7 de diciembre · Cuidarse para cuidar
Salmo 91:7: caerán a tu lado mil, mas a ti no llegará
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 7 de diciembre.
Versículo del día: Salmo 91:5-10 RV1909
Eres enfermero en la sala de urgencias de un hospital público de Santa Cruz, en plena temporada de enfermedades respiratorias. Doblas turnos porque falta personal, comes de pie lo que alcanzas y duermes cinco horas cuando te va bien. Dos compañeros cayeron enfermos esta semana. En tu casillero pegaste el versículo «Caerán á tu lado mil, y diez mil á tu diestra: mas á ti no llegará.», y cuando estás muy cansado te quitas el tapabocas o te saltas el lavado de manos, pensando que Dios te cubre. En tu casa vive tu mamá, que es diabética, y anoche tu esposa te pidió que te cuidaras más. Le contestaste que tienes fe. Pero hoy, al volver, sentiste la garganta irritada y te dio miedo abrazarla.
Oración de la noche
Padre, gracias por este día de trabajo, por cada paciente que pude atender y por los compañeros que me ayudaron. Gracias porque vuelvo a casa. Me quedo en silencio delante de ti… Reconozco que he confundido la confianza en ti con el descuido. Te encomiendo a mis compañeros enfermos y a mi familia. Dame descanso esta noche, prudencia para mañana y un corazón que sirva sin olvidar que mi vida también es un regalo tuyo. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
5No tendrás temor de espanto nocturno, ni de saeta que vuele de día; 6Ni de pestilencia que ande en oscuridad, ni de mortandad que en medio del día destruya. 7Caerán á tu lado mil, y diez mil á tu diestra: mas á ti no llegará. 8Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos. 9Porque tú has puesto á Jehová, que es mi esperanza, al Altísimo por tu habitación, 10No te sobrevendrá mal, ni plaga tocará tu morada.
Salmo 91:5-10 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
El salmo pinta una escena de peligro extremo, como una batalla o una epidemia. Habla de la “pestilencia que ande en oscuridad” y luego dice: «Caerán á tu lado mil, y diez mil á tu diestra: mas á ti no llegará.» «Ciertamente con tus ojos mirarás, y verás la recompensa de los impíos.» Es poesía de confianza, escrita para dar ánimo a quien ve caer a otros a su alrededor. La “diestra” es el lado derecho, el del compañero más cercano en la fila. El salmista quiere decir: aunque el peligro esté a tu lado, Dios es tu refugio.
Esto revela algo de Dios: él guarda a los suyos en medio del peligro, y su cuidado es real. Pero leído como garantía médica, este versículo diría algo que la Biblia no dice. Muchos siervos fieles se han enfermado, también médicos y enfermeras que se entregaron por otros, y no porque les faltara fe. El apóstol Pablo es un buen ejemplo: en medio de una tormenta, Dios le prometió que nadie del barco moriría, y aun así Pablo insistió en que los marineros se quedaran a bordo y en que todos comieran: «Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.» (Hechos 27:34). La promesa de Dios no lo volvió descuidado; lo volvió responsable.
Los evangelios cuentan que, cuanto más crecía la fama de Jesús, más gente llegaba a ser sanada, y sin embargo: «Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.» (Lucas 5:16). Él, rodeado de enfermos, cuidaba su relación con el Padre y sus fuerzas. Y enseñó a amar al prójimo “como a ti mismo”: el amor a los demás no excluye el cuidado de la propia vida. Tu trabajo es una forma muy alta de servir, pero cumplir los protocolos, comer, dormir y avisar cuando ya no das más no es falta de fe; es cuidar el cuerpo que Dios te dio y a las personas que te esperan en casa. Cuidarte también es cuidar a tus pacientes, a tus compañeros y a tu mamá.
¿Usas la fe para cuidarte con paz, o como excusa para no cuidarte?
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Orar Oratio
Padre, gracias por mi vocación, por mis manos y mi salud, por mis compañeros de turno y por mi mamá y mi esposa, que me esperan en casa. Tú sabes cuánto cansancio y cuánto miedo llevo. Ayúdame a ver dónde he sido descuidado; dame disciplina para protegerme y humildad para pedir descanso cuando lo necesite. Si lo tienes a bien, guarda nuestra salud; y si no, danos sabiduría para aceptarlo. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente en esa sala de urgencias, junto a cada camilla, y también aquí, en tu cansancio. No tienes que sostenerlo todo tú. Que el Espíritu de Dios te enseñe en este silencio a cuidar de otros sin descuidarte.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre cuidarte para poder cuidar?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué orgullo, sensación de ser indispensable o miedo necesitas poner en las manos de Dios esta noche?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Desde mañana cumpliré todos los protocolos aunque esté cansado y hablaré con mi jefe sobre los turnos dobles. Si sigo con molestias, me haré la prueba antes de acercarme a mi mamá. Y llamaré a los dos compañeros enfermos para saber cómo están”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 5:12-16. Jesús, rodeado de enfermos, se aparta para orar.
«Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.» (Lucas 5:16) - Mateo 22:35-40. Amar al prójimo como a uno mismo.
«Y el segundo es semejante á éste: Amarás á tu prójimo como á ti mismo.» (Mateo 22:39) - Hechos 27:30-36. Pablo, con la promesa de Dios, igual pide que todos coman y se cuiden.
«Por tanto, os ruego que comáis por vuestra salud: que ni aun un cabello de la cabeza de ninguno de vosotros perecerá.» (Hechos 27:34) - 1 Corintios 6:19-20. El cuerpo es templo y no nos pertenece: cuidarlo es honrar a Dios.
«¿o ignoráis que vuestro cuerpo es templo del Espíritu Santo, el cual está en vosotros, el cual tenéis de Dios, y que no sois vuestros?» (1 Corintios 6:19)
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