Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

10 de mayo · Honrar a la madre con hechos

Oración para el día de la madre: la llamaron bienaventurada

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 10 de mayo.

Versículo del día: Proverbios 31:25-31 RV1909

Tienes cuarenta y cuatro años y un salón de belleza en Caguas, Puerto Rico. Es la semana más ocupada del año: todas quieren verse bonitas para el Día de las Madres. Mientras secas cabellos, escuchas a tus clientas hablar del almuerzo que les preparan los hijos y de las flores para la abuela. Tú sonríes, pero por dentro te pesa. Tu mamá murió en enero y este será el primer Día de las Madres sin ella. No fue una madre fácil: te criticaba el cuerpo, nunca te dijo que estaba orgullosa de ti y siempre prefirió a tu hermano. Aun así la cuidaste sus dos últimos años, entre el salón y las citas médicas. Ahora sientes tristeza, alivio y culpa por sentir alivio. Tus hijos quieren llevarte a comer el domingo, y tú solo quieres que el día pase rápido.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por mis manos y mi trabajo, por mis hijos y por los años que pude cuidar a mi madre. Me quedo en silencio delante de ti… Tú conoces lo que hubo entre ella y yo, lo bueno y lo que me hirió. No te pido entenderlo todo esta noche. Si lo tienes a bien, dale paz a mi corazón; y si el duelo tarda, dame paciencia para atravesarlo de tu mano. Ayúdame a no cerrarme el domingo, a recibir el amor de los míos y a dar a otros el consuelo que tú me das. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    25Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá. 26Abrió su boca con sabiduría: y la ley de clemencia está en su lengua. 27Considera los caminos de su casa, y no come el pan de balde. 28Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó. 29Muchas mujeres hicieron el bien; mas tú las sobrepujaste á todas. 30Engañosa es la gracia, y vana la hermosura: la mujer que teme á Jehová, ésa será alabada. 31Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.

    Proverbios 31:25-31 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    El libro de Proverbios termina con un poema que, según su primer versículo, viene de la enseñanza de una madre: «Palabras del rey Lemuel; la profecía con que le enseñó su madre.» En hebreo, el poema está escrito en orden alfabético, de la primera a la última letra, como quien quiere decir “todo” sobre una mujer que teme a Dios. No describe a una mujer perfecta ni a una estatua, sino a alguien fuerte y digna, que trabaja, cuida y habla con bondad: «Fortaleza y honor son su vestidura; y en el día postrero reirá.» Y luego viene la escena que da nombre al día de hoy: «Levantáronse sus hijos, y llamáronla bienaventurada; y su marido también la alabó.» “Levantarse” era un gesto de respeto; “bienaventurada” quiere decir dichosa, alguien cuya vida vale la pena reconocer. El poema termina pidiendo algo muy concreto: «Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos.» La honra no se queda en palabras bonitas; se da con hechos y a la vista de todos.

    Esto revela algo de Dios: él ve el trabajo escondido de las madres, el que nadie aplaude, y le da valor. Pero este poema no es una vara para medir y condenar a las madres reales, ni para sentir que la tuya no alcanzó. Ninguna madre es todo lo que aquí se describe, y algunas hirieron mucho. Honrar a una madre que te falló no es fingir que no dolió ni llamar bueno lo que fue malo. Es reconocer la vida que recibiste por medio de ella y dejar en manos de Dios lo que ella no supo darte. Lo que tu mamá no te dijo no define lo que vales. Dios mismo lo dice: «¿Olvidaráse la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti.» (Isaías 49:15).

    Jesús honró a su madre hasta el último momento. Clavado en la cruz, en medio de su propio dolor, se ocupó de que ella no quedara sola: «Y como vió Jesús á la madre, y al discípulo que él amaba, que estaba presente, dice á su madre: Mujer, he ahí tu hijo.» «Después dice al discípulo: He ahí tu madre. Y desde aquella hora el discípulo la recibió consigo.» (Juan 19:26-27). Fíjate que esa honra fue un hecho: alguien que la recibiera en su casa.

    Tú también honraste a tu mamá con hechos, aunque no siempre lo sintieras: cada cita médica, cada noche de cuidado, fue fruto de tus manos. La mezcla de tristeza, alivio y culpa es parte normal del duelo, sobre todo cuando la relación fue difícil; no tienes que esconderla de Dios. Si el peso no cede o el resentimiento te roba la paz, buscar a un consejero o a un grupo de duelo es una forma de cuidarte. Y este domingo hay dos cosas que te tocan: dejar que tus hijos te honren, recibiendo su cariño aunque te cueste, y mirar a tu alrededor. Quizá haya una vecina sola, o una clienta que también perdió a su madre, a quien puedas darle hoy lo que a ti te faltó.

    ¿Qué sientes hoy al pensar en tu madre, y qué parte de eso todavía no le has entregado a Dios?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por la vida que recibí por medio de mi madre, por lo bueno que me dio aunque no fuera todo lo que yo esperaba, y por mis hijos, que hoy quieren honrarme. Tú sabes que la extraño y que también me dolió mucho lo que no me dijo. Pongo en tus manos esta mezcla de tristeza, alivio y culpa. Muéstrame qué esperas de mí; ayúdame a perdonar lo que haya que perdonar y dame valor para recibir el cariño de mis hijos y para honrar a otras madres con hechos. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, el mismo que estuvo junto a tu madre en su última noche y que está contigo ahora. Él no se olvida de ti. Que el Espíritu de Dios consuele tu corazón en este silencio y te recuerde cuánto vales para él.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre la manera de honrar a tu madre, esté viva o no?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué recuerdo, herida o culpa relacionada con tu madre necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “El domingo iré a comer con mis hijos y les contaré un recuerdo bueno de su abuela. Antes, le llevaré un plato de comida y una tarjeta a doña Lourdes, la vecina que pasa el Día de las Madres sola, y me sentaré un rato a escucharla”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Mateo 15:3-6. Jesús reprende a quienes usaban una excusa religiosa para no socorrer a sus padres: la honra se da con hechos.
    «No deberá honrar á su padre ó á su madre con socorro. Así habéis invalidado el mandamiento de Dios por vuestra tradición.» (Mateo 15:6)
  • Isaías 49:14-16. Aunque una madre olvide a su hijo, Dios no se olvida de nosotros.
    «¿Olvidaráse la mujer de lo que parió, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque se olviden ellas, yo no me olvidaré de ti.» (Isaías 49:15)
  • Isaías 66:12-13. Dios consuela a su pueblo como una madre consuela a su hijo.
    «Como aquel á quien consuela su madre, así os consolaré yo á vosotros, y en Jerusalem tomaréis consuelo.» (Isaías 66:13)
  • Proverbios 1:8-9. La enseñanza del padre y de la madre es adorno de gracia para la vida.
    «Oye, hijo mío, la doctrina de tu padre, y no desprecies la dirección de tu madre:» (Proverbios 1:8)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Oración para el día de la madre: la llamaron bienaventurada.

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