Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

2 de febrero · El bien y la misericordia me siguen

Salmo 23:6: el bien y la misericordia me seguirán

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 2 de febrero.

Versículo del día: Salmo 23:1-6 RV1909

Hoy cumples setenta y cinco años. Tus nietos armaron un video con fotos de toda tu vida y lo proyectaron en la pared del patio. Ahí estabas tú, recién casada; después, viuda a los treinta y cuatro, con cuatro hijos y un puesto de empanadas en la esquina del mercado. Apareció Andrés, tu hijo, que murió a los veinte en un accidente, y todos se quedaron callados. También aparecieron la vecina que te cuidaba a los niños sin cobrarte, el señor que te prestó para el primer horno y la señora de la iglesia que te llevaba mercado cuando no había nada. Esa noche, ya sola en tu cuarto, te preguntas cómo pudiste con todo y por qué Dios permitió tanto dolor. Y, al mismo tiempo, no se te borran todos esos rostros.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día de fiesta, por mis hijos y mis nietos, por la comida compartida y por todos los años que me has dado. Gracias porque tu bien y tu misericordia me han seguido aun cuando yo no los veía. Me quedo en silencio delante de ti… Te presento, uno por uno, los nombres de quienes me ayudaron. Pongo en tus manos el dolor por Andrés, que todavía cargo, y el recuerdo agradecido de su vida. Dame un corazón agradecido y fuerzas para ser misericordia para otros mientras me des vida. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Salmo de David. JEHOVÁ es mi pastor; nada me faltará. 2En lugares de delicados pastos me hará yacer: junto á aguas de reposo me pastoreará. 3Confortará mi alma; guiaráme por sendas de justicia por amor de su nombre. 4Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento. 5Aderezarás mesa delante de mí, en presencia de mis angustiadores: ungiste mi cabeza con aceite: mi copa está rebosando. 6Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días.

    Salmo 23:1-6 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    David había sido pastor antes que rey, y conocía el oficio: el pastor va delante, busca el pasto y el agua, y defiende al rebaño con la vara. El salmo termina con una mirada que abarca la vida entera: «Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida: y en la casa de Jehová moraré por largos días.» El verbo que se traduce “seguirán” se usa en el idioma original para alguien que persigue, que va detrás sin soltar. A David casi siempre lo perseguían sus enemigos; aquí dice que lo que de verdad va con él todos los días es el bien de Dios y su misericordia, ese amor fiel que no cambia. Y lo dice después de haber pasado por el valle: «Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; porque tú estarás conmigo: tu vara y tu cayado me infundirán aliento.»

    Esto revela algo de Dios: su fidelidad no acompaña solo los años buenos. El salmo no llama bueno al dolor ni explica cada pérdida; la muerte de un hijo sigue siendo una herida, y Dios no te pide que digas que no dolió. Lo que el salmo enseña es a mirar el conjunto y descubrir que nunca caminaste sola. Muchas veces la misericordia de Dios tuvo rostro: una vecina, un préstamo, una bolsa de mercado. Samuel, después de una victoria, levantó una piedra para no olvidarlo: «Tomó luego Samuel una piedra, y púsola entre Mizpa y Sen, y púsole por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.»

    Jesús contó la parábola del pastor que no se queda quieto cuando una oveja se pierde: «¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?» (Lucas 15:4). Y abrió la esperanza con la que termina el salmo: «En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.» (Juan 14:2). Tu parte hoy es recordar con gratitud y contar tu historia a los tuyos, para que aprendan a reconocer a Dios en ella. Y algo más: la misericordia que te persiguió quiere seguir a otros a través de ti. Cerca de ti hay alguien que está viviendo lo que tú viviste. Si el duelo por tu hijo se reabre y te quita la paz, también puedes pedir compañía: hablarlo no es falta de fe.

    ¿En qué rostros puedes reconocer el bien y la misericordia que te han seguido toda la vida?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mis setenta y cinco años, por los hijos que me diste, por los nietos que hoy me celebraron y por cada persona que pusiste en mi camino. Tú sabes que todavía me duele la muerte de Andrés y que hay cosas que no entiendo. No te pido que me lo expliques todo; ayúdame a confiar en ti y a reconocer tu misericordia. Muéstrame qué esperas de mí en los años que me quedan. No se haga mi voluntad, sino la tuya. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios estuvo presente en cada etapa de tu vida, también en los años que más dolieron. Recuerda despacio, uno por uno, los rostros por medio de los cuales te cuidó. Que el Espíritu de Dios te dé ojos para ver su misericordia detrás de ti, a tu lado y delante de ti.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy al mirar tu historia junto a él?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué pregunta sin respuesta, qué dolor antiguo o qué temor por los años que vienen necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Esta semana le contaré a uno de mis nietos la historia de la vecina que me ayudó, iré a darle las gracias a quien todavía vive y visitaré a la señora del segundo piso, que enviudó hace poco, para llevarle algo de comer”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Lucas 15:3-7. El pastor sale tras la oveja perdida hasta encontrarla.
    «¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si perdiere una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va á la que se perdió, hasta que la halle?» (Lucas 15:4)
  • Juan 14:1-6. Jesús abre la esperanza de morar en la casa del Padre.
    «En la casa de mi Padre muchas moradas hay: de otra manera os lo hubiera dicho: voy, pues, á preparar lugar para vosotros.» (Juan 14:2)
  • 1 Samuel 7:7-12. Eben-ezer: una piedra para recordar que hasta aquí nos ayudó Jehová.
    «Tomó luego Samuel una piedra, y púsola entre Mizpa y Sen, y púsole por nombre Eben-ezer, diciendo: Hasta aquí nos ayudó Jehová.» (1 Samuel 7:12)
  • Josué 23:11-14. Josué, ya anciano, reconoce que Dios no faltó a ninguna de sus buenas palabras.
    «Y he aquí que yo estoy para entrar hoy por el camino de toda la tierra: reconoced, pues, con todo vuestro corazón y con toda vuestra alma, que no se ha perdido una palabra de todas la buenas palabras que Jehová vuestro Dios había dicho de vosotros: todas os han venido, no se ha perdido de ellas ni una.» (Josué 23:14)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Salmo 23:6: el bien y la misericordia me seguirán.

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