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El corazón roto
Salmo 147:3: él sana á los quebrantados de corazón
Oración para antes de dormir, con su versículo y un devocional.
Versículo del día: Salmo 147:1-6 RV1909
Tienes cuarenta y dos años y vives en Tlaquepaque, Jalisco. Durante diecinueve años fuiste ama de casa: dejaste la carrera de contabilidad cuando nació tu primer hijo y te dedicaste a la comida y a las tareas de tus tres muchachos. Hace cuatro meses firmaste el divorcio. Tu esposo llevaba dos años con una compañera de su trabajo, y te enteraste por un mensaje que apareció en la tableta de tu hija. Ahora él vive con ella, y tú cuentas cada peso de la pensión. En las noches, cuando los muchachos se duermen, abres las redes de esa mujer y miras las fotos una por una hasta la madrugada. Luego te odias por hacerlo. Hace dos semanas le preguntaste a tu hijo menor qué habían cenado en casa de su papá y con quién, y él se quedó callado.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, aunque haya sido largo; gracias por mis hijos dormidos en la otra habitación, por el techo y por la fuerza que me diste para levantarme. Me quedo en silencio delante de ti… Tú cuentas las estrellas y conoces cada pedazo de mi corazón. No te pido olvidar esta noche; te pido que vendes lo que está roto y que me enseñes a no volver a abrirlo. Si lo tienes a bien, dame paz para dormir; y si el dolor sigue, acompáñame en él. Dame dominio propio para dejar el celular y paciencia conmigo misma en este camino. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
1Alabad á JAH, porque es bueno cantar salmos á nuestro Dios; porque suave y hermosa es la alabanza. 2Jehová edifica á Jerusalem; á los echados de Israel recogerá. 3El sana á los quebrantados de corazón, y liga sus heridas. 4El cuenta el número de las estrellas; á todas ellas llama por sus nombres. 5Grande es el Señor nuestro, y de mucha potencia; y de su entendimiento no hay número. 6Jehová ensalza á los humildes; humilla los impíos hasta la tierra.
Salmo 147:1-6 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
El Salmo 147 se cantó cuando el pueblo de Israel volvía del destierro y reconstruía Jerusalén sobre las ruinas. Por eso dice: «Jehová edifica á Jerusalem; á los echados de Israel recogerá.» Los “echados” son los desterrados, los que fueron arrancados de su casa. Y enseguida, sin cambiar de tono, pasa de la ciudad al corazón: «El sana á los quebrantados de corazón, y liga sus heridas.» “Ligar” es vendar, como lo hace quien cura una herida con paciencia: limpia, cubre, aprieta con cuidado y vuelve a revisar. No es un arreglo instantáneo; es un cuidado que toma tiempo.
Esto revela algo de Dios: el que se inclina sobre tu herida es el mismo que gobierna el universo. «El cuenta el número de las estrellas; á todas ellas llama por sus nombres.» «Grande es el Señor nuestro, y de mucha potencia; y de su entendimiento no hay número.» Si conoce cada estrella por su nombre, conoce el tuyo; y si su entendimiento no tiene medida, entiende tu dolor mejor que tú. El salmo no dice que la traición no duele, ni que vas a olvidar de un día para otro. Dice que Dios sana y venda. Y una herida vendada sana mejor cuando no se le arranca la venda cada noche para mirarla. Lo que él hizo es real y fue injusto, pero no define lo que vales: tu valor viene de Dios, no de quien te dejó.
Jesús, en la sinagoga de Nazaret, leyó del profeta Isaías estas palabras sobre su propia misión: «El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para poner en libertad á los quebrantados:» (Lucas 4:18). Los quebrantados de corazón estaban desde el principio en el centro de lo que vino a hacer.
Tu parte es dejar de abrir la herida. Bloquear esas redes no es debilidad; es cuidarte. También te toca proteger a tus hijos: ellos no son mensajeros ni espías, y ya cargan con su propio dolor. Pedirle perdón a tu hijo menor puede ser el primer vendaje. Busca una consejera, una psicóloga o un grupo de apoyo para personas divorciadas; acompañarte así es parte del cuidado de Dios. El perdón llegará como un camino, no como una orden. Y quizá sea tiempo de pensar en terminar la carrera que dejaste: no para demostrarle nada a nadie, sino porque Dios te dio dones que siguen siendo tuyos.
¿Qué haces cada noche que vuelve a abrir tu herida en lugar de dejarla sanar?
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Orar Oratio
Padre, gracias por mis tres hijos, por la casa donde vivimos, por la comida de cada día y por las amigas que no me han soltado. Tú sabes cuánto me duele la traición y lo humillada que me siento. Pongo mi corazón roto en tus manos; véndalo a tu manera y a tu tiempo. Muéstrame qué debo cambiar en mí, dame disciplina para dejar de mirar lo que me hace daño y valor para pedir ayuda. No se haga mi voluntad, sino la tuya. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, el mismo que llama a las estrellas por su nombre y que ahora se inclina sobre tu herida. No tienes que explicarle nada. Que el Espíritu de Dios te consuele en este silencio y te recuerde cuánto vales para él.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tu herida y sobre lo que vales ante él?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué rencor, qué humillación o qué costumbre de volver a mirar lo que te hiere necesitas poner en las manos de Dios esta noche?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta noche bloquearé las redes de esa mujer y dejaré el celular fuera del cuarto. Mañana le pediré perdón a mi hijo menor por ponerlo en medio y le diré que puede querer a su papá sin culpa. Esta semana buscaré un grupo de apoyo en mi iglesia o una psicóloga en el centro de salud”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Mateo 12:18-21. La caña cascada no quebrará: así trata Jesús a los heridos.
«La caña cascada no quebrará, y el pábilo que humea no apagará, hasta que saque á victoria el juicio.» (Mateo 12:20) - Isaías 54:4-8. Dios llama con misericordia a la mujer dejada y triste de espíritu.
«Porque como á mujer dejada y triste de espíritu te llamó Jehová, y como á mujer moza que es repudiada, dijo el Dios tuyo.» (Isaías 54:6) - 2 Corintios 1:3-5. El Dios de toda consolación nos consuela para que consolemos a otros.
«El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.» (2 Corintios 1:4) - Salmo 147:7-11. Dios se complace en los que esperan en su misericordia.
«Complácese Jehová en los que le temen, y en los que esperan en su misericordia.» (Salmo 147:11)
Esta oración se lee los días: 29 de julio.