorado en el velorio. Sientes que tu fe se quedó en ese río. Y no has ido a ver a Rosa, la viuda de Walter, ni a su hijo.
Oración de la noche
Señor, gracias por este Domingo de Resurrección, por la vida, por mi familia, por el río y por cada recuerdo de Walter. Gracias porque conoces mi nombre y mi dolor. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos a mi hermano, mi culpa y mi tristeza; que se haga tu voluntad y no la mía. Dame una esperanza viva que no niegue las lágrimas, el valor de volver a mis hermanos y la disciplina de buscarte, aunque me cueste. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
11Empero María estaba fuera llorando junto al sepulcro: y estando llorando, bajóse á mirar el sepulcro; 12Y vió dos ángeles en ropas blancas que estaban sentados, el uno á la cabecera, y el otro á los pies, donde el cuerpo de Jesús había sido puesto. 13Y dijéronle: Mujer, ¿por qué lloras? Díceles: Porque se han llevado á mi Señor, y no sé dónde le han puesto. 14Y como hubo dicho esto, volvióse atrás, y vió á Jesús que estaba allí; mas no sabía que era Jesús. 15Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré. 16Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro. 17Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios. 18Fué María Magdalena dando las nuevas á los discípulos de que había visto al Señor, y que él le había dicho estas cosas.
Juan 20:11-18 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Juan cuenta que el primer día de la semana, de madrugada, María Magdalena fue al sepulcro “siendo aún obscuro” (Juan 20:1). Lo encontró vacío y pensó lo peor: que se habían llevado el cuerpo. Se quedó afuera, llorando. Los ángeles le preguntaron por qué lloraba, y luego Jesús mismo, a quien ella no reconoció, le hizo la misma pregunta: «Dícele Jesús: Mujer, ¿por qué lloras? ¿á quién buscas? Ella, pensando que era el hortelano, dícele: Señor, si tú lo has llevado, dime dónde lo has puesto, y yo lo llevaré.» Las lágrimas no la dejaban ver. Y entonces, una sola palabra cambió todo: «Dícele Jesús: ¡María! Volviéndose ella, dícele: ¡Rabboni! que quiere decir, Maestro.»
Esto revela algo de Dios: la resurrección empieza con un encuentro personal. Jesús no la regañó por llorar; le preguntó por su dolor y la llamó por su nombre. En la voz que dice tu nombre está la esperanza viva de este domingo: la muerte no tiene la última palabra. Esa esperanza no borra la tristeza ni devuelve hoy a quien perdimos; pero cambia el horizonte desde donde lloramos. Y Jesús no dejó a María abrazada al pasado; le dio una tarea: «Dícele Jesús: No me toques: porque aun no he subido á mi Padre: mas ve á mis hermanos, y diles: Subo á mi Padre y á vuestro Padre, á mi Dios y á vuestro Dios.» Y ella fue a contarlo.
Jesús había dicho de sí mismo, como buen pastor: «A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz: y á sus ovejas llama por nombre, y las saca.» (Juan 10:3). Él conoce tu nombre, tu río y la madrugada en que Walter no volvió.
Tu parte es dejar que esa voz te encuentre, aunque llegues llorando. La culpa por no haber acompañado a Walter es un peso que no tienes que cargar solo: puedes hablarlo con Dios, con tu esposa y, si te sigue quitando el sueño, con un consejero o un psicólogo que sepa de duelo. Y como María, puedes ir a tus hermanos: a Rosa y a su hijo, que también lloran a Walter y quizá esperan tu visita. Esa visita puede ser tu primer anuncio de esperanza.
¿Por qué lloras hoy, y qué te diría Jesús si te llamara por tu nombre?
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Orar Oratio
Señor, gracias por este Domingo de Resurrección, por la vida de Walter y los años que pescamos juntos, por el río que nos dio el sustento, por mi esposa y por mi nieta, que no dejan de invitarme. Tú sabes cuánto lo extraño y cuánta culpa siento. No entiendo por qué pasó, pero me pongo en tus manos; que se haga tu voluntad. Dame oídos para escuchar tu voz cuando me llamas, valor para enfrentar mi dolor acompañado y disciplina para no encerrarme. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, en la orilla de tu tristeza, y que Jesús te llama por tu nombre como llamó a María. Escucha. Que el Espíritu de Dios te dé en este silencio una esperanza viva, aunque todavía haya lágrimas.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy, en este Domingo de Resurrección, sobre tu dolor y tu esperanza?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué culpa, qué tristeza o qué parte de tu fe que sientes perdida necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta tarde iré con mi esposa a la casa de Rosa y le llevaré pescado. Le diré que extraño a Walter y le preguntaré cómo está ella y cómo está su hijo; me ofreceré a llevar al muchacho a pescar algún sábado. Y el próximo domingo acompañaré a mi nieta al culto”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 24:1-8. ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?
«Y como tuviesen ellas temor, y bajasen el rostro á tierra, les dijeron: ¿Por qué buscáis entre los muertos al que vive?» (Lucas 24:5) - Juan 16:20-22. Vuestra tristeza se tornará en gozo, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.
«También, pues, vosotros ahora ciertamente tenéis tristeza; mas otra vez os veré, y se gozará vuestro corazón, y nadie quitará de vosotros vuestro gozo.» (Juan 16:22) - 1 Pedro 1:3-5. Una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de los muertos.
«Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos ha regenerado en esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos,» (1 Pedro 1:3)
Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.
Esta oración también está en el archivo: Domingo de Resurrección: ¿por qué lloras?.