8 de septiembre · Dios habla en lo pequeño y en el silencio
El silbo apacible y delicado
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 8 de septiembre.
Versículo del día: 1 Reyes 19:9-13 RV1909
Tienes treinta y ocho años y cortas caña en un ingenio cerca de Cañas, en Guanacaste, Costa Rica. La zafra empieza de madrugada, entre el humo de las quemas, el calor que aprieta desde temprano y el ruido de las carretas y los camiones. Te pagan por tonelada, así que no paras ni para tomar agua. En la tarde te pones los audífonos en el bus y no te los quitas hasta dormirte: música, videos, predicaciones a todo volumen. El domingo vas al culto buscando sentir algo fuerte, como en aquella campaña en Liberia hace dos años, cuando lloraste y sentiste a Dios cerquita. Desde entonces, nada. Anoche tu esposa te dijo que ya ni conversas con ella, que vives aturdido. Te enojaste, pero sabes que tiene razón: estás cansado de todo y sientes que Dios se quedó callado.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día de trabajo, por haber regresado sano del cañal, por el agua, por la comida y por mi familia que me espera. Me quedo en silencio delante de ti… sin música, sin videos, solo contigo. Te presento mi cansancio y la sequedad que siento desde hace tanto. Si lo tienes a bien, déjame sentir tu cercanía; y si no, enséñame a confiar en ti aunque no sienta nada. Ayúdame a entender qué debo cambiar en mí y dame disciplina para buscarte en lo pequeño de cada día. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
9Y allí se metió en una cueva, donde tuvo la noche. Y fué á él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías? 10Y él respondió: Sentido he un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto á cuchillo tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida. 11Y él le dijo: Sal fuera, y ponte en el monte delante de Jehová. Y he aquí Jehová que pasaba, y un grande y poderoso viento que rompía los montes, y quebraba las peñas delante de Jehová: mas Jehová no estaba en el viento. Y tras el viento un terremoto: mas Jehová no estaba en el terremoto. 12Y tras el terremoto un fuego: mas Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado. 13Y cuando lo oyó Elías, cubrió su rostro con su manto, y salió, y paróse á la puerta de la cueva. Y he aquí llegó una voz á él, diciendo: ¿Qué haces aquí, Elías?
1 Reyes 19:9-13 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Elías venía de su momento más espectacular: en el monte Carmelo había visto caer fuego del cielo delante de todo el pueblo. Pero enseguida la reina Jezabel juró matarlo, y él huyó al desierto tan agotado que pidió morirse (1 Reyes 19:4). Después de comer y dormir, caminó hasta el monte Horeb y se metió en una cueva. Allí Dios le hace una pregunta: «Y allí se metió en una cueva, donde tuvo la noche. Y fué á él palabra de Jehová, el cual le dijo: ¿Qué haces aquí, Elías?» Elías responde con su cansancio y su soledad: «Y él respondió: Sentido he un vivo celo por Jehová Dios de los ejércitos; porque los hijos de Israel han dejado tu alianza, han derribado tus altares, y han muerto á cuchillo tus profetas: y yo solo he quedado, y me buscan para quitarme la vida.»
Entonces pasa algo inesperado. Llega un viento que rompe las peñas, un terremoto y un fuego, las mismas señales con que Dios se había mostrado otras veces. Pero el texto repite: Jehová no estaba ahí. Y luego: «Y tras el terremoto un fuego: mas Jehová no estaba en el fuego. Y tras el fuego un silbo apacible y delicado.» Un “silbo” es un susurro, casi un hilo de voz; algunos lo traducen como “el sonido de un silencio suave”. Esto revela algo de Dios: no está obligado a hablar siempre con estruendo ni con emociones fuertes. Muchas veces habla bajito, y para oírlo hay que callar. Elías, al escucharlo, se cubre el rostro y sale a la puerta de la cueva.
Jesús, que vivía rodeado de multitudes que lo buscaban, cuidaba ese silencio: «Mas él se apartaba á los desiertos, y oraba.» (Lucas 5:16). No esperaba a sentir algo extraordinario; buscaba lugares quietos para estar con el Padre.
Tu parte es apagar el ruido que sí depende de ti. No puedes callar los camiones ni el calor de la zafra, pero sí puedes quitarte los audífonos un rato en el bus, mirar el cañal, respirar y decirle a Dios lo que le dijo Elías: “estoy cansado”. Y puedes escuchar la voz pequeña que muchas veces llega por medio de otros, como tu esposa anoche. Si el cansancio se volvió tristeza que no se va, desgano por todo o deseos de no despertar, hablar con un médico o un psicólogo también es escuchar el cuidado de Dios.
¿Qué ruido, de afuera o de adentro, no te deja escuchar el silbo apacible de Dios?
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Orar Oratio
Señor, te doy gracias por el trabajo en el cañal, por las fuerzas para cortar cada día, por mi esposa que se preocupa por mí y por el pan que llevo a la casa. Tú sabes que estoy cansado y que me he llenado de ruido para no sentir nada. He buscado sentirte en lo grande y no te he escuchado en lo pequeño. Muéstrame qué esperas de mí. Dame disciplina para hacer silencio, humildad para escuchar a quienes me hablan con amor y valor para pedir ayuda si la necesito. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Dios no estaba en el viento ni en el fuego, sino en el silbo apacible. Quédate quieto y deja que el silencio te hable. Que el Espíritu de Dios te enseñe a reconocer su voz suave en medio del cansancio.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la manera en que te habla?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué expectativa de sentir a Dios de forma espectacular, o qué ruido con el que tapas tu cansancio, necesitas poner en sus manos? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana, en el bus de regreso, viajaré sin audífonos y le hablaré a Dios en voz baja. En la noche apagaré el celular durante la cena, le preguntaré a mi esposa cómo le fue y la escucharé sin interrumpirla”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Marcos 1:32-39. Después de un día lleno de gente, Jesús se levanta muy de mañana a orar en un lugar desierto.
«Y levantándose muy de mañana, aun muy de noche, salió y se fué á un lugar desierto, y allí oraba.» (Marcos 1:35) - Isaías 30:15-18. En quietud y en confianza será vuestra fortaleza.
«Porque así dijo el Señor Jehová, el Santo de Israel: En descanso y en reposo seréis salvos; en quietud y en confianza será vuestra fortaleza. Y no quisisteis,» (Isaías 30:15) - Juan 10:1-5. Las ovejas siguen al pastor porque conocen su voz.
«Y como ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz.» (Juan 10:4)
Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.
Esta oración también está en el archivo: El silbo apacible y delicado.