Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

30 de agosto · El dolor de no poder tener hijos y la oración honesta

La oración de Ana: he derramado mi alma delante de Jehová

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 30 de agosto.

Versículo del día: 1 Samuel 1:9-18 RV1909

Tienes treinta y siete años y vives en Calgary con Andrés, tu esposo, desde que llegaron de Colombia hace ocho. Llevan seis años intentando tener un hijo. Han pasado por exámenes, inyecciones, dos tratamientos que no funcionaron y una pérdida a las nueve semanas que casi nadie conoce. El domingo, en el almuerzo de la iglesia, una hermana te tocó la barriga y dijo riendo: “¿Y para cuándo? Ya se les está pasando el tren”. Otra te aseguró que si tuvieras más fe ya habrías quedado embarazada. Sonreíste y te encerraste en el baño a llorar. Desde entonces oras con frases bonitas pero vacías, porque te da miedo decirle a Dios lo enojada y cansada que estás. Andrés sufre en silencio, y sientes que ya ni siquiera pueden hablar del tema sin herirse.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por Andrés, por nuestra casa y por tu presencia que no se cansa de mis lágrimas. Me quedo en silencio delante de ti… Derramo mi alma delante de ti: mi deseo, mi enojo, el hijo que perdimos y el miedo a que nunca llegue. Te entrego todo esto; no se haga mi voluntad, sino la tuya. Dame paz para dormir esta noche, ternura para acompañar a mi esposo y valor para buscar la ayuda que necesitamos. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    9Y levantóse Anna después que hubo comido y bebido en Silo; y mientras el sacerdote Eli estaba sentado en una silla junto á un pilar del templo de Jehová, 10Ella con amargura de alma oró á Jehová, y lloró abundantemente. 11E hizo voto, diciendo: Jehová de los ejércitos, si te dignares mirar la aflicción de tu sierva, y te acordares de mí, y no te olvidares de tu sierva, mas dieres á tu sierva un hijo varón, yo lo dedicaré á Jehová todos los días de su vida, y no subirá navaja sobre su cabeza. 12Y fué que como ella orase largamente delante de Jehová, Eli estaba observando la boca de ella. 13Mas Anna hablaba en su corazón, y solamente se movían sus labios, y su voz no se oía; y túvola Eli por borracha. 14Entonces le dijo Eli: ¿Hasta cuándo estarás borracha?; digiere tu vino. 15Y Anna le respondió, diciendo: No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová. 16No tengas á tu sierva por una mujer impía: porque por la magnitud de mis congojas y de mi aflicción he hablado hasta ahora. 17Y Eli respondió, y dijo: Ve en paz, y el Dios de Israel te otorgue la petición que le has hecho. 18Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste.

    1 Samuel 1:9-18 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Ana estaba casada con Elcana y no podía tener hijos. En aquella época, una mujer sin hijos cargaba con la vergüenza y la lástima de todos. Para colmo, Penina, la otra esposa de Elcana, se burlaba de ella cada año cuando la familia subía a adorar a Silo. Su esposo la amaba, pero no terminaba de entender su dolor: «Y Elcana su marido le dijo: Anna, ¿por qué lloras? ¿y por qué no comes? ¿y por qué está afligido tu corazón? ¿No te soy yo mejor que diez hijos?» (1 Samuel 1:8). Entonces Ana fue al templo y oró como pudo: «Ella con amargura de alma oró á Jehová, y lloró abundantemente.» El sacerdote Elí, al verla mover los labios sin voz, pensó que estaba borracha. Y ella le respondió: «Y Anna le respondió, diciendo: No, señor mío: mas yo soy una mujer trabajada de espíritu: no he bebido vino ni sidra, sino que he derramado mi alma delante de Jehová.» Derramar el alma es vaciarla por completo, como se vacía un cántaro, sin guardarse nada.

    Esto revela algo precioso de Dios: recibe la oración honesta, aunque salga con amargura, con lágrimas o sin palabras. La Biblia no esconde el llanto de Ana ni lo corrige. Cuando el texto dice que “Jehová había cerrado su matriz”, es la manera bíblica de reconocer que todo está bajo la soberanía de Dios; no dice que Ana fuera culpable de nada ni que le faltara fe. Fíjate también en esto: después de orar, «Y ella dijo: Halle tu sierva gracia delante de tus ojos. Y fuése la mujer su camino, y comió, y no estuvo más triste.» Todavía no sabía cómo terminaría su historia; lo que cambió fue que dejó su carga delante de Dios. Ana tuvo después a Samuel, pero la Biblia no promete que toda mujer que ore concebirá. Muchas mujeres fieles nunca tuvieron hijos, y su vida no vale menos ante Dios. La fe no se mide en una prueba de embarazo, y quien te dijo eso habló sin conocer ni la Biblia ni tu dolor.

    Jesús también derramó su alma delante del Padre en el huerto de Getsemaní: «Y les dice: Está muy triste mi alma, hasta la muerte: esperad aquí y velad.» (Marcos 14:34). Y oró con un deseo intenso y una rendición total al mismo tiempo: «Y decía: Abba, Padre, todas las cosas son á ti posibles; traspasa de mí este vaso; empero no lo que yo quiero, sino lo que tú.» (Marcos 14:36). Las dos cosas caben en la misma oración.

    Tu parte es dejar de esconderle a Dios lo que sientes; él ya lo sabe y no se ofende por tu enojo. También es cuidar tu matrimonio: Andrés no es tu enemigo, y tal vez necesite que le preguntes cómo está él. Pueden orar juntos, llorar juntos la pérdida que vivieron y tomar cada decisión sobre tratamientos o sobre otros caminos con calma, delante de Dios y de común acuerdo. Buscar a una psicóloga que acompañe a parejas que viven la infertilidad no es falta de fe, sino una forma de cuidarse. Y puedes, con amor y firmeza, pedir a los hermanos que no te hagan ciertas preguntas. Tu valor viene de Dios, no de ser madre.

    ¿Qué parte de tu dolor no le has dicho todavía a Dios con toda honestidad?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias porque puedo venir a ti tal como estoy; gracias por Andrés, por los años que llevamos juntos, por los médicos que nos han atendido y por la vida que nos sostiene cada día. Tú conoces el deseo de nuestro corazón y el dolor de la pérdida que vivimos. Si lo tienes a bien, danos un hijo; y si tu camino es otro, danos paz para aceptarlo y sabiduría para decidir juntos. Ayúdame a ser honesta contigo, a cuidar a mi esposo y a no dejar que las palabras de otros me roben la paz. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, y que te recibe con tus lágrimas, tu enojo y tu cansancio. No necesitas palabras bonitas: basta con que estés. Que el Espíritu de Dios te consuele en este silencio y te recuerde que tu vida es preciosa para él.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre la oración honesta y sobre tu valor ante sus ojos?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué deseo, qué dolor o qué miedo necesitas derramar delante de Dios esta noche, sin guardarte nada?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Esta semana apagaré el celular una noche, me sentaré con Andrés y le preguntaré cómo está él, sin hablar de tratamientos. Pediré cita con una psicóloga que acompañe a parejas en esta situación. Y la próxima vez que alguien me pregunte ‘¿y para cuándo?’, le diré con calma que es un tema doloroso para nosotros y que le agradezco que ore por nosotros sin preguntar”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • 1 Samuel 1:1-8. El dolor de Ana año tras año, las burlas de Penina y el amor de Elcana.
    «Y así hacía cada año: cuando subía á la casa de Jehová, enojaba así á la otra; por lo cual ella lloraba, y no comía.» (1 Samuel 1:7)
  • Salmo 142:1-5. David derrama su queja delante de Dios cuando nadie lo comprende.
    «Delante de él derramaré mi querella; delante de él denunciaré mi angustia.» (Salmo 142:2)
  • Lucas 22:39-44. Jesús ora en agonía y se rinde a la voluntad del Padre.
    «Diciendo: Padre, si quieres, pasa este vaso de mí; empero no se haga mi voluntad, sino la tuya.» (Lucas 22:42)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: La oración de Ana: he derramado mi alma delante de Jehová.

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