16 de octubre · Jesús se compadece del que llora
La viuda de Naín: no llores
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 16 de octubre.
Versículo del día: Lucas 7:11-17 RV1909
Tienes sesenta y seis años, eres viuda y vives en el barrio de la Rondilla, en Valladolid. Hace cuatro meses murió Javier, tu único hijo, de un infarto a los treinta y nueve años. Su chaqueta sigue colgada en la entrada y todavía guardas su último mensaje de voz, que escuchas cada noche. En la iglesia, al principio, todos te abrazaron. Ahora algunas hermanas te dicen que llorar tanto es falta de fe, que Javier “ya está en un lugar mejor” y que a estas alturas “deberías estar mejor”. Por eso has dejado de ir, y cuando te preguntas por qué Dios lo permitió, sientes culpa. Te has encerrado en casa. En el piso de enfrente vive Encarna, que enviudó el año pasado y también está sola; te ha tocado el timbre dos veces, y no le abriste.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por el techo que me cubre, por los recuerdos de Javier que me dejaste y por las personas que todavía me buscan. Tú conoces esta tristeza mejor que yo, y tú también viste llorar a la viuda de Naín. Me quedo en silencio delante de ti… No te pido que me quites el dolor de un golpe; te pido que me acompañes en él. Si lo tienes a bien, dame un poco de descanso esta noche; y si no, dame paciencia para esperar el consuelo. Ayúdame a abrir la puerta a quienes quieren acompañarme y a no esconderme de ti. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
11Y aconteció después, que él iba á la ciudad que se llama Naín, é iban con él muchos de sus discípulos, y gran compañía. 12Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad. 13Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores. 14Y acercándose, tocó el féretro: y los que lo llevaban, pararon. Y dice: Mancebo, á ti digo, levántate. 15Entonces se incorporó el que había muerto, y comenzó á hablar. Y dióle á su madre. 16Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo. 17Y salió esta fama de él por toda Judea, y por toda la tierra de alrededor.
Lucas 7:11-17 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Lucas cuenta que Jesús llegaba a Naín, una aldea pequeña de Galilea, rodeado de discípulos y de mucha gente. A la puerta del pueblo se encontró con otro grupo, el de un entierro: «Y como llegó cerca de la puerta de la ciudad, he aquí que sacaban fuera á un difunto, unigénito de su madre, la cual también era viuda: y había con ella grande compañía de la ciudad.» En aquel tiempo, una viuda que perdía a su único hijo se quedaba sin nadie que la sostuviera, sin apellido que la protegiera y sin futuro. Era casi tu historia: una viuda que enterraba a su único hijo. Ella no le pidió nada a Jesús; quizá ni sabía quién era. Pero él la vio primero: «Y como el Señor la vió, compadecióse de ella, y le dice: No llores.» La palabra “compadecióse” describe una compasión que se siente en las entrañas, un dolor que se hace propio.
Esto revela algo de Dios: él mira al que llora antes de que el que llora sepa orar. El “no llores” de Jesús no es un regaño ni una orden de esconder la tristeza; es la palabra de alguien que se acerca, toca el féretro y se pone en medio del dolor. La gente lo entendió así: «Y todos tuvieron miedo, y glorificaban á Dios, diciendo: Que un gran profeta se ha levantado entre nosotros; y que Dios ha visitado á su pueblo.» Con honestidad hay que decirlo: Jesús devolvió la vida a este muchacho, pero no a todos los que morían en Israel, y este relato no es una promesa de que nuestros muertos volverán hoy. Es una ventana al corazón de Dios: le importa la madre que llora, le importan tus lágrimas y tus preguntas, y la muerte no tiene la última palabra en sus manos.
Jesús mismo lloró ante la tumba de su amigo Lázaro, aunque sabía lo que iba a hacer: «Y lloró Jesús.» (Juan 11:35). Y enseñó: «Bienaventurados los que lloran: porque ellos recibirán consolación.» (Mateo 5:4). Si Jesús lloró, llorar no es falta de fe. Es amor que no tiene a dónde ir. Y el duelo no tiene un calendario que otros puedan fijarte.
Tu parte no es dejar de llorar, sino no llorar solo. Fíjate que la viuda de Naín iba con “grande compañía de la ciudad”: Dios también consuela por medio de los que caminan a nuestro lado. Puedes contarle a Dios lo que extrañas de Javier y también tus preguntas, que él no se ofende por ellas; volver a la iglesia buscando a quienes sí saben acompañar; y abrirle la puerta a Encarna, que también está sola y sabe de este camino. Si con el paso de los meses no logras dormir, comer ni salir de casa, buscar un grupo de duelo o un psicólogo es parte del cuidado de Dios, no una derrota de tu fe.
¿A quién le estás escondiendo tus lágrimas y tus preguntas, incluso a Dios?
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Orar Oratio
Señor, gracias por los treinta y nueve años que me diste con Javier, por su risa, por cada domingo que comimos juntos y por las personas que me han abrazado en este dolor. Tú sabes cuánto me duele haberlo enterrado y cuántas preguntas tengo. No entiendo por qué lo permitiste, pero me pongo en tus manos; que se haga tu voluntad y no la mía. Dame valor para llorar delante de ti sin vergüenza, humildad para dejarme acompañar y disciplina para no encerrarme. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, junto a la chaqueta de Javier en la entrada, y que te mira con la misma compasión con que Jesús miró a la viuda de Naín. Que el Espíritu de Dios te consuele en este silencio, sin prisa y sin exigirte que ya estés bien.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre tus lágrimas y sobre la compasión de Jesús?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué dolor, qué pregunta sin respuesta o qué miedo a quedarte sola necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana cruzaré el rellano y le tocaré el timbre a Encarna; la invitaré a tomar un café y le preguntaré cómo está viviendo ella su soledad. Esta semana llamaré al grupo de duelo del centro de salud para pedir información. Y el domingo volveré a la iglesia y buscaré a la hermana que me escucha sin darme lecciones, aunque llore”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Mateo 14:10-13. Al saber de la muerte de Juan, Jesús se aparta a un lugar desierto: también él necesitó un espacio para su tristeza.
«Y oyéndo lo Jesús, se apartó de allí en un barco á un lugar descierto, apartado: y cuando las gentes lo oyeron, le siguieron á pie de las ciudades.» (Mateo 14:13) - 2 Corintios 1:3-7. El Dios de toda consolación nos consuela para que podamos consolar a otros.
«El cual nos consuela en todas nuestras tribulaciones, para que podamos también nosotros consolar á los que están en cualquiera angustia, con la consolación con que nosotros somos consolados de Dios.» (2 Corintios 1:4) - Romanos 12:9-15. Llorar con los que lloran: la comunidad que acompaña el duelo.
«Gozaos con los que se gozan: llorad con los que lloran.» (Romanos 12:15) - Isaías 63:7-9. En toda angustia de su pueblo, Dios mismo fue angustiado.
«En toda angustia de ellos él fué angustiado, y el ángel de su faz los salvó: en su amor y en su clemencia los redimió, y los trajo, y los levantó todos los días del siglo.» (Isaías 63:9)
Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.
Esta oración también está en el archivo: La viuda de Naín: no llores.