8 de abril ·
Cuando tuve una niñez dura: dejar de culpar
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 8 de abril.
Versículo del día: Ezequiel 18:1-4 RV1909
Tienes treinta y siete años y atiendes una soda frente al mar en Puerto Viejo, en el Caribe de Costa Rica. Tu mamá te dejó con tu abuela cuando tenías cinco años y se fue a trabajar a San José; tu papá llegaba los fines de semana, casi siempre tomado, y gritaba hasta que alguien lloraba. Durante años esa historia ha sido tu explicación para todo: por eso no terminaste el colegio, por eso desconfías de la gente, por eso tus relaciones se acaban. Anoche le gritaste a tu hijo de doce años por una nota baja, y él te contestó: “Usted siempre dice que su papá era así, y mírese”. Te encerraste en el baño temblando. Ya eres adulta, y te preguntas si vas a seguir culpándolos toda la vida o si hay otro camino.
Oración de la noche
Padre, gracias por este día, por mi hijo, por mi abuela y por las personas que me han tendido la mano en el camino. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos a mi mamá y a mi papá, con lo que hicieron y lo que no hicieron. No sé todavía cómo perdonar del todo, pero no quiero seguir viviendo desde la herida. Mi vida es tuya. Dame valor para dar mañana el paso que me toca y paciencia conmigo misma en el camino. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Y FUÉ á mí palabra de Jehová, diciendo: 2¿Qué pensáis vosotros, vosotros que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, diciendo: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos tienen la dentera? 3Vivo yo, dice el Señor Jehová, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel. 4He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.
Ezequiel 18:1-4 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Ezequiel era profeta entre los judíos llevados cautivos a Babilonia. Ellos repetían un refrán para explicar su desgracia: «¿Qué pensáis vosotros, vosotros que usáis este refrán sobre la tierra de Israel, diciendo: Los padres comieron el agraz, y los dientes de los hijos tienen la dentera?» El agraz es la uva que todavía no ha madurado, muy ácida; la dentera es esa sensación áspera en los dientes. El refrán quería decir: “Nuestros padres pecaron y nosotros pagamos; no hay nada que hacer”. Y Dios responde con firmeza: «Vivo yo, dice el Señor Jehová, que nunca más tendréis por qué usar este refrán en Israel.»
Esto revela algo de Dios: cada persona le pertenece y es valiosa para él. «He aquí que todas las almas son mías; como el alma del padre, así el alma del hijo es mía; el alma que pecare, esa morirá.» Esa última frase puede sonar dura, pero en su contexto no es una amenaza: Dios está diciendo que cada uno responde por su propia vida, que el hijo no carga con la culpa del padre ni está condenado a repetir su historia. Y el capítulo termina con una invitación llena de esperanza: «Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová; convertíos pues, y viviréis.» (Ezequiel 18:32). Lo que te hicieron fue real y te dolió; no fue tu culpa ni Dios lo aprueba. Pero no define quién eres: tu vida es de Dios, no de lo que te hicieron.
Los discípulos de Jesús pensaban como el refrán. Al ver a un hombre ciego de nacimiento preguntaron: «Y preguntáronle sus discípulos, diciendo: Rabbí, ¿quién pecó, éste ó sus padres, para que naciese ciego?» Y Jesús les cambió la mirada: «Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.» (Juan 9:2-3). Jesús no se quedó buscando culpables en el pasado; miró lo que Dios podía hacer en esa vida desde ese día.
Al llegar a la adultez ya no puedes seguir culpándolos; te toca asumir tu vida y tu camino de la mano de Dios. Eso no significa negar el dolor ni obligarte a una reconciliación para la que no estás lista. Significa nombrar la herida, y si pesa demasiado, buscar la ayuda de un psicólogo: las heridas de la niñez muchas veces necesitan acompañamiento profesional, y buscarlo no es falta de fe. Significa también hacerte cargo de lo que hoy depende de ti: pedirle perdón a tu hijo y aprender otra manera de corregir. La cadena puede romperse contigo.
¿Qué parte de tu vida sigues explicando con “es que mis papás…”, y qué paso te toca dar hoy?
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Orar Oratio
Padre, gracias por mi vida, por mi abuela que me crió con lo que tenía, por mi hijo, por la soda que nos da el sustento y porque me sostuviste aun en los años más duros. Tú conoces lo que viví de niña y cuánto me dolió. No te pido que lo borres; te pido que me ayudes a entender qué esperas de mí ahora que soy adulta. Dame valor para buscar ayuda y sanar, humildad para pedirle perdón a mi hijo y disciplina para aprender otra manera de corregir y de amar. Hágase tu voluntad en mi vida. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y que estaba también con aquella niña que esperaba en la casa de la abuela. Tu vida le pertenece a él, no a lo que te hicieron. Que el Espíritu de Dios te consuele y te dé valor para caminar de nuevo.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu historia y sobre tu responsabilidad?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué dolor, resentimiento o costumbre de culpar necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana le pediré perdón a mi hijo por el grito, sin excusarme con mi historia, y nos sentaremos juntos a repasar la materia que le cuesta. Esta semana pediré una cita con una psicóloga para empezar a sanar lo de mi niñez, y le daré las gracias a mi abuela por todo lo que hizo por mí”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Juan 9:1-7. Jesús no busca culpables en los padres, sino la obra de Dios en esa vida.
«Respondió Jesús: Ni éste pecó, ni sus padres: mas para que las obras de Dios se manifiesten en él.» (Juan 9:3) - Ezequiel 18:30-32. Dios no quiere la muerte de nadie: invita a volverse a él y vivir.
«Que no quiero la muerte del que muere, dice el Señor Jehová; convertíos pues, y viviréis.» (Ezequiel 18:32) - Salmo 27:7-10. Aunque padre y madre me dejaran, Dios me recoge.
«Aunque mi padre y mi madre me dejaran, Jehová con todo me recogerá.» (Salmo 27:10) - Filipenses 3:12-14. Dejar atrás lo que queda atrás y extenderse a lo que está delante.
«Hermanos, yo mismo no hago cuenta de haber lo ya alcanzado; pero una cosa hago: olvidando ciertamente lo que queda atrás, y extendiéndome á lo que está delante,» (Filipenses 3:13)
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Esta oración también está en el archivo: Cuando tuve una niñez dura: dejar de culpar.