18 de octubre · Ver a quien lleva años encorvado por el peso
La mujer encorvada: libre eres de tu enfermedad
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 18 de octubre.
Versículo del día: Lucas 13:10-17 RV1909
Tienes cuarenta y siete años y limpias casas en la zona 14 de la Ciudad de Guatemala. Sales de Villa Nueva a las cinco de la mañana, tomas dos buses y vuelves de noche. Desde que el papá de tus hijos se fue, hace doce años, los sacas adelante tú sola. La espalda te duele tanto que ya caminas encorvada, pero nunca has ido al médico: “no hay tiempo ni pisto”. En las casas donde trabajas casi nadie te saluda por tu nombre; te dicen “la muchacha”. En la iglesia nadie te pregunta cómo estás, y tú tampoco lo dices. Tu hija de quince años quiere hablar contigo en las noches, y tú le respondes que estás cansada. Ayer, frente al espejo del baño de una patrona, viste a una mujer gastada y pensaste: “Así me tocó”.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por haber llegado a casa, por la sopa que comimos y por mis hijos, que duermen cerca. Gracias porque tú me ves aunque otros no me vean. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos mi espalda, mis cuentas y mi cansancio; que se haga tu voluntad. Dame luz para reconocer lo que valgo, valor para pedir ayuda y disciplina para cuidar mi cuerpo y mi casa sin olvidarme de mí. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
10Y enseñaba en una sinagoga en sábado. 11Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar. 12Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad. 13Y puso las manos sobre ella; y luego se enderezó, y glorificaba á Dios. 14Y respondiendo el príncipe de la sinagoga, enojado de que Jesús hubiese curado en sábado, dijo á la compañía: Seis días hay en que es necesario obrar: en estos, pues, venid y sed curados, y no en día de sábado. 15Entonces el Señor le respondió, y dijo: Hipócrita, cada uno de vosotros ¿no desata en sábado su buey ó su asno del pesebre, y lo lleva á beber? 16Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado? 17Y diciendo estas cosas, se avergonzaban todos sus adversarios: mas todo el pueblo se gozaba de todas las cosas gloriosas que eran por él hechas.
Lucas 13:10-17 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Lucas cuenta que Jesús enseñaba en una sinagoga un sábado, el día de descanso. Entre los presentes había una mujer en quien nadie se fijaba: «Y he aquí una mujer que tenía espíritu de enfermedad dieciocho años, y andaba agobiada, que en ninguna manera se podía enhestar.» “Agobiada” quiere decir doblada, encorvada; “enhestar” es ponerse derecha. Dieciocho años mirando el suelo, viendo los pies de los demás y no sus rostros. Y entonces sucede lo que nadie esperaba: «Y como Jesús la vió, llamóla, y díjole: Mujer, libre eres de tu enfermedad.» Antes de tocarla, Jesús la vio y la llamó al centro.
Esto revela algo de Dios: él ve a quien todos dejaron de ver. El jefe de la sinagoga se enojó porque Jesús había roto la costumbre del sábado; le importaba más el reglamento que la mujer. Jesús le respondió llamándola con un título de honor: «Y á esta hija de Abraham, que he aquí Satanás la había ligado dieciocho años, ¿no convino desatar la de esta ligadura en día de sábado?» Para él no era “la encorvada”, sino una hija del pueblo de Dios. Este relato no promete que toda enfermedad se curará en un instante; muchas personas fieles llevan dolores toda la vida. Lo que sí muestra es que tu valor ante Dios no depende de cómo te miren los demás, y que él quiere verte de pie, con dignidad.
Jesús mismo leyó al comenzar su camino: «El Espíritu del Señor es sobre mí, por cuanto me ha ungido para dar buenas nuevas á los pobres: me ha enviado para sanar á los quebrantados de corazón; para pregonar á los cautivos libertad, y á los ciegos vista; para poner en libertad á los quebrantados:» (Lucas 4:18). Los quebrantados y los agobiados están en el centro de su misión.
Tu parte es dejarte ver. Ir al centro de salud por esa espalda no es un lujo: tu cuerpo también es un regalo de Dios que te toca cuidar. Puedes pedir a tus hijos que compartan las tareas de la casa, decirle a alguien de la iglesia cómo estás y, si una patrona te trata con desprecio, recordar que lo que ella diga no define lo que vales. Y quizá, al levantar la mirada, descubras a otra mujer encorvada a tu lado, o a tu hija, que solo quiere que la veas.
¿Qué peso te ha mantenido mirando el suelo, y qué te impide dejarte ver por Dios y por los tuyos?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mis tres hijos, por las fuerzas que me has dado durante estos doce años, por el trabajo que pone comida en la mesa y por cada bus que me lleva y me trae con vida. Tú sabes cuánto me duele la espalda y cuánto me duele que nadie me vea. Si lo tienes a bien, dame alivio en este cuerpo; y si no, dame fuerzas para llevarlo con dignidad. Ayúdame a creer lo que valgo ante ti, dame valor para buscar ayuda y disciplina para cuidarme y para escuchar a mi hija. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y que te llama por tu nombre, no por tu oficio. Levanta la mirada, aunque sea por dentro. Que el Espíritu de Dios te recuerde en este silencio que eres hija suya.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la manera en que él te ve?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué cansancio, qué vergüenza o qué idea de que “así te tocó” necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “El lunes pediré permiso para ir al centro de salud a que me revisen la espalda. Esta noche, aunque esté cansada, me sentaré con mi hija a escucharla sin mirar el teléfono, y el domingo le preguntaré a doña Tomasa, la vecina que también limpia casas, cómo está y si quiere que oremos juntas”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Lucas 14:1-6. Otro sábado, Jesús sana a un hombre aunque lo acechan: la persona antes que la costumbre.
«Y ellos callaron. Entonces él tomándole, le sanó, y despidióle.» (Lucas 14:4) - Salmo 146:5-9. Dios levanta a los caídos y sostiene a la viuda y al huérfano.
«Jehová abre los ojos á los ciegos; Jehová levanta á los caídos; Jehová ama á los justos.» (Salmo 146:8) - Romanos 15:1-3. Los que son más firmes sobrellevan las flaquezas de los que están cansados.
«Así que, los que somos más firmes debemos sobrellevar las flaquezas de los flacos, y no agradarnos á nosotros mismos.» (Romanos 15:1) - Marcos 1:40-42. Jesús toca al leproso que todos evitaban: mira y dignifica a quien nadie quería ver.
«Y Jesús, teniendo misericordia de él, extendió su mano, y le tocó, y le dice: Quiero, sé limpio.» (Marcos 1:41)
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