Oración de la Noche

Ora, medita y descansa en la Palabra

20 de marzo · Dios carga a quienes cargaron a otros toda la vida

Isaías 46:4: hasta la vejez yo mismo os soportaré

Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 20 de marzo.

Versículo del día: Isaías 46:1-4 RV1909

Tienes setenta y seis años y vives en Quetzaltenango. Durante cuarenta años fuiste comadrona: ayudaste a nacer a cientos de niños del barrio y de las aldeas cercanas, a cualquier hora y con cualquier clima. Criaste a cinco hijos, cuidaste a tu suegra hasta el final y siempre fuiste la que llegaba con caldo cuando alguien estaba enfermo. Hace dos meses tuviste un derrame y te quedó débil el lado derecho. Ahora tu nuera te ayuda a bañarte y tu hijo te corta la comida. Te da tanta vergüenza que a veces dices que no tienes hambre, y el martes intentaste ir sola al baño de noche y te caíste. Siempre cuidaste a otros; no sabes dejarte cuidar.

Oración de la noche

Señor, gracias por este día, por las manos que me ayudaron, por la comida, por mi familia y por cada niño que un día recibí con las fuerzas que tú me dabas. Me quedo en silencio delante de ti… Tú me llevaste desde el vientre de mi madre y me llevas ahora. Pongo en tus manos mi cuerpo débil y mi orgullo. Enséñame a recibir con gratitud, dame paciencia en la recuperación y un corazón que siga bendiciendo a otros. En el nombre de Jesús, amén.

Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos

No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.

  1. Leer Lectio

    Palabra de Dios para hoy

    Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.

    1Postróse Bel, abatióse Nebo; sus simulacros fueron puestos sobre bestias, y sobre animales de carga: os llevarán cargados de vosotros, carga penosa. 2Fueron humillados, fueron abatidos juntamente; no pudieron escaparse de la carga, sino que tuvieron ellos mismos que ir en cautiverio. 3Oidme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz. 4Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.

    Isaías 46:1-4 RV1909

  2. Meditar Meditatio

    Reflexión

    Isaías habla de Babilonia, el imperio que dominaba al pueblo de Dios. Bel y Nebo eran sus dioses principales. Pero el profeta pinta una escena humillante: cuando llega la derrota, esas imágenes tienen que ser cargadas a lomo de animales: «Postróse Bel, abatióse Nebo; sus simulacros fueron puestos sobre bestias, y sobre animales de carga: os llevarán cargados de vosotros, carga penosa.» Los dioses que la gente cargaba se vuelven una carga más.

    Entonces Dios hace un contraste hermoso: él no es un Dios al que hay que cargar, sino el que carga a su pueblo. «Oidme, oh casa de Jacob, y todo el resto de la casa de Israel, los que sois traídos por mí desde el vientre, los que sois llevados desde la matriz.» «Y hasta la vejez yo mismo, y hasta las canas os soportaré yo: yo hice, yo llevaré, yo soportaré y guardaré.» Aquí “soportar” quiere decir sostener, llevar en brazos. Y repite una y otra vez: “yo”. Esto revela algo de Dios: su cuidado no se jubila. El mismo que nos recibió al nacer nos sostiene cuando las fuerzas se acaban. Tú, que recibiste a tantos niños en tus manos, ahora eres recibida en las suyas. Y casi siempre Dios carga por medio de manos humanas: las de tu nuera, las de tu hijo.

    La noche de la última cena, Jesús se puso a lavar los pies de sus discípulos, y Pedro no quería dejarse servir: «Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.» (Juan 13:8). A Pedro le parecía humildad decir que no, pero en el fondo le costaba recibir. Dejarse servir también es una manera de amar y de confiar.

    Tu parte, en esta etapa, es aprender algo nuevo: recibir. Decir “gracias” en lugar de “perdone la molestia”, avisar cuando necesitas levantarte en vez de arriesgarte sola, comer lo que te ofrecen, hacer los ejercicios de la terapia aunque cuesten. Si la vergüenza se vuelve una tristeza profunda, cuéntaselo a tu médico: después de un derrame es frecuente y tiene tratamiento. Y tu historia de servicio no ha terminado: todavía puedes orar por las familias que viste nacer, bendecir a tu nuera con tus palabras y enseñar a tus nietas lo que sabes del cuidado de la vida.

    ¿Le permites a Dios cargarte, también por medio de las manos de los tuyos?

  3. Orar Oratio

    Señor, gracias por los años en que me permitiste cuidar a otros, por cada niño que vi nacer, por mis hijos, por mi nuera que hoy me cuida con paciencia y por la vida que todavía me das. Tú sabes cuánto me cuesta depender de los demás. Si lo tienes a bien, devuélveme las fuerzas del brazo y de la pierna; y si no, dame humildad para dejarme cuidar y un corazón agradecido para recibir. En el nombre de Jesús, amén.

  4. Contemplar Contemplatio

    Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.

    Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.

    Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.

    Reconoce que Dios está presente aquí, sosteniéndote como tú sostuviste a tantos recién nacidos. No tienes que hacer nada para merecerlo. Que el Espíritu de Dios te enseñe en este silencio a descansar en sus brazos.

    3:00

    Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.

  5. Vivir Actio

    Lo que Dios me mostró

    ¿Qué te mostró Dios hoy sobre la manera en que él te sostiene?

    Lo que pongo en sus manos

    ¿Qué vergüenza, orgullo o miedo a molestar necesitas poner en las manos de Dios para dejarte cuidar?

    Mi paso de obediencia

    Por ejemplo: “Mañana le daré las gracias a mi nuera por ayudarme a bañarme, en vez de pedirle disculpas, y la llamaré cada vez que necesite levantarme de noche. Esta semana llamaré a una de las mamás cuyos hijos ayudé a nacer, para preguntarle por su familia y orar por ellos”.

Si deseas profundizar

Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:

  • Juan 13:4-9. Pedro aprende a dejarse lavar los pies por Jesús.
    «Dícele Pedro: No me lavarás los pies jamás. Respondióle Jesús: Si no te lavare, no tendrás parte conmigo.» (Juan 13:8)
  • Deuteronomio 1:29-31. Dios llevó a su pueblo como un padre lleva a su hijo por todo el camino.
    «Y en el desierto has visto que Jehová tu Dios te ha traído, como trae el hombre á su hijo, por todo el camino que habéis andado, hasta que habéis venido á este lugar.» (Deuteronomio 1:31)
  • Rut 4:14-15. Noemí recibe a quien sustentará su vejez.
    «El cual será restaurador de tu alma, y el que sustentará tu vejez; pues que tu nuera, la cual te ama y te vale más que siete hijos, le ha parido.» (Rut 4:15)
  • Salmo 92:12-15. Aun en la vejez se da fruto.
    «Aun en la vejez fructificarán; estarán vigorosos y verdes;» (Salmo 92:14)

Puedes elegir cualquier fecha, pasada o futura, o moverte día por día.

Esta oración también está en el archivo: Isaías 46:4: hasta la vejez yo mismo os soportaré.

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