Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

16 de marzo · Llorar no es falta de fe

Juan 11:35: Jesús lloró

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 16 de marzo.

Versículo del día: Juan 11:28-36 RV1909

Tienes cincuenta años y vendes carne en el mercado de León, en Nicaragua. Hace diez días murió en un accidente de moto el hijo de Julio, tu amigo de toda la vida; el muchacho tenía diecinueve años. En el velorio no supiste qué decir, y te salió lo que siempre se dice: “Dios sabe por qué hace las cosas, hermano; tienes que ser fuerte”. Viste cómo a Julio se le endureció la cara. Desde entonces no has vuelto a buscarlo: no sabes qué decirle y te da miedo equivocarte otra vez. Esta noche recordaste que cuando murió tu mamá tampoco lloraste, porque te enseñaron que un hombre de fe no llora. Te preguntas si Julio necesita palabras, o si eres tú el que no sabe estar cerca del dolor.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por mi familia, por mis amigos y por los años que me diste junto a mi mamá. Gracias porque no te avergüenzas de nuestras lágrimas. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos el dolor de Julio y de su familia, y el que yo he guardado por tanto tiempo. Dame un corazón sencillo para acompañar sin frases hechas, y la fidelidad de estar presente aunque no tenga palabras. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    28Y esto dicho, fuése, y llamó en secreto á María su hermana, diciendo: El Maestro está aquí y te llama. 29Ella, como lo oyó, levántase prestamente y viene á él. 30(Que aun no había llegado Jesús á la aldea, mas estaba en aquel lugar donde Marta le había encontrado.) 31Entonces los Judíos que estaban en casa con ella, y la consolaban, como vieron que María se había levantado prestamente, y había salido, siguiéronla, diciendo: Va al sepulcro á llorar allí. 32Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano. 33Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse, 34Y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Dícenle: Señor, ven, y ve. 35Y lloró Jesús. 36Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.

    Juan 11:28-36 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Lázaro había muerto, y sus hermanas, Marta y María, llevaban cuatro días de duelo cuando llegó Jesús. La casa estaba llena de gente que había ido a consolarlas, como era costumbre. María salió a su encuentro y le dijo lo mismo que antes le había dicho Marta: «Mas María, como vino donde estaba Jesús, viéndole, derribóse á sus pies, diciéndole: Señor, si hubieras estado aquí, no fuera muerto mi hermano.» Es casi un reclamo. Jesús no la corrige ni le da una explicación. El evangelio dice que se dejó tocar por su dolor: «Jesús entonces, como la vió llorando, y á los Judíos que habían venido juntamente con ella llorando, se conmovió en espíritu, y turbóse,»

    Y entonces viene el versículo más corto de la Biblia: «Y lloró Jesús.» Lo asombroso es que Jesús sabía que poco después iba a llamar a Lázaro fuera del sepulcro (Juan 11:43), y aun así lloró. Su llanto no fue falta de fe ni de esperanza; fue amor. Los que estaban allí lo entendieron: «Dijeron entonces los Judíos: Mirad cómo le amaba.» Esto revela algo de Dios: no es indiferente a nuestro dolor ni lo mira desde lejos. Llorar a quien amamos no es dudar de Dios; es una manera de honrar el amor.

    Por eso Pablo pudo escribir: «Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.» (Romanos 12:15). No dice “explicadles a los que lloran”. Las frases hechas, como “Dios sabe por qué hace las cosas” o “tienes que ser fuerte”, casi siempre calman más nuestra incomodidad que el dolor del otro. Los amigos de Job acertaron al principio, cuando se sentaron con él siete días en silencio (Job 2:13), y se equivocaron cuando empezaron a explicarle su desgracia.

    Tu parte no es encontrar las palabras perfectas, sino volver. Puedes decirle a Julio: “Perdóname por lo que te dije en el velorio. No sé qué decir, pero aquí estoy”. Sentarte con él, nombrar a su hijo, recordar algo bueno del muchacho, llevarle comida: eso vale más que cualquier explicación. Deja que también a ti te alcance el llanto que guardaste por tu mamá. Y si con los meses notas que tu amigo se hunde, anímalo con cariño a buscar un grupo de duelo o un profesional.

    ¿Te permites llorar, y sabes estar con el que llora sin tener que explicarle nada?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por la amistad de Julio durante tantos años, por la vida de su hijo y por el amor que se nota en su dolor. Gracias porque Jesús lloró. Tú sabes que no supe qué decirle y que lo herí con mis palabras. Me pongo en tus manos: muéstrame cómo acompañarlo, dame humildad para pedirle perdón y valor para quedarme a su lado sin explicar lo que no entiendo. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, cerca de los que lloran esta noche, en tu casa y en la de tu amigo. Si vienen las lágrimas, déjalas venir. Que el Espíritu de Dios te consuele y te enseñe a consolar.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre el llanto y sobre la manera de acompañar a otros?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué dolor guardado, o qué miedo a no saber qué decir, necesitas poner en las manos de Dios?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana, al cerrar el puesto, iré a la casa de Julio con algo de comer. Le pediré perdón por lo que dije, le preguntaré cómo era su hijo y lo escucharé sin dar explicaciones. Y me daré permiso de llorar a mi mamá”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Mateo 5:1-4. Jesús llama bienaventurados a los que lloran.
    «Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.» (Mateo 5:4)
  • Romanos 12:9-15. Un amor sin fingimiento que llora con los que lloran.
    «Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.» (Romanos 12:15)
  • Job 2:11-13. Los amigos de Job lo acompañan siete días en silencio.
    «Así se sentaron con él en tierra por siete días y siete noches, y ninguno le hablaba palabra, porque veían que el dolor era muy grande.» (Job 2:13)
  • Eclesiastés 3:1-4. Hay tiempo de llorar y tiempo de reír.
    «Tiempo de llorar, y tiempo de reir; tiempo de endechar, y tiempo de bailar;» (Eclesiastés 3:4)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Juan 11:35: Jesús lloró.

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