21 de marzo ·
Cuando me humillan: Jesús no devolvió maldición
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 21 de marzo.
Versículo del día: 1 Pedro 2:19-25 RV1909
Tienes treinta y ocho años y eres guardia de seguridad en un centro comercial de Ciudad de Guatemala. El sábado le pediste a un cliente que no dejara su camioneta en la rampa para sillas de ruedas. El hombre bajó el vidrio y, delante de la gente, te gritó que eras un “muerto de hambre”, se burló de tu uniforme y de tu manera de hablar, y su hijo lo grabó todo. Ayer el video apareció en las redes. Muchos te defienden, pero otros se ríen en los comentarios. Desde entonces lo repasas una y otra vez: no duermes bien, le contestas feo a tu esposa, y anoche escribiste desde una cuenta falsa una respuesta llena de insultos que todavía no has publicado. Sientes que ese hombre te quitó algo, y quieres que lo pague.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por la salud, por el techo y por los que me quieren tal como soy. Gracias porque tu mirada sobre mí no cambió por un video. Me quedo en silencio delante de ti… Pongo en tus manos al hombre que me humilló y el rencor que he cargado; tú juzgas con justicia. Si lo tienes a bien, que este asunto se resuelva con verdad; y si no, dame paz para soltarlo. Ayúdame a dormir esta noche y a levantarme mañana sin vivir desde la herida. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
19Porque esto es agradable, si alguno á causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente. 20Porque ¿qué gloria es, si pecando vosotros sois abofeteados, y lo sufrís? mas si haciendo bien sois afligidos, y lo sufrís, esto ciertamente es agradable delante de Dios. 21Porque para esto sois llamados; pues que también Cristo padeció por nosotros, dejándonos ejemplo, para que vosotros sigáis sus pisadas: 22El cual no hizo pecado; ni fué hallado engaño en su boca: 23Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente: 24El cual mismo llevó nuestros pecados en su cuerpo sobre el madero, para que nosotros siendo muertos á los pecados, vivamos á la justicia: por la herida del cual habéis sido sanados. 25Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.
1 Pedro 2:19-25 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
Pedro escribe a creyentes dispersos por varias provincias del imperio romano. Muchos eran pobres, y algunos eran siervos de casa, sin ningún derecho, que sufrían insultos y malos tratos de amos “rigurosos” (1 Pedro 2:18). Pedro no aprueba esa injusticia ni la llama buena; enseña cómo guardar el corazón cuando se sufre sin haber hecho mal: «Porque esto es agradable, si alguno á causa de la conciencia delante de Dios, sufre molestias padeciendo injustamente.» Y pone delante el ejemplo de Jesús: «Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente:» “Remitir la causa” es una expresión de los tribunales: pasarle el expediente a otro juez. Jesús no se quedó con el caso; lo puso en manos del Padre.
Esto revela algo de Dios: él es el que juzga con justicia. No pasa por alto lo que te hicieron ni lo llama poca cosa, pero tampoco necesita que tú te conviertas en juez y verdugo. Por eso Pedro termina con una imagen de cuidado: «Porque vosotros erais como ovejas descarriadas; mas ahora habéis vuelto al Pastor y Obispo de vuestras almas.» Aquí “obispo” significa el que vigila y cuida. Tu alma tiene quien la cuide. Un insulto puede doler mucho, pero no tiene autoridad para decir quién eres: tu valor lo puso Dios, y la boca de un hombre enojado no te lo puede quitar. Quien vive desde la herida le entrega al ofensor el control de su día; quien remite la causa a Dios recupera la libertad.
No devolver maldición tampoco es quedarse mudo ante todo. Cuando un criado lo abofeteó delante del sumo sacerdote, Jesús no insultó, pero sí nombró la injusticia con serenidad: «Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, ¿por qué me hieres?» (Juan 18:23). Y en la cruz llegó todavía más lejos: «Y Jesús decía: Padre, perdónalos, porque no saben lo que hacen. Y partiendo sus vestidos, echaron suertes.» (Lucas 23:34). Decir la verdad y no responder con veneno pueden ir juntos.
Tu parte empieza por no publicar esa respuesta. No porque lo que sentiste no importe, sino porque no quieres que ese hombre siga decidiendo tus reacciones. Puedes hacer lo justo con calma: informar a tu supervisor, pedir que el centro comercial atienda el caso y, si las burlas se vuelven acoso o amenazas, denunciarlo. Poner límites no es venganza. Cuéntale a tu esposa lo que te pasa en lugar de desquitarte con ella, y pídele perdón por estos días. Y si con el tiempo el recuerdo no te deja dormir ni trabajar, conversar con un consejero o un psicólogo también es cuidar el alma que Dios te dio. Ese hombre no sabe lo que hace; tú sí puedes decidir quién eres.
¿Qué ofensa estás dejando que dirija tus pensamientos y tus reacciones, en vez de entregársela al que juzga con justicia?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi trabajo, por el uniforme que me permite llevar el pan a mi casa, por mi esposa y por las personas que me defendieron sin conocerme. Tú sabes cuánto me dolió que se burlaran de mí delante de todos, y cuánto rencor he guardado desde entonces. Pongo esta causa en tus manos, porque tú juzgas con justicia; no se haga mi voluntad, sino la tuya. Dame dominio propio para no responder con insultos, sabiduría para hacer lo justo con calma y valor para recordar que mi valor viene de ti. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios está presente aquí, y que también estaba en esa rampa del estacionamiento, viendo lo que nadie grabó: tu corazón. Delante de él no tienes que demostrar nada. Que el Espíritu de Dios sane en este silencio lo que la ofensa removió y te recuerde de quién eres.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre la ofensa y sobre lo que tú vales?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué deseo de venganza, o qué palabra que te repites desde ese día, necesitas poner en las manos de Dios? Entrégalo de corazón, no solo de palabra.
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Esta noche borraré la respuesta que escribí desde la cuenta falsa. Mañana le contaré a mi supervisor lo que pasó, con calma, para que el centro comercial tome las medidas que correspondan, y le pediré perdón a mi esposa por haberme desquitado con ella. Cada vez que pase por esa rampa, oraré por ese hombre y por su hijo”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- Juan 18:19-23. Jesús no devuelve el golpe, pero nombra la injusticia con serenidad.
«Respondióle Jesús: Si he hablado mal, da testimonio del mal: y si bien, ¿por qué me hieres?» (Juan 18:23) - Isaías 53:4-7. El Siervo sufriente no responde con violencia a quienes lo afligen.
«Angustiado él, y afligido, no abrió su boca: como cordero fué llevado al matadero; y como oveja delante de sus trasquiladores, enmudeció, y no abrió su boca.» (Isaías 53:7) - Hebreos 12:1-3. Mirar a Jesús, que sufrió tanta contradicción, para no desmayar.
«Reducid pues á vuestro pensamiento á aquel que sufrió tal contradicción de pecadores contra sí mismo, porque no os fatiguéis en vuestros ánimos desmayando.» (Hebreos 12:3) - Romanos 12:17-21. No pagar mal por mal; vencer con el bien el mal.
«No seas vencido de lo malo; mas vence con el bien el mal.» (Romanos 12:21)
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Esta oración también está en el archivo: Cuando me humillan: Jesús no devolvió maldición.