Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

20 de abril · Acercarme a Dios con confianza en mi debilidad, por medio de Jesús que entiende

Hebreos 4:16: lleguémonos confiadamente al trono de la gracia

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 20 de abril.

Versículo del día: Hebreos 4:14-16 RV1909

Tienes cuarenta y dos años y eres enfermera en la unidad de cuidados intensivos de un hospital de Cali. Trabajas de noche y llegas a tu casa a las siete y media de la mañana, justo cuando tu hijo de quince años debería estar saliendo para el colegio. Casi siempre lo encuentras dormido o con el uniforme a medio poner, y explotas: gritos, palabras que después te duelen, y una vez hasta le tiraste el celular contra el piso. Luego lloras en la ducha y le prometes a Dios que no volverá a pasar. Pero vuelve a pasar. Esta mañana fue peor: le dijiste que era igual a su papá, el que los abandonó. Él se fue sin desayunar. Ahora quieres orar y no te atreves: “Otra vez con lo mismo, Señor; ya ni me debes querer escuchar”.

Oración de la noche

Padre, gracias por este día, por los pacientes que pude cuidar, por mi salud, por el trabajo que nos sostiene y por mi hijo, que es un regalo aunque a veces no lo trate como tal. Me quedo en silencio delante de ti… Tú sabes lo que dije esta mañana y cuánto me pesa. Me acerco a ti con confianza, no porque lo merezca, sino porque tu trono es de gracia. Te pido misericordia por el daño que hice, y si lo tienes a bien, sana el corazón de mi hijo y nuestra relación. Ayúdame a entender qué hay detrás de mi rabia, dame disciplina para cambiar mis hábitos, humildad para pedir perdón y valor para pedir ayuda. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    14Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. 15Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. 16Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.

    Hebreos 4:14-16 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    La carta a los Hebreos fue escrita a creyentes cansados, que estaban a punto de rendirse por la presión y por sus propias caídas. Para animarlos, el autor usa una imagen que ellos conocían bien: el sumo sacerdote, llamado aquí “pontífice”, que una vez al año entraba en el lugar santísimo del templo para presentarse delante de Dios en nombre del pueblo. «Por tanto, teniendo un gran Pontífice, que penetró los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión.» “Retener la profesión” es no soltar la fe que hemos confesado. Y enseguida dice algo que conmueve: «Porque no tenemos un Pontífice que no se pueda compadecer de nuestras flaquezas; mas tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado.» “Compadecer” es padecer con, sentir con el otro.

    Esto revela algo de Dios: el lugar al que nos invita a llegar no es un tribunal de condena, sino un trono “de la gracia”. «Lleguémonos pues confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia, y hallar gracia para el oportuno socorro.» Misericordia es el perdón que no merezco; gracia es la ayuda que necesito para levantarme. Y “oportuno socorro” es la ayuda que llega a tiempo, en el momento preciso. La confianza no es tomarse a la ligera el daño que hacemos; es saber que, precisamente cuando fallamos, la puerta sigue abierta. El que se aleja de Dios por vergüenza se queda solo con su culpa, y la culpa sola no cambia a nadie.

    De Jesús dice la misma carta: «El cual en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fué oído por su reverencial miedo.» (Hebreos 5:7). Él conoce el cansancio y las lágrimas. Y a los agotados les dijo: «Venid á mí todos los que estáis trabajados y cargados, que yo os haré descansar.» (Mateo 11:28).

    Tu parte es acercarte hoy, sin esperar a sentirte digna, y dejar que la gracia te dé fuerzas para hacer lo que te toca. Lo primero es pedirle perdón a tu hijo, con palabras concretas: decirle que lo que le dijiste no es verdad, que él no es su papá y que tú lo amas. Lo segundo es reconocer que tirar cosas y gritar de esa manera es violencia, aunque venga del cansancio, y que no puede seguir. Busca un cambio práctico: dejar la ropa y la alarma listas desde la noche anterior, hablar de lo pendiente en la tarde, cuando hayas descansado, y no al entrar por la puerta. Y si el agotamiento o la rabia te superan, busca ayuda profesional, quizá en el programa de bienestar de tu hospital; tú cuidas a otros toda la noche y también necesitas que te cuiden.

    ¿Qué te aleja de Dios cuando fallas: la vergüenza, el orgullo o el miedo a no ser recibida?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por mi trabajo cuidando enfermos, por las fuerzas que me das cada noche, por mi hijo y por este techo donde vivimos. Tú sabes cuánto me duele lo que le dije esta mañana y lo cansada que estoy. Reconozco que mi rabia lo ha herido y que he vuelto a caer en lo mismo. Vengo a ti confiando en tu misericordia. Muéstrame qué debo cambiar en mí; dame humildad para pedirle perdón, disciplina para ordenar mis mañanas y valor para buscar ayuda si la necesito. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, y que no te mira con desprecio sino con compasión. No necesitas esconderte ni arreglarte antes de llegar a él. Que el Espíritu de Dios te dé en este silencio la confianza para acercarte tal como estás.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre su manera de recibirte cuando fallas?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué culpa, cansancio o rabia necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Esta tarde, cuando mi hijo llegue del colegio, le pediré perdón mirándolo a los ojos y le diré que no es como su papá y que lo amo. Esta semana dejaremos juntos el uniforme y la alarma listos desde la noche, y hablaremos de lo pendiente a la hora de la comida. También pediré una cita en el programa de bienestar del hospital para hablar de mi cansancio y de mi rabia”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Juan 21:15-17. Jesús restaura a Pedro después de sus negaciones y le confía sus ovejas.
    «Dícele la tercera vez: Simón, hijo de Jonás, ¿me amas? Entristecióse Pedro de que le dijese la tercera vez: ¿Me amas? y dícele: Señor, tú sabes todas las cosas; tú sabes que te amo. Dícele Jesús: Apacienta mis ovejas.» (Juan 21:17)
  • Hebreos 2:16-18. Porque él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer a los tentados.
    «Porque en cuanto él mismo padeció siendo tentado, es poderoso para socorrer á los que son tentados.» (Hebreos 2:18)
  • 1 Juan 2:1-2. Si alguno ha pecado, abogado tenemos para con el Padre.
    «Hijitos míos, estas cosas os escribo, para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, á Jesucristo el justo;» (1 Juan 2:1)
  • Isaías 42:1-4. No quebrará la caña cascada ni apagará el pábilo que humea.
    «No quebrará la caña cascada, ni apagará el pábilo que humeare: sacará el juicio á verdad.» (Isaías 42:3)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Hebreos 4:16: lleguémonos confiadamente al trono de la gracia.

Escríbenos

¿Quieres contarnos algo, compartir lo que Dios ha hecho en tu vida o que oremos por ti? Con gusto te leemos.

Tu mensaje llega solo a nuestro equipo de TuBiblia.co por WhatsApp. No se publica ni se guarda en esta página.