22 de enero · Cantar su misericordia
Oración de alabanza a Dios: cantaré de mañana tu misericordia
Oración del día, versículo del día y devocional de hoy para el 22 de enero.
Versículo del día: Salmo 59:9-17 RV1909
Trabajas como cajero en un supermercado de Quito desde hace cinco años. El sábado faltaron trescientos dólares en el cierre y el supervisor te señaló a ti, aunque esa tarde otras dos personas usaron tu caja. Ahora hay una investigación interna, te pasaron a bodega y en el comedor escuchas murmullos que se callan cuando llegas. Alguien escribió en el grupo de compañeros: “Ya sabemos quién fue”. Tú sabes que no fuiste, pero todavía no puedes probarlo. Antes cantabas con los audífonos puestos en el bus de camino al trabajo, y los domingos ayudabas con la música en tu congregación. Esta semana no te sale ni una nota. Te despiertas antes del amanecer con el estómago apretado y piensas: “¿Para qué cantar, si Dios no me defiende?”.
Oración de la noche
Señor, gracias por este día, por el pan que comí, por el trabajo que todavía tengo y por quienes me saludaron con cariño. Me quedo en silencio delante de ti… Tú conoces lo que se dice de mí y conoces la verdad. Te entrego la rabia y el miedo. Ayúdame a no guardar rencor contra quienes murmuran, y dame mañana un corazón dispuesto a cantar tu misericordia, sea cual sea el resultado de la investigación. Hágase tu voluntad. En el nombre de Jesús, amén.
Devocional de hoy: lectio divina en 5 pasos
No hay prisa. Este es tu espacio para estar con Dios, con libertad.
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Leer Lectio
Palabra de Dios para hoy
Lee el pasaje despacio, dos veces. Fíjate en la palabra o frase que más te llame la atención y, de manera especial, en el versículo resaltado.
9De su fuerza esperaré yo en ti: porque Dios es mi defensa. 10El Dios de mi misericordia me prevendrá: Dios me hará ver en mis enemigos mi deseo. 11No los matarás, porque mi pueblo no se olvide: hazlos vagar con tu fortaleza; y abátelos, oh Jehová, escudo nuestro, 12Por el pecado de su boca, por la palabra de sus labios; y sean presos por su soberbia, y por la maldición y mentira que profieren. 13Acábalos con furor, acábalos, y no sean: y sepan que Dios domina en Jacob hasta los fines de la tierra. (Selah.) 14Vuelvan pues á la tarde, y ladren como perros, y rodeen la ciudad. 15Anden ellos errantes para hallar qué comer: y si no se saciaren, murmuren. 16Yo empero cantaré tu fortaleza, y loaré de mañana tu misericordia: porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia. 17Fortaleza mía, á ti cantaré; porque eres Dios de mi amparo, Dios de mi misericordia.
Salmo 59:9-17 RV1909
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Meditar Meditatio
Reflexión
El título del Salmo 59 cuenta cuándo lo escribió David: «Al Músico principal: sobre No destruyas: Michtam de David, cuando envió Saúl, y guardaron la casa para matarlo. LÍBRAME de mis enemigos, oh Dios mío: ponme en salvo de los que contra mí se levantan.» Saúl había mandado hombres a vigilar su casa toda la noche para matarlo en la mañana, y su esposa Mical lo ayudó a escapar por una ventana (1 Samuel 19:11-12). David era inocente: «Porque he aquí están acechando mi vida: hanse juntado contra mí fuertes, no por falta mía, ni pecado mío, oh Jehová.» Describe a sus enemigos como perros callejeros que rondan de noche, con “cuchillos en sus labios”: palabras que cortan. «Vuelvan pues á la tarde, y ladren como perros, y rodeen la ciudad.»
Y en medio de esa noche, David escribe: «Yo empero cantaré tu fortaleza, y loaré de mañana tu misericordia: porque has sido mi amparo y refugio en el día de mi angustia.» Ese “empero” es una decisión: ellos ladran, pero yo cantaré. David no alaba porque el problema ya se resolvió; todavía tuvo que huir y vivir años como fugitivo. Alaba por quién es Dios: «Fortaleza mía, á ti cantaré; porque eres Dios de mi amparo, Dios de mi misericordia.» Esto revela algo de Dios: es refugio, un lugar alto donde el acusado puede respirar. El salmo también es honesto: David le dice a Dios toda su rabia, pero no toma la justicia en sus manos; le deja la causa a él. Y la alabanza no es una técnica para que Dios me defienda más rápido; es reconocer su misericordia antes de ver el final.
Jesús, la noche en que lo iban a traicionar y acusar con testigos falsos, cantó con sus discípulos antes de salir hacia el huerto: «Y habiendo cantado el himno, salieron al monte de las Olivas.» (Mateo 26:30). Y frente a las acusaciones, el apóstol Pedro recuerda cómo actuó: «Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente:» (1 Pedro 2:23).
Confiar tu causa a Dios no significa quedarte de brazos cruzados. Tu parte es colaborar con la investigación, decir la verdad con calma, pedir que se revisen las cámaras y los registros, y buscar orientación laboral si hace falta. También es no responder con insultos en el grupo ni ponerte a sospechar en voz alta de otros. Los que murmuran, el supervisor presionado y los dos compañeros que también usaron tu caja son tu prójimo, y probablemente también están asustados. Cantar de mañana su misericordia no es negar lo que pasa; es recordar, antes de salir, quién es tu amparo.
¿Tu alabanza depende de que Dios ya te haya defendido, o de quién es él en medio de tu angustia?
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Orar Oratio
Señor, gracias por mi trabajo, por los años en que me has sostenido y por las personas que todavía confían en mí. Tú sabes que no tomé ese dinero y cuánto me duelen las miradas y los comentarios. Pongo mi causa en tus manos: si lo tienes a bien, que la verdad salga a la luz, y si tarda, dame paciencia para esperar sin amargura. Dame valor para decir la verdad con calma y dominio para no responder con ofensas. En el nombre de Jesús, amén.
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Contemplar Contemplatio
Ahora quédate en silencio, sin pedir nada. Orar también es escuchar y simplemente estar delante de Dios.
Es normal que tu mente se vaya a los pendientes, las responsabilidades, los compromisos o los problemas. No te culpes. Cuando notes que te fuiste, vuelve con suavidad a la presencia de Dios. Esa es la disciplina: aquietar la mente y estar aquí, con él.
Haz conciencia de que Dios está presente en el mundo y, de manera particular, en tu vida: en la salud, el alimento, tu familia, tu trabajo. Los problemas y las dificultades siguen ahí, pero no tienen que apartarte de su presencia.
Reconoce que Dios es tu refugio aquí y ahora, aunque afuera sigan los murmullos. En este silencio no tienes que defenderte. Que el Espíritu de Dios ponga en ti un canto, aunque al principio sea muy bajito.
3:00Empieza con 3 minutos. Cuando te sientas listo, amplía el silencio poco a poco; tu teléfono recordará el tiempo que elijas.
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Vivir Actio
Lo que Dios me mostró
¿Qué te mostró Dios hoy sobre alabarlo cuando todavía no ves la salida?
Lo que pongo en sus manos
¿Qué necesidad de quedar limpio ante los demás, o qué deseo de devolver el golpe, necesitas poner en las manos de Dios?
Mi paso de obediencia
Por ejemplo: “Mañana, antes de salir, leeré en voz alta el Salmo 59:16 y cantaré una alabanza aunque me cueste. En el trabajo pediré por escrito que revisen las cámaras y los registros de la caja, no comentaré nada en el grupo y buscaré a los dos compañeros que también usaron mi caja, no para acusarlos, sino para preguntarles cómo están”.
Si deseas profundizar
Otros pasajes de la Biblia sobre este mismo tema:
- 1 Samuel 19:10-12. Saúl manda vigilar la casa de David para matarlo al amanecer: la historia detrás del salmo.
«Saúl envió luego mensajeros á casa de David para que lo guardasen, y lo matasen á la mañana. Mas Michâl su mujer lo descubrió á David, diciendo: Si no salvares tu vida esta noche, mañana serás muerto.» (1 Samuel 19:11) - Hechos 16:22-25. Pablo y Silas, golpeados y presos injustamente, cantan himnos a medianoche.
«Mas á media noche, orando Pablo y Silas, cantaban himnos á Dios: y los que estaban presos los oían.» (Hechos 16:25) - Mateo 26:59-63. Jesús, ante testigos falsos, calla y confía su causa al Padre.
«Mas Jesús callaba. Respondiendo el pontífice, le dijo: Te conjuro por el Dios viviente, que nos digas si eres tú el Cristo, Hijo de Dios.» (Mateo 26:63) - 1 Pedro 2:21-23. El ejemplo de Jesús: no devolver maldición y dejar la causa al que juzga con justicia.
«Quien cuando le maldecían, no retornaba maldición; cuando padecía, no amenazaba, sino remitía la causa al que juzga justamente:» (1 Pedro 2:23)
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